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    Crítica | Mustang

     Mustang de Deniz Gamze Ergüven

    De jaulas a pájaros

    crítica de Mustang (Denis Gamzer Ergüven, Francia, 2015).

    Nacemos como piezas de un engranaje, afectadas por el entorno cultural y el sistema ideológico imperante en la sociedad que nos ve crecer. Si en países como el nuestro la libertad y el margen de acción y decisión de las mujeres se ven limitados por la violencia estructural del patriarcado, ¿qué decir de la falta absoluta que niñas, adolescentes y mujeres experimentan en otros regímenes de auténtica represión, privadas de sus derechos humanos más básicos y despojadas de cualquier intento de individualismo, de cualquier posibilidad de guiar su cuerpo, su sexualidad y sus decisiones laborales o sentimentales por el sendero de su voluntad? Desde los matrimonios pactados de conveniencia, hasta las lapidaciones, las violaciones ejercidas por familiares, los frenos al desarrollo de los impulsos sexuales o la virginidad como muestra obligatoria de pureza, existe un escalofriante abanico de muestras de la suerte que correrás en muchos lugares del mundo según lo que tengas entre las piernas. Dichas aberraciones pueden encontrar en el cine un vehículo para darse a conocer, para modificar conciencias y permitir que un poco de luz sea arrojada en las mentes más oscuras y cerradas. Como alegato crítico, fascinante y conmovedor llegaba a las pantallas del Festival Cineuropa Mustang, una ópera prima con mayúsculas firmada por la turca Deniz Gamze Ergüven, nominada a los premios LUX del Parlamento Europeo junto a las cintas Mediterránea y Urok. Esta directora novel nos ofrece una historia atrevida y rupturista cargada de emociones fuertes, de preguntas incómodas, de salvaciones, condenas y sobre todo, una representación en miniatura de la sociedad y el entorno familiar de cinco hermanas de Oriente Medio que nos pone los pelos de punta.

    Como si de la casa de Bernarda Alba de Lorca se tratase, nos encontramos desde el comienzo de la narración de Mustang con un escenario cerrado de connotaciones claustrofóbicas correspondiente a una casa del ámbito rural ubicada cerca de un pueblecito turco, en la que viven cinco hermanas huérfanas de diferentes edades —comprendidas entre los 12 y los 16 años— junto a su abuela abnegada y estricta y el déspota salvaje de su tío. Educadas en el hogar con mano dura y privadas del contacto social externo, el quinteto de niñas vive bajo el yugo constante de la represión, estando condenadas por su género a una privación total de libertades con el objetivo de preservar su castidad y encontrarles marido lo antes posible por orden de edad. El detonante de la expropiación extrema de libertad de estas jóvenes, abocadas a ser lolitas complacientes vendidas al mejor postor, se muestra al comienzo de la historia. Cuando las cinco hermanas celebran en la playa el fin del curso escolar tras despedir a su maestra, el simple hecho de estar jugando subidas a los hombros de unos compañeros de clase hace estallar la ira de su abuela, que, avergonzada por la supuesta obscenidad de sus nietas, decide acotar su espacio vital y comenzar a prepararlas para su destino: el matrimonio y ergo, la maternidad. Dictados y normas impuestas, obligatorias e incuestionables, como esa sábana que el himen debe manchar de sangre tras el primer coito, como el repulsivo derecho de pernada envuelto en el veto del silencio, como la reja que separa el cautiverio de los bosques y playas, que aleja una vida triste de la bulliciosa y multicultural Estambul. La ciudad que las protagonistas vislumbran como la única escapatoria a la desdicha de su encierro.

    Mustang

    «Una obra maestra de su género: honesta, concebida desde las vísceras y poseída por una verdadera voluntad de cambio. Nos deleita con un cine de personajes, sentido y humano, doloroso y risueño como la vida misma».


    La inteligente mirada de Ergüven nos sumerge de pleno en las frustraciones, los sueños y la rutina cotidiana de estas cinco huérfanas turcas, perfilando y desarrollando progresivamente sus complejas personalidades, todas ellas muy diferenciadas. Con una fotografía impecable acompañada de una acertada banda sonora y una cámara habilidosa, llena de curiosidad y empatía hacia sus protagonistas, todas ellas actrices con un elevado nivel interpretativo, Mustang entretiene, engancha y atrapa a un espectador nervioso por la fortuna de las muchachas. No fue fácil para la directora incubar este proyecto, ya que incluso tuvo que ocultar el guion a su propio equipo técnico por miedo a que se negasen a grabarlo, ya que en su país la opinión pública se encuentra dividida con respecto a la obra y ya ha recibido toda clase de amenazas, algo habitual en muchas producciones cinematográficas que abordan temáticas incómodas o que cuestionan la injusticia imperante en su lugar de origen. Brillantemente ejecutada, Mustang nos deleita con un libreto sólido, de ritmo narrativo ágil, que relata la evolución de las niñas desde sus travesuras inocentes para huir del enclaustramiento hasta las bodas de las hermanas mayores, la desolación de las pequeñas, el incremento de la ferocidad con la que son tratadas o los consejos de la abuela, mientras que los fuera de plano terminan de componer un tapiz familiar tan tridimensional como desolador. En medio de todo ello: dudas y curiosidad adolescente, rebeldía infantil, tristeza ante la marcha de las mayores, unión y complicidad, miedo y desprecio absoluto ante una autoridad aberrante. El abanico de reacciones de las niñas ante el control de sus vidas es muy distinto, mostrándonos los efectos devastadores que ese tratamiento deshumanizado puede provocar en cualquier ser humano y reivindicando con pinceladas de ironía y ternura, el derecho a reír, a bailar, a amar. A construir la propia existencia sin el peso de la dictadura familiar o social.

    Nadie debería quedarse sin ver Mustang. No solo porque es una obra maestra de su género, honesta, concebida desde las vísceras y poseída por una verdadera voluntad de cambio, sino porque nos deleita con un cine de personajes, sentido y humano, doloroso y risueño como la vida misma. Cada una de las cinco niñas representa un modo de ver el mundo, una forma de sentir y de actuar. Podemos ver a la mayor de las hermanas impulsiva y arriesgada luchando por un amor adolescente o a la más pequeña —el personaje más paradigmático de la cinta— como emblema del cambio, de la negativa firme a que decidan sobre ella sus propios familiares. Así, Ergüven dota a su ópera prima de múltiples capas de lectura e interpretación, en pleno 2015 donde millones de aberraciones hacia mujeres y niñas se suceden una tras otra. Millones de ablaciones, asesinatos, abandonos, violaciones, trata de blancas, abusos, discriminaciones, insultos, terrorismo machista. Mientras el mundo sigue girando sin pestañear. Escribía Galeano aquel verso tan bonito de «La Iglesia dice: El cuerpo es una culpa. La ciencia dice: El cuerpo es una máquina. La publicidad dice: El cuerpo es un negocio. El cuerpo dice: Yo soy una fiesta». Ojalá todas las niñas y mujeres del mundo puedan decidir muy pronto todo acerca de la fiesta de su vida, su cuerpo, sus relaciones y su futuro. | ★★★★★ |


    Andrea Núñez-Torrón Stock
    © Revista EAM / Cineuropa de Santiago de Compostela


    Ficha técnica
    Francia, 2015, Mustang. Director: Deniz Gamze Ergüven. Guión: Deniz Gamze Ergüven, Alice Winocour. Productora: Coproducción Francia-Turquía-Alemania; CG Cinéma. Música: Warren Ellis. Fotografía: David Chizallet, Ersin Gok.Reparto: Erol Afsin, Ilayda Akdogan, Doga Zeynep Doguslu, Elit Iscan, Ayberk Pekcan, Günes Sensoy, Tugba Sunguroglu. Presentación oficial: 2015: Premios del Cine Europeo: Nominada a Mejor película y premio Discovery/ 2015: Festival de Valladolid - Seminci: 6 premios, incluida Espiga de Plata / 2015: Festival de Sevilla: Premio del Público/ 2015: Festival de Sarajevo: Mejor película.

    Póster: Mustang
    El fulgor efímero

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