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    Crítica en serie | Mr. Robot (T1)

    Mr. Robot

    La inevitable misantropía del hombre moderno

    crítica de Mr. Robot / Primera temporada.

    USA Network / 1ª temporada: 10 capítulos | EE.UU, 2015. Creador: Sam Esmail. Directores: Sam Esmail, Jim McKay, Niels Arden Oplev, Nisha Ganatra, Deborah Chow, Christoph Schrewe, Tricia Brock. Guionistas: Sam Esmail, Adam Penn, David Iserson, Kyle Bradstreet, Kate Erickson, Randolph Leon. Reparto: Rami Malek, Christian Slater, Portia Doubleday, Carly Chaikin, Martin Wallström, Michel Gill, Sunita Many, Ben Rappaport, Frankie Shaw, Ron Chepas Jones, Stephanie Corneliussen, Azhar Kahn, Gloria Reuben, Michael Drayer, Bruce Altman, Michael Cristofer. Fotografía: Tod Campbell, Tim Ives. Música: Mac Quayle.

    De entrada, una serie cuyos referentes principales –tanto visuales como argumentales– son las filmografías de Stanley Kubrick, David Lynch o David Fincher va a ser, como mínimo, interesante. Mr. Robot no solo es eso, sino que se erige desde ya como una de las propuestas más sólidas, originales y reivindicables de este 2015 televisivo que pronto se acaba. Será una propuesta a seguir, a la que darle una oportunidad. Lo más sorprendente es que la serie la emita USA Network, cadena de basic cable conocida por una programación que no busca especialmente ser incómoda o única, sino más bien accesible y sencilla. No todas pueden ser HBO, Showtime o Netflix. Pero como suele pasar, de vez en cuando una cadena quiere dejar claro que ellos también son capaces de ofrecer productos con radical voluntad de diferencia. Como TNT al repescar Southland (2009-2013) en 2010, NBC al emitir Hannibal (2013-2015), ABC con American Crime (2015-) o The CW con la recién estrenada Crazy ex-girlfriend (2015-), para que se entienda mejor. Visto el alto nivel de producción, las nulas concesiones a lo familiar de su argumento y desarrollo y que está plagada de todo tipo de palabrotas –semicensuradas, eso sí–, está claro que USA Network ha dejado bastante libertad a Sam Esmail, desde ya talento a tener en cuenta que escribe, planea y dirige con marcada personalidad. El hombre ha tomado la inteligente decisión de convertirse en un certero cronista de la realidad inmediata, gran razón por la cual la serie ha tenido gran éxito entre el público internauta y que se ha beneficiado del boca-a-boca.

    La historia arranca cuando Elliot (un Rami Malek nacido para interpretar al personaje) empieza a hablar consigo mismo –en realidad está rompiendo la cuarta pared y dirigiéndose a la audiencia– para dejar(nos) claro que quiere cambiar el mundo. Su gran habilidad como hacker y su trabajo en una compañía de seguridad informática a su vez encargada de una corporación billonaria –bautizada Evil Corp, buen chiste– le da una posición privilegiada para hacerlo, y su (nuestro) contacto con un grupo antisistema de nombre Fsociety puede ser la oportunidad perfecta. El episodio piloto de Mr. Robot es de esos que hacen (o deberían hacer) historia, 65 minutos perfectos que ponen las cartas sobre la mesa y a la vez apenas cuentan nada, con la habilidad de Esmail como narrador y un binomio director/cinematógrafo que cimentarán un look puramente cinematográfico retomado después por un equipo distinto pero nunca deshonrado. Mr. Robot es tan visualmente atractiva y diabólicamente enrevesada que resulta difícil resistirse de entrada, con su atmósfera fría y en ocasiones malsana y su casi contagiosa misantropía operando a pleno funcionamiento. El resto de la temporada no logra mantener el impecable nivel de su carta de presentación, pero aún así nos encontramos ante un proyecto magnífico, desafiante (ese giro final que lo sacude todo y del que se hablará más adelante) y con unas ganas de incordiar que merecen todos los elogios.

    Mr. Robot

    «Con la voz en off de Elliot sobrevolando cada capítulo, a Esmail no le asusta que estemos confusos. Confía en nuestra inteligencia para no perder el hilo, en nuestra capacidad para rellenar los espacios en blanco o elucubrar las posibles relaciones de los personajes».


    La serie habla del mundo de los hackers con lo que parece un verismo admirable, habida cuenta que la representación habitual de estas personas en la pequeña o gran pantalla suele ser más bien plana por miedo a que el espectador se sienta confuso. Con la voz en off de Elliot sobrevolando cada capítulo, a Esmail no le asusta que estemos confusos. Confía en nuestra inteligencia para no perder el hilo, en nuestra capacidad para rellenar los espacios en blanco o elucubrar las posibles relaciones de los personajes. Al fin y al cabo, es un juego al que Mr. Robot se presta al tener como protagonista a alguien con una psique frágil y tortuosa. Nuestro punto de entrada es el universo de la serie no es del todo fiable, algo que sabemos desde el principio pero que obtendrá incluso mayor sentido conforme avance la temporada y las diferentes realidades establecidas choquen de manera violenta. Una revelación de raíz fincheriana (o palahniukiana, si se prefiere) y que obliga a la audiencia a tomar una importante decisión: ¿plausible y minuciosamente planeado o giro de guión barato y repentino? Las pistas hasta cierto punto estaban ahí, pero la ambigüedad con que se trataban apuntan más a que los responsables dudaban sobre si tomar la decisión o no. A este crítico no le convence del todo, y eso merca la capacidad de impacto no solo de la sorpresa en sí sino de lo que nos dice sobre los personajes y la historia en sí.

    Una historia que por fortuna tiene algunas presencias más humanas y estables que las de nuestro atribulado personaje principal, aunque no puedan aspirar a la felicidad en un mundo como éste. Tanto Angela como Gideon (magníficamente interpretados por Portia Doubleday y Michel Gill) serán víctimas indirectas del sistema, aunque ellos solo tratan de mejorar, aunque sea un poco, el orden establecido. El arco de Angela es particularmente interesante, ya que si los primeros episodios apuntaban quizá a un aburrido rol de interés amoroso del protagonista sin entidad propia, el paso del tiempo prueba que nos equivocábamos, y varios de los mejores instantes de estos diez capítulos vienen dados por su presencia, como la salvaje noche de fiesta con Shayla, la charla con Terry Colbin que deviene obscena o su catatónico momento en la tienda de zapatos. Gideon, por su parte, es un ejemplo del peón de empresa destrozado por circunstancias más grandes que él, y cuya realidad doméstica –que además recupera felizmente a Randy Harrison para la televisión una década después del final de Queer as folk (2000-2005)– es conmovedora y la relación más sana de las desplegadas en pantalla. En el otro extremo están los Wellick, matrimonio inquietante donde los haya y que dejan algunos de los momentos más incómodos de esta tanda. Sus charlas en sueco, la fría manera en que se relacionan y en especial la manera en que los intérpretes dan vida a los personajes y usan su rostro para convidar una intimidad y retorcida conexión que viene de lejos son difíciles de olvidar. Su plan nunca queda claro del todo, aunque vemos lo lejos que son capaces de llegar, y en concreto Tyrell resulta una pieza clave dentro del entramado de esta historia.

    Mr. Robot

    «Conviven excursiones argumentales lynchianas para materializar cómo se sientan las pesadillas al tener el mono, personajes memorables como Whiterose y una coda final que cierra la temporada y evoca a la monumental Eyes Whide Shut (Stanley Kubrick, 1999) sin sonrojarse».


    Se nota que es la primera experiencia de Sam Esmail en el mundo de la televisión, y más como creador. Según el mismo ha contado, la idea nació para ser un largometraje, pero las múltiples bifurcaciones de la complicada trama le convencieron de que funcionaría mejor en formato seriado. Pero existe la sospecha, que viene dada más que nada por lo bueno que es este drama, de que lo más cuestionable del viaje no sean tanto aristas sin pulir sino semillas plantadas que todavía no han germinado. Sea como fuere, existen personajes y tramas prometedores que no llegan a buen puerto (la terapeuta, el ex-novio hacker de Darlene) y desvíos que parecen apuntar que estamos quizá ante otra serie diferente a la que pensábamos (el sexto capítulo, donde Elliot debe sacar a Vera de la cárcel). Con esto conviven excursiones argumentales lynchianas para materializar cómo se sientan las pesadillas al tener el mono, personajes memorables como Whiterose y una coda final que cierra la temporada y evoca a la monumental Eyes Whide Shut (Stanley Kubrick, 1999) sin sonrojarse. La habitual energía del debutante en toda su excitante contradicción, pero sin llegar a hacer que la temporada sea irregular. Todo tiene cabida en este universo, solo que uno desearía una mayor concreción para que la entidad del Todo sea (aún) mayor. Con una renovación asegurada antes incluso del estreno “oficial” de la serie (el piloto se pudo ver online poco antes), Esmail tiene ahora tiempo de sobra para pulir las escasas aristas que (quizás) lo necesitan para entregar el producto redondo que Mr. Robot puede, y ojalá logre, ser. | ★★★★ |


    Adrián González Viña
    © Revista EAM / Sevilla


    El fulgor efímero

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