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  • Especial Festival de Sundance.
    Cobertura completa de la edición 2018.

    Repetir lo irrepetible.
    «En la playa sola de noche», de Hong Sang-soo.

    Sensualidad praxiteliana.
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    Insert Coin.
    «Good Time», de los hermanos Safdie.

    Festival de Deauville 2016: notas y acordes

    Little Men

    Aunque fundado en 1975 en Deauville (Francia), el Deauville American Film Festival tan sólo presenta carácter competitivo desde 1995, cuando Tom DiCillo se hizo con el premio principal gracias a su simpática Vivir rodando. Desde entonces, el interesante certamen ha laureado algunas de las mejores muestras de cine independiente estadounidense de los últimos años, a saber Lazos ardientes (1996), Memento (2000), Hedwig and the Angry Inch (2001), The Messenger (2009), Take Shelter (2011) o Tangerine (2015), además de poner su granito de arena al “Oscar buzz” de cintas “tapadas” como Crash (2005), Pequeña Miss Sunshine (2006), Precious (2009) o Whiplash (2014). La mayoría de sus vencedores están a la altura de los de Sundance, no obstante, el evento de Utah es la principal fuente de alimentación de su programa. Sin ir más lejos, la 42ª edición, celebrada entre los pasados 2 y 11 de septiembre, ha contado con obras tan esperadas como Certain Women, de Kelly Reichardt; Christine, de Antonio Campos, o The Fits, de Anne Rose Holmer, tres excelentes dramas protagonizados por mujeres en busca de sí mismas que podrían perfectamente haber arrebatado el galardón principal al maravilloso Verano en Brooklyn (Little Men) de Ira Sachs, cineasta judío y abiertamente gay que nos tenía habituados al terreno de las relaciones homosexuales —The Delta (1996), Keep the lights out (2012), El amor es extraño (2014)— pero ha optado esta vez por la ambigüedad a la hora de acercarse a la amistad entre dos adolescentes cuyas familias se enfrentan por motivos comerciales. Aunque en Sundance pasó relativamente desapercibida, la cinta tuvo su merecido lugar entre las “Perlas” del Zinemaldia y llegará en un par de semanas a la cartelera española de la mano de Golem.

    Un peldaño por debajo de tan íntimo filme encontramos dos producciones más provocadoras que han compartido el Premio del Jurado: Wiener-Dog, de Todd Solondz, y Captain Fantastic, de Matt Ross. La primera dividió a la crítica en Sundance, convenciendo tan solo a aquellos ya aficionados al habitual humor negro del autor de Happiness (1997); la segunda entusiasmó, tanto al jurado de la sección “Un Certain Regard” de Cannes, que le adjudicó la mejor dirección, como a los espectadores de Karlovy Vary, que le concedieron el Premio del Público animados por el gran trabajo de un Viggo Mortensen cada vez más comprometido con el cine independiente. La elección de los tres grandes vencedores de Deauville corrió a cargo de un jurado integrado por el exministro de cultura francés Frederic Mitterand, los realizadores Marjane Satrapi y Radu Mihaileanu, el novelista Douglas Kennedy y los intérpretes Francoise Arnoul, Eric Elmosnino, Sara Forestier, Ana Girardot y Emmanuel Mouret, todos ellos de procedencia gala. Pero el festival tuvo espacio para más reconocimientos. Así, el aplaudido segundo trabajo de Matt Ross también se hizo con el Premio del Público, mientras que Wiener-Dog completó su colecta con el Kheil’s Revelation Prize. Por su parte, la mencionada The Fits, una de las cintas más aclamadas del año, se hizo con el Premio de la Crítica. Por último, cabe destacar el homenaje rendido por el festival al documentalista Michael Moore, el actor Stanley Tucci y el cineasta James Franco (cuya In Dubious Battle fue además mucho mejor recibida que en Venecia), yendo los “Premios del Nuevo Hollywood” a manos de Chloë Grace Moretz —deliciosa en La invención de Hugo (2011), deslumbrante en Viaje a Sils Maria (2014)— y un Daniel Radcliffe empeñado en demostrar que Harry Potter es sólo uno de los personajes a los que puede dar vida. Como el agente del FBI escondido entre neo-nazis de Imperium —ópera prima de Daniel Ragussis presentada fuera de competición—, parece que el joven intérprete está más cerca que nunca de conseguirlo. Bravo por él y bravo por Deauville, que ofrece año tras año a sus habitantes la posibilidad de acercarse a decenas de cintas a las que la excelencia no garantiza un recorrido comercial satisfactorio.
    Tierra de Dios

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