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    Crítica | Bendita calamidad

    Bendita calamidad

    Mañismo de tebeo

    crítica de Bendita calamidad (Gaizka Urresti, España, 2015).

    Uno tiene que haber tenido en la vida la experiencia de ser de pueblo para conocer cómo funcionan los esquemas de un micromundo tan particular. No importa que hablemos de Lepe o de Cadaqués, todo auténtico pueblo español que se tercie ha acuñado una ristra de roles comunitarios y creencias compartidas que sus habitantes parecen asumir, transmitir y exhibir como parte irrenunciable de la idiosincrasia del lugar. Así, un pueblo no es pueblo sin su ricachón chanchullero de turno, su curilla o su tontico, además de su municipio rival (que es el peor sitio del mundo) y sus fiestas locales (que son las mejores del mundo). Cuando uno cuenta las historias de su pueblo toma a menudo estos elementos, tópicos en su universalidad a la vez que encantadoramente únicos cuando se colman de detalles de color. Pues bien, en el amor por la singularidad de un pueblo está el cogollo de Bendita calamidad, una comedia de enredos de marcado carácter regional ambientada en la localidad maña de Tarazona y en su origen una novela del periodista Miguel Mena que goza de amplia popularidad en Aragón.

    De este modo, el mayor acierto de la producción ha sido asimilar el carácter hiperlocal de su material y actuar en consecuencia. El propio contenido de la historia, cuyos chistes se nutren de asuntos tan de andar por casa como las eternas obras de restauración de la catedral de Tarazona, la rivalidad con la vecina Borja o las fiestas del Cipotegato, parece haber impulsado un tratamiento acorde. Al que apuntan detalles como el rodaje en los escenarios auténticos o la elección de un reparto en el que se encuentran casi todos los actores de Oregón TV, un programa de humor de gran éxito en la televisión aragonesa. A ello hay que sumarle que los personajes principales de la película recogen sin disimularlo esa serie de roles pueblerinos que repasábamos en el párrafo anterior. Los protagonistas, los hermanos Fayos (Jorge Asín y Nacho Rubio), regentes un bar ruinoso, vendrían a ser una versión de tonticos de pueblo, cuya comicidad emana de una mezcla de atolondramiento y falta de luces. El obispo (Luis Varela), cuyo secuestro a la desesperada por parte de los hermanos desata el conflicto principal, cubre la cuota del curilla. Y Lacarra (Carlos Sobera), el magnate local, encarna a ese empresario corrupto siempre dispuesto a arramblar con todo el patrimonio de la zona a golpe de especulación y bocados a los presupuestos.

    Bendita calamidad

    «Una comedia física, hiperbólica y disparatada en la línea del tebeo clásico a lo Ibáñez en la que uno puede sentir hasta los “cracs”, “booms” y “splash” de una viñeta».


    Pero, más allá de que la película de Urresti haya sabido ser fiel al purismo mañico de la historia, de lo que conviene tomar buena nota es de los mecanismos de distribución que se ha sacado de la manga para competir en el mercado de las pantallas, renunciando a unos caminos tradicionales a los que no se pliega demasiado. En lugar de ello, Bendita calamidad apostó fuerte por convertir su estreno aragonés (que se produjo el pasado mes de noviembre) en una especie de “película-evento”, algo que a Jonás Trueba ya le dio excelentes resultados con Los ilusos. De modo que durante aquel fin de semana actores y equipo técnico se dedicaron a una maratón de proyecciones que incluían presentación y coloquio, a la búsqueda de salas grandes con varios miles de espectadores y sesiones únicas en lugar de los habituales tratos con las exhibidoras. La idea de fondo que parece buscarse es la implicación de su platea, el espolear su capacidad de reconocer en las imágenes los rasgos de una identidad colectiva (la aragonesa) que es a la vez parte esencial de muchas identidades personales. Animar, en fin, al choteo de un público que se deleita al contemplar sus chascarrillos de siempre hechos película. De los buenos resultados que esta práctica ofreció el día de su estreno en Tarazona, tanto a nivel de concurrencia como de carcajadas, fue testigo este crítico. Lo que no quita, eso sí, que Bendita calamidad se haya decidido ahora a probar suerte con un estreno nacional en salas convencionales. Y es que, pese a su fuerte regionalismo, hay en ella la suficiente chicha como para atraer a públicos de todo el territorio en busca de comedia de entretenimiento popular. Algo que subraya la presencia en el reparto de nombres más garantes de comercialidad como Luis Varela, Enrique Villén y dos estrellas televisivas nacionales como Carlos Sobera y Juan Muñoz.

    En cuanto a la cinta en sí misma, lo mejor y lo peor que se puede decir de ella es que parece haberse convertido exactamente en lo que deseaba ser. Una comedia física, hiperbólica y disparatada en la línea del tebeo clásico a lo Ibáñez en la que uno puede sentir hasta los “cracs”, “booms” y “splash” de una viñeta. Cuya comicidad parte de una situación estrambótica (el secuestro por error del obispo que culmina en una huída desastrosa por los montes del Moncayo) para aderezarse con una batería in crescendo de malentendidos y torpezas orquestados por la entrañable idiotez de los dos hermanos protagonistas y lo descaradamente estereotípico del plantel de secundarios. Así, pese a algunas fisuras en su introducción, hace gala de un correcto sentido del ritmo, destaca en la interpretación de un gran Luis Varela y ofrece algunos bocados muy efectivos de humor grueso sin complejos. Bendita calamidad, en definitiva, funciona como obra de evasión pura que busca la carcajada directa, y que evidencia su cariño por la idiosincrasia de la tierra en la que se ha rodado e inspirado. Por como la han planteado sus creadores, no pretende ser más que eso. La decepción o el regocijo que pueda despertar depende, en buena medida, de los gustos y expectativas personales de su espectador, de lo que cada uno busque al sentarse en una butaca de cine. Los potenciales detractores no pueden decir que no estén avisados. | ★★ ½ |


    Miguel Muñoz Garnica
    © Revista EAM / Pamplona


    Ficha técnica
    España, 2015. Director: Gaizka Urresti. Guión: Gaizka Urresti (basado en la novela de Miguel Mena). Productoras: IMVAL Producciones, Rec Films, Urresti Producciones. Productores: Gaizka Urresti, Iván Miñambres (productor asociado), Iván García Medrano (productor asociado). Fotografía: Pepe Añón. Música: Miguel Ángel Remiro. Montaje: Íñigo Gómez, Gaizka Urresti. Vestuario: Ana San Agustín. Diseño de producción: Silvia Gómez. Dirección artística: Ana Nicolás. Reparto: Jorge Asín, Nacho Rubio, Luis Varela, Enrique Villén, Carmen Barrantes, Carlos Sobera, Gorka Aguinagalde, Juan Muñoz. Duración: 109 minutos.

    Bendita calamidad
    El fulgor efímero

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