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    Crítica | Calle Cloverfield 10

    10 Cloverfield Lane

    Las distintas pieles del monstruo

    crítica de Calle Cloverfield 10 (10 Cloverfield Lane, Dan Trachtenberg, EE. UU, 2016).

    Hablar de J.J. Abrams y de su contribución al cine y la televisión de los últimos veinticinco años es hacerlo de un auténtico tsunami que ha conseguido revolucionar el mundo del espectáculo a base de propuestas arriesgadas y, en muchos casos, absolutamente innovadoras. De prometedor guionista en A propósito de Henry (Mike Nichols, 1991), Eternamente joven (Steve Miner, 1992) o Nunca juegues con extraños (John Dahl, 2001) —en donde ya empezó a homenajear al maestro Spielberg con un simpático thriller de carretera con evidentes reminiscencias de El diablo sobre ruedas (1971)—, Abrams pasó a convertirse en uno de los creadores televisivos a tener en cuenta gracias al éxito de series como Felicity, Alias y, sobre todo, Perdidos, su verdadero despegue como nuevo visionario y Rey Midas de la industria. Si en Misión imposible 3 (2006), su debut como realizador cinematográfico, no se limitó a entregar una secuela al uso, suponiendo más bien un gratificante cambio de rumbo en la franquicia tras el derrape de John Woo con la segunda parte, con Super 8 (2011) diseñó un encantador ejercicio nostálgico que recuperaba el espíritu de las fantasías ochenteras surgidas de la Amblin Entertainment. Como gran renovador que es, Abrams ha afrontado la responsabilidad de relanzar las dos sagas galácticas más importantes de la Historia del Cine, logrando que sus dos entregas de Star Trek contentaran tanto a trekkies como a aquellos que no estuviesen familiarizados con su universo, y que la reciente Star Wars: El despertar de la fuerza (2015) recobrara el brío de la trilogía clásica, tras unos episodios 1, 2 y 3 un tanto decepcionantes. Entre tanto blockbuster, a Abrams le dio tiempo a producir una modesta cinta, Cloverfield, que hizo del enigma su carta ganadora para convertirse en todo un éxito sorpresa en 2008.

    Lo que comenzó como un misterioso proyecto denominado 1-18-08, cuyas primeras imágenes pudieron verse publicitadas antes de las proyección de Transformers (Michael Bay, 2007), levantando gran expectación por la falta de datos acerca de su argumento, terminó siendo un mockumentary (o película de metraje encontrado) que, pese a sus ajustados 25 millones de dólares de presupuesto, reconstruyó el espectacular ataque de una monstruosa criatura gigante a la ciudad de Manhattan, a través de las imágenes de vídeo casero filmadas por los asistentes a una despedida de soltero que se ven envueltos en una pesadilla catastrófica escrita por Drew Goddard, otro talento proveniente de la televisión, donde triunfó con sus guiones de Buffy la cazavampiros o Alias. Monstruoso (Matt Reeves, 2008), como se llamó en España, pese a su aparente pequeñez, da una lección a grandes superproducciones con premisas similares —Godzilla (Gareth Edwards, 2014), sin ir más lejos—, sobre cómo utilizar los efectos especiales con inteligencia y cómo mantener un ritmo frenético sin extenderse más allá de unos exiguos 70 minutos de metraje. Crítica y público reaccionaron con entusiasmo ante aquel filme que, tras hacerse con 170 millones de dólares de recaudación en todo el mundo, se convirtió en carne de secuela. Sin embargo, estando la traviesa mente de Abrams detrás, estaba claro que la esperadísima continuación llegaría en el momento menos esperado y adoptando una forma que jugase al despiste con los seguidores, activando, una vez más, la mecánica de la especulación como poderosa publicidad viral. De nuevo un producto de Michael Bay, 13 horas: Los soldados secretos de Bengasi (2016), sirvió para lanzar el primer adelanto de Calle Cloverfield 10 (Dan Trachtenberg, 2016), un proyecto que hasta ese momento se había ocultado tras los provisionales títulos de The Cellar —dirigido inicialmente por Damien Chazelle, realizador de Whiplash (2014)— o, posteriormente, Valencia y que, sobre el papel, no guardaba ninguna relación con la monster movie de Matt Reeves.

    10 Cloverfield Lane

    «Calle Cloverfield 10 parece homenajear los minutos iniciales de Psicosis (1960), convirtiendo a Mary Elizabeth Winstead en una especie de versión actualizada de Janet Leigh a la que el espectador acompañará en su aterradora aventura».


    ¿Estábamos ante un caso de publicidad engañosa para vender un largometraje independiente y con pocas posibilidades de destacar, a priori, en taquilla, como si fuese una secuela? ¿Guarda realmente Calle Cloverfield 10 algún parentesco argumental con la película de 2008 o las similitudes comienzan y terminan en el título? Lo cierto es que estamos ante uno de los filmes que más han dado que hablar en los últimos meses, rodeado de un absoluto secretismo y con un coste de 5 millones de dólares del que no cabría esperarse el despliegue de espectacularidad de Monstruoso. Una vez visionado, conviene seguir manteniendo sus secretos a buen recaudo para que el espectador asista a la experiencia lo más virgen posible. Como ya revelaba el tráiler, Calle Cloverfield 10 cambia de temática para adentrarse en los terrenos del thriller psicológico en su variante de secuestros. La mayor parte de la historia se desarrolla en el claustrofóbico escenario de un búnker a muchos metros bajo tierra, meticulosamente diseñado para sobrevivir en su interior ante cualquier incidente nuclear, bacteriológico, zombie o alienígeno. Sus tres únicos habitantes son Michelle, una joven que ha despertado en este encierro tras sufrir un accidente automovilístico, el parlanchín Emmet y el nervioso y paranoico Howard Stambler, creador del refugio, empeñado en que nadie abandone el recinto para evitar una posible contaminación del aire exterior, consecuencia de algún tipo de ataque indeterminado. La angustiosa idea de que el cautiverio al que le somete Howard se alargue indefinidamente hace que Michelle comience a trazar un plan para tratar de escapar del que ella cree un perturbado que inventa un apocalipsis para retenerla contra su voluntad. Estamos ante una premisa argumental en apariencia sencilla y minimalista, pero a la que sus guionistas han sabido enriquecer a base de múltiples pistas y giros insospechados que hacen que la cinta sea una auténtica gozada como artefacto de suspense.

    Ya desde el magnífico prólogo, que presenta al personaje de Michelle quitándose el anillo de prometida y emprendiendo una huida sin rumbo en su coche (con tensa parada en una gasolinera incluida), Calle Cloverfield 10 parece homenajear los minutos iniciales de Psicosis (1960), convirtiendo a Mary Elizabeth Winstead en una especie de versión actualizada de Janet Leigh a la que el espectador acompañará en su aterradora aventura. La sombra de Hitchcock acompañará desde entonces a toda la película, ya que, al igual que el maestro del suspense hiciera en La soga (1948), el debutante Dan Trachtenberg acierta de lleno a la hora de crear una atmósfera opresiva y paranoide entre cuatro paredes que solo sus bienvenidos golpes de humor y el uso irónico de canciones de los ochenta en su banda sonora consiguen relajar. Uno de los grandes aciertos de la película reside en la complejidad con la que están definidos los personajes, especialmente ese Howard multifacético que lo mismo ofrece su cara más afable y tierna como de pronto saca a relucir su lado más oscuro y peligroso. John Goodman ha encontrado en este papel una oportunidad para abandonar sus roles secundarios para lucirse como magnífico protagonista, en un trabajo gestual sobresaliente que es un espectáculo en sí mismo. Su intenso duelo interpretativo con Winstead hace que salten chispas. El toma y daca entre el carcelero y su presa depara momentos de gran intensidad en los que las notables interpretaciones de los actores están debidamente acompañados por una música de Bear McCreary que parece resucitar al mejor Bernard Herrmann para la ocasión, y un montaje de lo más hábil. El tercero en discordia, John Gallagher Jr., trata de no ser devorado por sus compañeros de reparto con una actuación solvente, siendo su personaje el que sirve de fuente de información a Michelle (y, de paso, al público) sobre la personalidad de Howard y las circunstancias que ha empujado a todos a estar en esas circunstancias.

    10 Cloverfield Lane

    «Da gusto asistir a una ópera prima tan excelentemente dirigida como esta, una pequeña sorpresa que supone un soplo de aire fresco en el thriller como lo fue, en la pasada temporada, La visita».


    Calle Cloverfield 10, a pesar de ser un relato que se desarrolla, en su mayor parte, en interiores (el escenario del búnker está muy bien aprovechado) y con tan pocos personajes, logra la hazaña de ser altamente entretenida y carente de tiempos muertos innecesarios con los que engordar el metraje, evitando la incómoda sensación de estar ante un episodio alargado de The Twilight Zone. No hay lugar para el aburrimiento en medio de tanta teoría conspiratoria y, al igual que hiciera M. Night Shyamalan en Señales (2002) o (de nuevo) Spielberg en uno de los pasajes más aterradores de La guerra de los mundos (2005) —Tom Cruise y Dakota Fanning a merced de un Tim Robbins alucinado en aquel sótano—, Trachtenberg construye un ambiente de inquietud en ese acotado espacio mucho más difícil de sobrellevar que cualquier peligro que amenace en la superficie. Amenaza que no será desvelada hasta un explosivo tramo final en el que el filme muta en algo completamente diferente a lo expuesto hasta ese momento, cambiando de género de forma radical y sacando la faceta de action woman de Winstead que ya habíamos disfrutado en el remake de La cosa (Matthijs van Heijningen jr., 2011). Finalmente, no estamos ante una secuela al uso de Monstruoso —algo de lo que estábamos avisados desde que Abrams confirmase que se trataba de una “pariente de sangre” o “heredera espiritual” de aquella—, si bien es cierto que tampoco traiciona su condición de obra expansiva del universo iniciado ocho años atrás, abandonando las restricciones propias del subgénero de metraje encontrado para desvelar algunos misterios y, principalmente, dejar las puertas abiertas a futuras alternativas que, a buen seguro, sabrán cómo volver a engañarnos de nuevo. Da gusto asistir a una ópera prima tan excelentemente dirigida como esta, una pequeña sorpresa que supone un soplo de aire fresco en el thriller como lo fue, en la pasada temporada, La visita (M. Night Shyamalan, 2015). | ★★★★ |


    José Martín León
    © Revista EAM / Madrid


    Ficha técnica
    Estados Unidos. 2016. Título original: Calle Cloverfield 10. Director: Dan Trachtenberg. Guion: Damien Chazelle, Josh Campbell, Matthew Stuecken. Productores: J.J. Abrams, Lindsey Weber. Productoras: Bad Robot / Paramount. Presupuesto: 5.000.000 dólares. Fotografía: Jeff Cutter. Música: Bear McCreary. Montaje: Stefan Grube. Diseño de producción: Ramsey Avery. Vestuario: Meagan McLaughlin. Reparto: Mary Elizabeth Winstead, John Goodman, John Gallagher Jr.

    Póster: 10 Cloverfield Lane
    En cuerpo y alma

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