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    Crítica | La próxima piel (La propera pell)

    La propera pell

    Identidades

    crítica de La próxima piel (La propera pell, Isaki Lacuesta & Isa Campo, España, 2016).

    De todos los nuevos autores españoles surgidos a principios de este siglo, puede que Isaki Lacuesta sea el más camaleónico, quien ha cimentado parte de su carrera en saber cambiar de piel: desde el falso documental hasta la sátira política, pasando por documentales de mirada pausada y melancólica y ficción de denuncia a base de silencios. Sería difícil, y también injusto, colocar una simple etiqueta de género al cine del director gerundense. Parece que con cada nueva película se esfuerza por reformularse. Y de este modo, tras el fiasco que supuso Murieron por encima de sus posibilidades, ahora se adentra en el peligroso territorio del thriller acompañado en esta ocasión en las labores de dirección por la guionista y productora Isa Campo. Esta es, sin duda, su película más accesible, pero no por ello se acomoda en terrenos más complacientes y alejados del sello de autor. Y es que a La propera pell tampoco le hace justicia la simple etiqueta de thriller. Hay mucho más que eso, y una voluntad clara por querer desviarse de los mecanismos y estructuras típicos de la construcción arquetípica del género.

    El argumento podría parecer sacado de uno de esos telefilmes de tres al cuarto: un adolescente desaparecido hace ocho años en extrañas circunstancias vuelve a reencontrarse con su madre y sus familiares, muchos de ellos convencidos a estas alturas de que estaba muerto. Pero, ¿es realmente ser quien dice ser? ¿Este joven que ahora se hace llamar Léo es realmente el pequeño Gabriel que desapareció en el bosque años atrás? Con estas incógnitas, Lacuesta y Campo adoptan la forma propia del whodunit policial para aplicarlo al drama familiar y así construir lo que podríamos denominar un whoishe (¿quién es él?) que camina constantemente sobre el fino hilo de la incertidumbre. El gran acierto de La propera pell es conseguir que la duda planee en todo momento sobre todos los personajes. Incluso en los momentos de transición o donde la tensión supuestamente debería quedar en segundo plano (una simple conversación con amigos, una cena un lunes cualquiera en casa), el medido guión consigue sembrar la sombra de la sospecha, inocular un sentimiento de desconfianza seguido por una extraña sensación de empatía hacia el personaje de Léo/Gabriel (estupendo Àlex Monner, reivindicándose como uno de los mejores actores de su generación) que mueve constantemente la película hacia adelante y elimina de un plumazo las férreas estructuras de revelación de la información propias de los thrillers masticados y preparados. La propera pell se esfuerza en ir mostrando sus cartas poco a poco, sin prisa pero sin pausa, sin dejar un momento de respiro pero con la delicadeza del funambulista que sabe que cualquier paso en falso le puede hacer caer al abismo de la evidencia. Prefiere susurrar que gritar, como esas insistentes voces que parecen golpear la conciencia y la memoria de Léo/Gabriel. Y pese a todo, al mismo tiempo, se encarga de mostrar el posible reverso de todas esas cartas: ¿y si lo que estuvieras viendo no fuese más que una pantomima? Ese continuo sentimiento de duda se adhiere a un trágico pasado familiar que, como todo elemento de tensión, sobrevuela cada gesto y cada interacción de los personajes. ¿Qué relación tiene este joven con la tragedia que sacudió a la familia? Todo son preguntas e interrogantes que se van acumulando hasta el clímax final, donde se despejan todas de golpe en una secuencia brillante diseñada para dejarnos clavados revisitando las conclusiones (puede que erróneas) que hemos ido sacando a lo largo del metraje.

    Si en términos de género podemos decir que se sitúa entre las aguas del thriller y del drama familiar, la trama también nos lleva a un terreno de paso: a la frontera entre España y Francia, donde la belleza del blanco de la nieve y la tosquedad de los picos y peñascos crean una tonalidad de grises áridos y hostiles que, junto con las tomas largas e incisivas que buscan el gesto y la mirada de unos personajes que parecen también interrogarse a sí mismos, proporciona empaque y solidez a la propuesta. Un lugar donde los afectos se confunden con intereses, donde la forma de vivir en ocasiones se acerca más a lo primitivo que a lo establecido. Así es como Lacuesta y Campo vuelven a poner de relieve uno de los temas cruciales de los grandes thrillers de la historia del cine: la identidad. Una tema subyacente que afecta, sin duda, a los protagonistas: el personaje principal, la madre (Emma Suárez, dulce, frágil pero a la vez misteriosa), el tío (Sergi López, impulsivo, primario y receloso de la verdad)... pero que también se infiltra en la puesta en escena. La propera pell, al fin y al cabo, acaba también por proponer una nueva piel que dota de una identidad propia a esta melé de géneros y referencias. | ★★★★ |


    Víctor Blanes Picó
    © Revista EAM / D'A 2016


    Ficha técnica
    España. 2016. Título original: La propera pell. Dirección: Isaki Lacuesta, Isa Campo. Guión: Isaki Lacuesta, Isa Campo, Fran Araujo. Fotografía: Diego Dussuel. Duración: 100 minutos. Montaje: Domi Parra. Diseño de vestuario: Laura Gasa, Olga Rodal. Intérpretes: Álex Monner, Emma Suárez, Sergi López, Igor Szpakowski, Bruno Todeschini, Greta Fernández. Presentación oficial: Festival de Málaga 2016.

    Póster: La propera pell
    El fulgor efímero

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