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    Crítica | Las amigas de Àgata

    Las amigas de Àgata

    La esperanza a contracorriente de una generación

    crítica de Las amigas de Àgata (Les amigues de l’Agatà, Laia Alabart, Alba Cros, Laura Rius & Marta Verheyen, España, 2015).

    Cataluña es sin duda una de las principales regiones generadoras de talento cinematográfico en nuestro país. De ahí provienen nombres consagrados de nuestro cine a nivel internacional, en un plano más comercial como Juan Antonio Bayona o Jaume Collet-Serra; sobre todo en el mercado festivalero como Isabel Coixet, Albert Serra, Isaki Lacuesta, José Luis Guerín o Jaime Rosales; y en ambos más bien dentro de nuestras fronteras, como Cesc Gay o Bigas Luna. Ello se debe no sólo a cuestiones biológicas, y por tanto casuales, sino también sociales y culturales, ya que existe en esta comunidad un gran apoyo a la producción audiovisual autóctona, partiendo de la formación que proporciona la escuela más reputada de este sector en España: la ESCAC. Con todo, sus profesores pueden impartir clases y su equipo puede trasladarse a otros centros educativos cercanos que se beneficiarían de ellos, como la Universidad Pompeu Fabra. En concreto se imparte en ella un grado de comunicación dividido en cuatro cursos, de media jornada los dos primeros y de jornada completa los dos últimos, con asignaturas históricas, teóricas y prácticas, que culminan en la elaboración de un proyecto final de carrera según la especialidad elegida. La enseñanza es por tanto muy completa, y ello permite, como de hecho reza el propio plan de estudios, que ese trabajo final pueda tener una concreción futura en el plano profesional. Todas las universidades tienen esta aspiración, pero pocas lo consiguen por circunstancias variadas: desde la falta de apoyos hasta el escaso interés que puede suscitar la obra de los alumnos fuera del mundo académico. Empero, en el marco audiovisual catalán ello se evita en mayor medida gracias a la iniciativa y los medios de los que se disponen y los numerosos ejemplos que existen de gente que ha logrado hacerse un hueco con éxito en esta profesión. De hecho, es tal el aval que se prestaría a una nueva promoción de realizadores en este contexto que la distribuidora Avalon ha apostado por estrenar en salas uno de estos proyectos, algo inédito en nuestras pantallas, tras su paso por varios certámenes previos.

    Hablamos de Las amigas de Àgata (Les amigues de l’Àgata), un filme escrito, dirigido, rodado y montado por cuatro estudiantes del citado grado: Laia Alabart, Alba Cros, Laura Rius y Marta Verheyen, contando eso sí con la supervisión de nada menos que Isaki Lacuesta y León Siminiani. Además de todos estos recursos, para concretar su largometraje estas chicas se han beneficiado en parte de la financiación de crowdfunding, cada vez más común para sacar adelante películas más marginales, aunque en este caso la cantidad obtenida ha sido escasa: de unos 3.000 euros. Pese a lo anterior, las limitaciones presupuestarias son entonces patentes en una historia que narra la vida cotidiana de cuatro universitarias (interpretadas con envidiable naturalidad por Elena Martin, Carla Linares, Marta Cañas y Victòria Serra), amigas desde la infancia, que sin embargo ahora comienzan a distanciarse al haber tomado caminos propios, en particular en el caso de la que da nombre al título. Durante la primera parte del metraje la armonía entre ellas es absoluta, mientras salen y acuden a fiestas, se emborrachan en bares y discotecas o simplemente se relajan en quedadas hogareñas o en el césped al aire libre barcelonés. Pues en definitiva son estos acontecimientos los que mejor pueden definir a los contemporáneos de su edad, y estos lugares serán los que más precisamente ocuparán sus memorias. Pero en ellos no se revelan momentos de potencial trascendencia, sino que surgen acciones y conversaciones improvisadas, la mayoría de índole amorosa o sexual, donde las cuatro se confían toda clase de dudas y pensamientos… Hasta que se trasladan a la casa en la playa de Àgata, obligada a dejar atrás los planes que iba concretando con sus nuevos compañeros universitarios, y entonces surgen las rencillas y los recelos. En cualquier caso, casi toda la trama se centra en estas cuatro jóvenes, y en su caso en otros jóvenes que les rodean, dejando fuera de campo a cualquier personaje que pudiera representar una autoridad más veterana, docente o familiar.

    Las amigas de Àgata

    «Observamos una correspondencia entre forma y fondo tan inusual como verosímil, que transmite una sensación de espontaneidad y veracidad ausentes en la mayoría de las producciones del género con más presupuesto».


    Con ello las cuatro cineastas prematuras se ciñen a narrar lo que les es más cercano, cumpliendo una de las consignas aplicables a quienes empiezan a hacer cine, como es contar aquello que mejor se conoce. Sus cuatro protagonistas aparecen pues como sus álter egos, y se omite todo lo que no forma parte de sus experiencias. Desde un punto de vista formal esta visión se corresponde con un tratamiento casi en exclusiva en primeros planos, al margen de unos planos generales esporádicos y poéticos de la ciudad, el cielo o el campo. Esto es algo coherente con la intención narrativa pero sorprendente en este supuesto, ya otro rasgo bastante común de los aprendices de cine es el temor a acercar la cámara a sus sujetos, debido a la falta de confianza en la técnica y la estética que aún se siente en esta fase. El hecho de que esta película esté rodada de esta manera demuestra la prometedora madurez del equipo que está detrás de ella, lo cual por lo demás corrobora la progresión y el soporte que como veníamos diciendo pueden conducir a un resultado tan provechoso. Es más, Alabart, Cros, Rius y Verheyen explotan en lugar de rehuir las condiciones impuestas a su labor, y así la planificación en ocasiones estática y vacilante, además de desnuda en sus decorados, nos recuerda la modesta categoría de este tipo de trabajos, pero a la vez concuerda de un modo idóneo con su temática, sus referentes y sus estados de ánimo. En definitiva, observamos una correspondencia entre forma y fondo tan inusual como verosímil, que transmite una sensación de espontaneidad y veracidad ausentes en la mayoría de las producciones del género con más presupuesto. Lo único malo de estas señas de humildad y sencillez es que nos quedamos con ganas de más cuando llegan los créditos finales, tanto de mayor profundidad en la historia que se ha querido construir como de mayor duración en su desarrollo, para que la misma no resultara tan efímera por mucho que eso pudiera traicionar su espíritu. | ★★★ |


    Ignacio Navarro Mejía
    © Revista EAM / Madrid


    Ficha técnica
    España, 2015. Título original: Les amigues de l’Agatà. Dirección: Laia Alabart, Alba Cros, Laura Rius & Marta Verheyen. Guion: Laia Alabart, Alba Cros, Laura Rius & Marta Verheyen. Productoras: Universitat Pompeu Fabra / Lastor Media. Fotografía: Laia Alabart, Alba Cros, Laura Rius & Marta Verheyen. Montaje: Laia Alabart, Alba Cros, Laura Rius & Marta Verheyen. Reparto: Elena Martin, Carla Linares, Marta Cañas, Victòria Serra. Duración: 70 minutos.

    Póster: Las amigas de Àgata
    El fulgor efímero

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