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    Crítica | Sunset Song

    Sunset Song

    Destinos inexorables

    crítica de Sunset Song (Terence Davies, 2015).

    No sería arriesgado afirmar que el dolor, el sufrimiento o la pérdida son los motores que más hacen evolucionar a los personajes de una entrega literaria o cinematográfica. ¿No es cierto, acaso, que son las cicatrices más hondas, las heridas más infectadas y los lutos más desgarradores aquellos que determinan la propia supervivencia, el desarrollo de la personalidad o las vías de superación de la propia tristeza? En un mundo rígido, bucólico y de áspera dominación masculina donde las órdenes siempre son verticales, violentas e irrevocables se cría Chris Guthrie. Una joven soñadora y voraz en su aprendizaje que ansía convertirse en maestra y alejarse de la pesadumbre de su infancia. Una niñez con olor a establo y a trabajo doméstico, marcada a golpe de cinturón y alaridos paternales, bajo la amenaza constante de un Dios sombrío y el yugo de la rancia sumisión y la abnegación tradicionalmente reservadas al hemisferio femenino del planeta. Estrechamente unida a su hermano Will y acostumbrada a la eterna melancolía de una madre bipolar o la agresividad acechante de su padre, Christie ejemplifica la vida arraigada a la familia y a la tierra que el destino y la sociedad de comienzos del siglo XX tienen preparada para cualquier joven granjera escocesa. Con el retrato de la protagonista, el de su familia y el de su entorno geográfico a través de una fotografía rigurosa y exquisita de corte clásico comienza esta Sunset Song, nuevo trabajo del cineasta Terence Davies y adaptación de la novela de Lewis Grassic Gibbon. A lo largo de sus dos horas y cuarto de metraje, el filme desgrana de manera cronológica y lineal un tramo de la vida de esta luchadora Chris Guthrie, interpretada de manera irregular y un tanto distante por parte de Agyness Deyn, que se nos antoja lejana y desdibujada para lo expresivo que debiera ser su personaje.

    Sunset Song merece diferentes consideraciones. Nos hallamos frente a un filme enfocado desde la más estricta narrativa clásica, con un montaje casi imperceptible, planos y secuencias excesivamente largos a pesar de la bellísima fotografía de reminiscencias pictóricas, diálogos de marcado carácter literario —fruto de la novela que concibe el guion— y un intimismo inherente a la propia historia, con unos personajes que, al igual que los de las tragedias griegas, quieren rebelarse ante la tiranía de su propio destino. Refleja en todo momento la película de Davies un pensamiento aristotélico que es necesario subrayar: el fondo común de cualquier tragedia es la lucha contra el destino inexorable que determina la vida de todos los mortales, así como el conflicto existente entre el hombre, el poder, las pasiones y los dioses. Christie Guthrie avanza, sosegada y luchadora, desde la brutalidad corrosiva de la figura paterna —excelente y aterrador Peter Mullan interpretando desde el estómago a un hombre salvaje y religioso hasta el fanatismo, que nos pone los pelos como escarpias con ese eres de mi carne y sangre y puedo hacer contigo lo que quiera— al cuidado en solitario de su amada pero absorbente Blawerie, el hallazgo de un amor inmenso, la formación de una identidad femenina independiente claramente anticipada a su tiempo, o las dificultades que comporta la maternidad. Una maternidad concebida como salvación, alimento y refugio para construir una vida distinta. Mientras, los sueños y las vidas humildes de miles de campesinos y lugareños se truncan con la inmediatez de la Gran Guerra, que clama a todos los hombres a sumarse a sus filas. El ejemplo de la protagonista y la evolución de su entorno circundante representan también la elegía triste del pueblo escocés, en el que los cobardes reciben plumas blancas a domicilio y amenazadores sermones en la misa de los domingos. Por otro lado, la propia Christie es paradigma de la dicotomía entre ese fátum o poder sobrenatural inevitable que guía las vidas humanas —encarnado en este caso en el arraigo a un buen puñado de mayúsculas dictatoriales: Tierra, Patria, Rey, Dios, Hombre, Guerra— y el libre albedrío o libertad.

    Sunset Song

    «Sunset Song acusa un academicismo hierático y una falta importante de intensidad, de garra, de emoción sincera. No podemos llegar a sentir todo aquello que atraviesa las vísceras de su protagonista, ni admirar algunas de sus valientes decisiones, ni lamentar todo lo que nos gustaría las pérdidas y desventuras de su vida en Blawerie».


    Entre canciones desgarradoras a capela que esbozan los lamentos de la guerra o ensalzan la memoria de los difuntos, maizales mecidos por el viento, efluvios de esperanza, desdén por un conflicto bélico que parece lejano y absurdo, nacimientos y muertes la película avanza. Aunque no lo parece, porque en la película de Davies el minutero está adormilado y el ritmo espeso y frustrante de su transcurso es uno de los responsables de que tanto protagonistas como espectadores caigan en la más profunda de las atonías sensitivas. Se salva, como ya hemos remarcado, una fotografía sublime, que parece transportarnos a interiores tenebrosos y claroscuros pintados por Caravaggio, escenas cotidianas soñadas por Vermeer o hermosos paisajes agrestes inventados por Ruysdael. Pero un excelente tratamiento de imagen no es suficiente para que la historia se introduzca por los poros de la platea y le contagie una historia acerca de la supervivencia, la identidad adelantada y las penurias de Chris Guthrie. Sunset Song acusa un academicismo hierático y una falta importante de intensidad, de garra, de emoción sincera. No podemos llegar a sentir todo aquello que atraviesa las vísceras de su protagonista, ni admirar algunas de sus valientes decisiones, ni lamentar todo lo que nos gustaría las pérdidas y desventuras de su vida en Blawerie. La virtud de una cinta impecable es poner todo al servicio de sus protagonistas para que el espectador realice su propia catarsis, se sorprenda, llore y ame junto a él, profundice en su personalidad, comprenda como es por dentro. Y en Sunset Song, a pesar del lirismo, a pesar de la vibración de sus imágenes y la poesía de su banda sonora, a pesar de bastantes vuelcos argumentales interesantes, se antoja totalmente imposible. | ★★ |


    Andrea Núñez-Torrón Stock
    © Revista EAM / Festival Cineuropa de Santiago de Compostela


    Ficha técnica
    Reino Unido, 2015, Sunset Song. Director: Terence Davies. Guión: Terence Davies (adaptación de la novela de Lewis Grassic Gibbon) Productora: Sunset Song Ltd. Música: Gast Waltzing. Fotografía: Michael McDonough. Reparto: Peter Mullan, Agyness Deyn, Kevin Guthrie, Niall Greig Fulton, Ian Pirie. Presentación oficial: 2015: Festival de San Sebastián: Sección oficial largometrajes.

    Póster: Sunset Song
    Tierra de Dios

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