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  • In sanguis veritas.
    The neon demon, de Nicolas Winding Refn.

    ¿Cuántos poetas se necesitan para elogiar a una ciudad?
    Paterson, de Jim Jarmusch.

    El castigo de Hedoné.
    La doncella, de Park Chan-wook.

    Especial Oscar Race 2017.

    Epicedio appassionato.
    Solo el fin del mundo, de Xavier Dolan.

    Especial LesGaiCineMad 2016

    Closet Monster

    Que alguien abiertamente homófobo tenga ahora mismo el control del país más poderoso del mundo por elección popular deja claro que todavía hay muchísimo por hacer en lo que a la normalización de la comunidad LGTBIQ+ —sí, las siglas crecen conforme decrece la ignorancia, aunque sigan empleándose las cuatro primeras a modo de resumen— se refiere. Por supuesto, el apoyo de las instituciones es vital, pero poco puede hacer la legislación cuando su acatamiento no va unido a una auténtica concienciación. Que el típico “yo no tengo nada contra los gais; de hecho muchos de mis amigos lo son” no vuelva a escucharse en el mundo civilizado depende de la educación, empezando, claro está, por las escuelas pero prosiguiendo por todos los ámbitos de la sociedad. A este respecto, la cultura y los medios de comunicación han llevado siempre la delantera, lo que explica que en plenos años noventa, cuando palabras como “transexualidad” u “homofobia” tan solo se escuchaban en la intimidad de círculos reducidos, surgiera en Madrid el que terminaría convertido en el encuentro cinematográfico LGTB más importante de los países de habla hispana: el LesGaiCineMad, un evento que ha ido refinándose con el paso de los años para dejar atrás el carácter ligero —aunque siempre reivindicativo— de sus primeras ediciones en pos de un acercamiento más arriesgado y personal a la homosexualidad, la bisexualidad, la transexualidad y otras sexualidades alternativas a la que la Edad Media —sí, ese tiempo evocador de cuentos de hadas— estableció en su día como normativa. La 21ª edición ha acogido hasta 110 títulos que incluyen documentales, cortometrajes, ejercicios de videoarte y, claro está, largometrajes de ficción procedentes de todos los rincones del mundo. De entre estos últimos, que conforman la sección más llamativa del certamen al haber pasado por múltiples festivales internacionales pero no tener garantizado el estreno comercial (de la sugerente programación del año pasado, tan solo Eisenstein en Guanajuato y El verano de Sangaile pasarían por la cartelera española), surge la selección siguiente.

    Io e lei

    10. IO E LEI

    MARIA SOLE TOGNAZZI, 2015, Italia / SECCIÓN OFICIAL.

    Al contar con dos estrellas de la talla de Sabrina Ferilli (La gran belleza, 2013) —quien recibió la única nominación a los David di Donatello del filme— y Margherita Buy (Mia Madre, 2015), el éxito de Io e Lei estaba prácticamente asegurado, pero la directora de El hombre que ama (2008) y Viajo sola (2013) no se ha dejado eclipsar por ellas, ofreciendo una comedia romántica nada habitual gracias a presentar una pareja de lesbianas maduras como protagonista. Estas son: una despampanante exactriz y una comedida arquitecta, orgullosa lesbiana la primera, abochornada divorciada la segunda; vamos, la noche y el día, pero ¿acaso no necesitamos todos un poco de cada? Consciente de hallarse ante un dúo peculiar en lo que al cine comercial se refiere, Maria Sole Tognazzi juguetea con los tópicos del género para mantener una sonrisa en el rostro del espectador, tan solo dejándose invadir por el exceso de azúcar durante el último tramo. Es una lástima, eso sí, que en el afán por entretener se deje de lado la crítica social que los temas propuestos demandan, a lo que se debe también la abundancia de cabos sueltos. Así, en lugar de plantearse si el personaje encarnado por Buy (sin duda el más complejo del filme, aunque también el más aburrido) se sentiría tan culpable y vulnerable de no ser una mujer lesbiana o cuánto dependen las vicisitudes atravesadas por la pareja del conservadurismo italiano, la cinta parece depositar toda la responsabilidad sobre los hombros del ser humano como individuo, lo cual puede interpretarse como un acto de inconsciencia pero también como una llamada a no dejarse llevar por el mundo que nos rodea. En cualquier caso, que dos mujeres homosexuales maduras constituyan el foco de atención del cine comercial es todo un acierto, así como un esperanzador recordatorio de que, aunque lejana, la naturalización plena de las sexualidades ajenas a la convencional llegará antes o después. No es por tanto de extrañar que la cinta se hiciera con el Premio del Público del LesGaiCineMad.

    Nunca vas a estar solo

    09. NUNCA VAS A ESTAR SOLO

    ÁLEX ANWANDTER, 2016, Chile / SECCIÓN OFICIAL.

    El debut en la dirección del popular músico chileno Álex Anwandter (quien se hizo inesperadamente con la mejor realización del LesGaiCineMad) parte del terrible Caso Zamudio acontecido en 2012, cuando un joven homosexual fue atacado en las calles de Santiago de Chile por cuatro individuos vinculados a una agrupación neonazi. Daniel Zamudio terminó falleciendo a raíz de la tortura, lo que llevó a la promulgación de la Ley Antidiscriminación (conocida como Ley Zamudio) y a la creación de la Fundación Daniel Zamudio, ambas dedicadas a combatir la homofobia en todos sus frentes. Casi tan crudo como el Jesús de Fernando Guzzoni —presentado también en este certamen tras pasar por la Sección Oficial de San Sebastián— en lo que a sexo y violencia se refiere, Nunca vas a estar solo justifica su explicitad con un dramático tema que, no solo merece ser contado, sino que no podría contarse de otra manera. Por supuesto, el momento del brutal ataque (que, pese a todo, se aborda con sensibilidad, evitando primeros planos y jugando con el fuera de campo) marca un antes y un después en la narración, oponiéndose la vital —aunque algo superficial— presentación del personaje encarnado por Andrew Bargsted a la cruda odisea iniciada por un padre (Sergio Hernández) que se da cuenta demasiado tarde de lo poco que conocía a su hijo (y, peor aún, lo poco que pudo hacer por ayudarlo). Por desgracia, la breve duración de la cinta, sumada al progresivo embarullamiento de subtramas, reduce la empatía generada por los personajes, sobre todo en el caso del traicionero amante al que da vida Jaime Leiva. En la línea de la mencionada Jesús, Nunca vas a estar solo presenta un Chile inhóspito al que la cámara de Matías Illanes se acerca entre planos amplios y colores mortecinos. Hay, por consiguiente, escaso lugar para la esperanza por el mero hecho de que la situación abordada dista mucho de estar resuelta.

    Virus del miedo

    08. EL VIRUS DEL MIEDO

    El virus de la por, VENTURA PONS, 2015, España / SECCIÓN PANORAMA.

    Como si de un capítulo de Black Mirror se tratase, el último trabajo del catalán Ventura Pons (todo un icono de la cultura LGTB de nuestro país) refleja en sus apenas 75 minutos cuán peligrosa puede ser la era de la comunicación en lo que a los prejuicios se refiere. Así, la “acusación inocente” que cae sobre un profesor de natación a raíz de que este diera un beso de consuelo a un alumno adquiere, gracias al rápido —que no efectivo— fluir de la información, una dimensión tan exagerada como injusta que vuelve imposible juzgar los hechos con objetividad. En un mundo donde cualquiera es culpable hasta que se demuestre lo contrario, pareciendo indicar la experiencia que “cuando el río suena, agua lleva”, toda precaución es poca a la hora de proteger a los más pequeños de la casa aun cuando hacerlo suponga ser infiel a los principios más básicos de la decencia humana. Bien arropado por Roser Batalla, Albert Ausellé, Santi Ricart y Diana Gómez, el debutante Rubèn de Eguia encarna al mismo personaje al que dio vida en la obra teatral de Josep Maria Miró de forma tan ingeniosa como conmovedora, ganándose con rapidez la identificación del espectador. Y es que Pons nunca pretende hacernos dudar de su inocencia, sino que prefiere aprovechar la cinta para denunciar cómo el hecho más insignificante es prueba suficiente cuando la rápida condena resulta ser la medida más anhelada. Para ello, se recurre a una estructura cronológicamente desordenada donde asistimos una y otra vez a los mismos hechos desde distintos puntos de vista, variando nuestra propia perspectiva en función de los datos que vamos poseyendo y las posiciones elegidas para la cámara. Es una lástima, eso sí, cuán azarosas se antojan estas últimas, pareciendo a menudo más empeñadas en romper con la latente esencia teatral desprendida por el guion y las interpretaciones que en constituir una puesta en escena planificada. Aun así, rara vez desvían la atención de una trama tan atrayente como peliaguda que, haciéndose eco de La noche del cazador (1955), La calumnia (1961) y La caza (2012), pone de manifiesto lo cruel que puede llegar a ser la humanidad incluso cuando parte de las “mejores” intenciones.

    Kater

    07. TOMCAT

    Kater, KLAUS HÄNDL, 2016, Austria / SECCIÓN OFICIAL.

    Que el austriaco Klaus Händl formara parte de la orquesta del Schauspielhaus Wien y haya tocado pequeñas partituras en películas de Christian Berger, Michael Haneke o Jessica Hausner explica la sensibilidad destilada por los momentos musicales de su segundo trabajo, un desgarrador drama sobre la infelicidad más descorazonadora de todas: aquella que surge cuando, en teoría, se posee todo para combatirla. Philipp Hochmair y Lukas Turtur conforman una pareja que vive con su amado gato en una agradable casa antigua en la zona de viñedos de Viena hasta que un inesperado arranque de violencia pone en duda todo aquello en lo que creen. Receptora del Teddy Award de la pasada Berlinale (quizá el reconocimiento LGTB más importante de la industria), así como del premio a mejor guion del certamen que nos ocupa, Kater presenta dos partes distadas: un primer fragmento apacible pero extrañamente mohíno dominado por el amor incondicional que se profesa la pareja y los encantadores gestos del animal que da título al filme y un segundo fragmento desangelado y desesperanzador durante el que los protagonistas tratan de recuperarse del espantoso acontecimiento que acaba de poner todo patas arriba. Sin embargo, la tensión está presente durante todo el metraje, sea a modo de “calma que precede a la tempestad”, sea a raíz de la crisis psicológica que conlleva el punto de giro (el cual presenta, por cierto, un uso de montaje y efectos visuales tan sencillo como inteligente). Duro y pausado pero hipnóticamente bello gracias al trabajo fotográfico de Gerald Kerkletz, este drama sobre los miedos del mundo contemporáneo deja un poso de melancolía que invita al espectador a reflexionar sobre su propio camino en la vida.

    Vestido de novia

    06. VESTIDO DE NOVIA

    MARILYN SOLAYA, 2014, Cuba / SECCIÓN PANORAMA.

    Nominada al último Goya a mejor película iberoamericana, la notable ópera prima de Marilyn Solaya nos traslada a la Cuba de 1994, todo un punto de cambio y revolución en el que vio la luz la obra LGTB cubana por excelencia: Fresa y chocolate. Precisamente la estrella de esta última, Jorge Perugorría, encarna en Vestido de novia a un personaje venido del pasado dispuesto a revolver el presente de una protagonista (impresionante Laura de la Uz) que lleva tiempo soñando con un futuro mejor. Ella vive plácidamente en compañía de su marido (un emotivo Luis Alberto García en un papel opuesto al obtenido en la otra película cubana LGTB del momento: Viva, donde también comparte pantalla con Perugorría… ¿acaso no hay más actores cubanos dispuestos a aparecer en este tipo de cintas?), pero guarda un secreto que la oprime, un secreto que marca el eje de unión de una obra dominada por un constante juego de engaño y revelación en torno a la sexualidad de sus personajes. En contraposición a la austera factura técnica, todo el reparto (donde destaca también Isabel Santos como la tópica pero siempre divertida mujer trans sin pelos en la lengua) está sublime, haciéndonos partícipes de poderosos sentimientos que los áridos tiempos que corrían y corren no hacen sino acentuar. Hay quizá un exceso de melodrama en el desarrollo del relato, sobre todo durante un tramo final donde las tragedias terminan arrebatándose protagonismo las unas a las otras, pero la cinta mantiene la emoción gracias a su apasionado pero verosímil (y, por tanto, desgarrador) tratamiento de la identidad de género en un heteropatriarcado que, veinte años después de los hechos relatados, sigue imperando.

    Closet Monster

    05. CLOSET MONSTER

    STEPHEN DUNN, 2015, Canadá / SECCIÓN PANORAMA.

    Laureada el año pasado como mejor película canadiense del Festival de Toronto, la ópera prima del hasta entonces cortometrajista Stephen Dunn es una hermosa mirada a la creativa adolescencia de un chico atormentado por su infancia (perfecto Connor Jessup) para quien, dada la ausencia de sus progenitores (ella inició una nueva vida al margen de su familia y él parece estar haciendo lo mismo aun manteniéndose en el hogar), se respalda en su amistad con una compañera a la que maquilla y fotografía como soñador hobby y en las fantasiosas conversaciones con un hámster al que presta voz la gran Isabella Rossellini (en lo que supone una elección de casting tan curiosa como acertada). Es a través de tan tierna criatura como nos introduce Dunn en el interior del chico, sirviendo también como necesario contrapunto cómico para tan duro retrato de cómo se buscan a sí mismos quienes carecen de raíces a las que aferrarse. Con el Donnie Darko (2001) de Richard Kelly como clara inspiración, Closet Monster nos adentra en una existencia adolescente díscola y alucinógena a través de un neurálgico montaje, una introspectiva banda sonora y unos efectos visuales cuya sencillez los vuelve particularmente perturbadores. Sobra decir que el título —literalmente, “el monstruo del armario”— hace mención tanto al clásico armario homosexual como al monstruo que el protagonista palpa en su interior, oprimiéndolo hasta las entrañas; dos acepciones que forman parte de la misma realidad: la monstruosidad que tantos niños y niñas ajenos a la norma heterosexual sienten crecer dentro de sí mismos a raíz de una educación que, a día de hoy, sigue dejándolos de lado.

    De l’ombre il y a

    04. DE L’OMBRE IL Y A

    NATHAN NICHOLOVITCH, 2015, Francia/Camboya / SECCIÓN OFICIAL.

    Cuatro años después de Casa Nostra (2012), el francés Nathan Nicholovitch regresa a la dirección de largometraje con la extraordinaria historia de Miranda, una mujer trans que trabaja en Phnom Penh como prostituta y, coincidiendo con la desaparición de su pareja, se encuentra un día a cuatro niñas encerradas en su piso. De la noche a la mañana, su complicada vida pega un brinco aún mayor al adentrarse en ella sentimientos maternales que nunca esperó. David D’Ingéo, quien también firma el guion en compañía de su compañera de reparto Clo Mecier y el propio realizador, encarna al personaje de forma sublime, como refleja la cuantía de galardones recibidos (entre ellos, el correspondiente a mejor interpretación masculina del LesGaiCineMad, donde De l’ombre il y a fue también designado como mejor filme). Una Camboya asolada por el recuerdo de los Jemeres Rojos sirve de crudo contexto para un relato de liberación personal tan visualmente explícito como narrativamente ambiguo: ¿qué oscuridad acoge el pasado de Miranda?, ¿qué miedos y pruebas ha tenido que superar para llegar hasta el momento que nos ocupa? Ni siquiera su propia sexualidad queda definida del todo, lo que convierte al protagonista en un ser inexpugnable situado más allá de las convenciones de género cuyo sufrimiento es retratado, al igual que el de la niña encarnada por Nanna Nat, a través del maltrato de sus cuerpos. Pese a la delgadez y las lesiones, hay algo hermoso en la filmación del cuerpo desnudo de Miranda, un eco de una vida dedicada a la superación de dificultades y prejuicios. Consciente de la crudeza de los hechos retratados, el sensible Nicholovitch renuncia a todo artificio, pero no por ello a la candidez con la que sus torturados personajes merecen ser tratados de una vez por todas.

    Girls Lost

    03. GIRLS LOST

    Pojkarna, ALEXANDRA-THERESE KEINING, 2015, Suecia / SECCIÓN PANORAMA.

    Convertida con Hot Dog (2002) en la directora más joven de la historia de Suecia, Alexandra-Therese Keining dio el protagonismo a una pareja de lesbianas en With Every Hearbeat (2011) y ha optado con su tercer filme por hacer lo propio con un tema tan ignorado por el cine como es la transexualidad infantil (sirva la excelente Tomboy (2011) de Céline Sciamma como excepción que confirma la regla). Su Pojkarna, basada en la laureada novela de Jessica Schiefauer, constituye además una forma única de abordarlo, al aprovechar un giro sobrenatural para explorar sentimientos imposibles de imaginar para todo aquel nacido en el cuerpo correcto. “A veces siento que tengo una cremallera en algún sitio que desvelaría mi propio yo”, confiesa Kim poco antes de que ella y sus dos amigas beban un néctar capaz de darles identidad masculina. Acostumbradas a ser menospreciadas por el contexto machista que las rodea (tan peligrosa es la violencia de sus compañeros como el conformismo de sus profesores), las tres descubren el placer nocturno que el cambio de género conlleva, pero lo que para Momo y Bella es solo un juego constituye para Kim una auténtica revelación. En consonancia con la mutabilidad de las/los protagonistas, el tono del filme se mueve entre el drama, la comedia, la fantasía e incluso el terror, lo que da lugar a una relativa inconsistencia en lo que al guion se refiere (con un par de giros abiertamente destinados al dramatismo gratuito) que es empero fiel a las contradicciones vitales reflejadas. Perceptiva y arriesgada, la realizadora extrae interpretaciones conmovedoras tanto de Tuva Jagell, Louise Nyvall y Wilma Holmen como de sus homólogos masculinos (Emrik Ohlander, Alexander Gustavsson y Vilgot Ostwald Vesterlund), cuya falta de experiencia resulta perfecta a la hora de encarnar a personajes a los que la vida todavía depara innumerables sorpresas.

    Taekwondo

    02. TAEKWONDO

    MARCO BERGER / MARTÍN FARINA, 2016, Argentina / SECCIÓN OFICIAL.

    Maestro de la tensión (homo)sexual no resuelta, el director de Plan B (2009), Ausente (2011), Hawaii (2014) y Mariposa (2015) lleva su estilo al extremo en su último filme (codirigido junto a Martín Farina, cuya experiencia en el documental es latente), un retrato de cómo los hombres heterosexuales bajan las barreras en ausencia de mujeres, surgiendo un jugueteo constante tornado en una sensualidad de claros tintes homoeróticos que los realizadores fuerzan al máximo sin traspasar la frontera de la verosimilitud. Entre frescos diálogos y apacible calma, afloran las miradas furtivas entre Germán (Gabriel Epstein) y Fernando (Lucas Papa), miradas para las que el ambiente de latente testosterona es al tiempo el más natural y el más inapropiado. En compañía del amplio reparto, ellos ofrecen un trabajo coral fascinante, adquiriendo sus cuerpos desnudos un protagonismo rara vez otorgado a la belleza masculina por el séptimo arte. Los primerísimos primeros planos nos acercan tanto a los rostros de los personajes que casi percibimos la traspiración de la piel, dedicando la voyerista cámara del propio Farina la misma calma a sus torsos, sus extremidades e incluso sus partes más íntimas. La amistad, el amor y la sexualidad se entrelazan con ingenio, llevando al espectador al límite de la frustración sin dejar jamás morir la curiosidad. Entre comida, bebida, lectura, deporte y otras actividades despreocupadas propias de los veranos más sosegados, Taekwondo se presenta, no ya como un sugerente ritual de la masculinidad, sino directamente como una revisión de la misma.

    Los objetos amorosos

    01. LOS OBJETOS AMOROSOS

    ADRIÁN SILVESTRE, 2016, España / SECCIÓN OFICIAL.

    Recién receptora del premio FIPRESCI de la sección Resistencias del Festival de Cine Europeo de Sevilla “por su representación realista y sensible de temas como la inmigración, el género o la identidad en la Europa contemporánea”, la ópera prima del valenciano Adrián Silvestre es, no solo la mejor película del LesGaiCineMad, sino una de las mejores cintas españolas del año, lo que vuelve lamentables sus parcas posibilidades de salir del circuito festivalero. En ella, la joven Luz emigra a Italia en busca de un futuro mejor para sí y su hijo, al que se ve obligada a dejar en su Colombia natal mientras se busca la vida. El “sueño europeo” se ve truncado por múltiples desdichas, pero la aparición inesperada de la impetuosa inmigrante chilena Fran dará un giro a su existencia, instándola por una vez a luchar por su propia felicidad en lugar de preocuparse tanto por el porvenir. La personalidad que Laura Rojas Godoy (quien compartió la mejor interpretación femenina del LesGaiCineMad con la también perfecta Breeda Wool de la irregular AWOL) y Nicole Costa ofrecen a sus personajes es sublime, anteponiéndose la sensatez de una madre forzada a labrarse un futuro aun a costa de su dignidad a la inconsciencia de una mujer libre como el viento a la que el pasado ha enfrentado al mundo entero. Filmada con menos de 30.000 € obtenidos a través de una beca durante cuatro semanas en Roma para las que no se solicitó permiso alguno, la película compensa la falta de recursos con una puesta en escena sobria pero efectiva que extrae máximo partido de la naturalidad de las interpretaciones. El empleo de largos planos fijos es útil, tanto a modo de ahorro, como de cara a evitar distracciones que alejen al espectador de tan sensible tratamiento de la inmigración, la identidad de género y la búsqueda de una felicidad que a menudo se antoja espinosa para quienes apenas cuentan con armas para luchar por ella.
    Feelmakers

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