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    Crítica | Mi gran noche

    Mi gran noche

    La gran fiesta española

    crítica de Mi gran noche (Álex de la Iglesia, 2015).

    «Es todo tan absurdo, que aquí no importa lo que hagas.» Algo así viene a decirle Blanca Suárez a Pepón Nieto para tratar de explicarle lo que está ocurriendo en el estudio de la ficticia Mediafrost donde se graba el especial de Nochevieja para dar la bienvenida al 2016. Esta frase resume no solo Mi gran noche, sino gran parte de la filmografía de Álex de la Iglesia. El director bilbaíno ha conseguido algo insólito para un cineasta: crear su propio género. Un cine excesivo, hiperbólico, extravagante, obsceno… el sello «de la Iglesia» resulta inconfundible, pero además es inimitable. Ya sea en medio de la Gran Vía, en unos grandes almacenes, en el Valle de los Caídos o en un estudio de televisión, tiene la asombrosa capacidad de crear un clima apocalíptico, un verdadero campo de batalla de las miserias humanas del que nunca se sabe bien cómo saldrá, pero que condensa en gran medida las filias y las fobias del españolito de a pie. Sin embargo, a diferencia de otras puestas en escena y opciones narrativas donde se subraya el componente de denuncia social de la propuesta, de la Iglesia gana puntos cuando se aleja de la verbalización de su cabreo y utiliza el chascarrillo de barra de bar para condensar la rabieta (algo muy español, por cierto). En el cine de de la Iglesia no hay pausa que valga para la reflexión, porque esta se condensa a través de la caricatura, el humor del chiste rápido y el ritmo sin frenos. Su supuesta garra parte de la forma y el estilo, y por ello no cabe el reproche porque no profundice más en la crítica , o porque no ahonde en la miseria de un personaje en concreto: Mi gran noche está concebida desde la coralidad absoluta de actores, de tramas, de personajes… Un microcosmos habitado por pequeñas partículas que se mueven de manera independiente pero que bailan un perfecto vals involuntario bajo la batuta del director vasco. Vistas a través de un microscopio parecen seres diminutos incomprensibles, ya que para entender su comportamiento hay que ver la masa en movimiento que todas ellas provocan.

    Pero todo esto sale si rascas, y hay mucho que rascar. En superficie, la película es un artefacto diseñado como entretenimiento puro y duro que contiene todo eso que llaman Marca España: el corrupto, la choni, el artista adolescente, el pobre desgraciado… La verdadera idiosincrasia de una sociedad que, como aquellos aristócratas de El ángel exterminador de Luis Buñuel, llevan horas atrapados en una sala sin lograr salir. Y por ello, y sin desmerecer nada de lo dicho anteriormente, la película debe reivindicarse al mismo tiempo como lo que también es: la espina dorsal de la comedia Made in Spain. Plagada de referencia culturales que viajan sin despeinarse de lo kitsch a lo profundo, capaz de hacer chistes sobre John Lennon y Melendi con pocos minutos de diferencia, la película contiene todo el humor ochentero de José Luis Moreno, las Mama Chicho y Las Virtudes mezclado con los avances tecnológicos del siglo XXI, como el FaceTime o los selfies. Una sátira de la televisión, sí; una sátira de la sociedad, también; un retrato cruel y acertado de lo que somos, sin dudarlo; pero ante todo una comedia medida al milímetro con la mano de alguien que controla al dedillo los tiempos de la comedia. Así, este grupo de figurantes que se esfuerzan en falsear cualquier tipo de emoción junto a un grupo de famosos cuyas vidas son, en sí mismas, una falsedad, se puede leer y entender de tantas maneras como al espectador se le antoje, o esté dispuesto a rascar. Y eso es mucho.

    Mi gran noche

    «El montaje frenético y la verborreica de sus personajes pisan el acelerador desde el primer minuto. No hay tregua: el histerismo hiperbólico de su planteamiento nos obliga a meternos de lleno en la desquiciada existencia de sus protagonistas».


    A diferencia de otros trabajos anteriores del bilbaíno, donde el ritmo de la cinta va in crescendo , en su nueva película coge el tono en la primera escena y no se baja de la montaña rusa ni un solo segundo. El montaje frenético y la verborreica de sus personajes pisan el acelerador desde el primer minuto. No hay tregua: el histerismo hiperbólico de su planteamiento nos obliga a meternos de lleno en la desquiciada existencia de sus protagonistas. Ante esto, solo cabía un tipo de personaje: caricaturas exageradas de la sociedad. Son las únicas piezas que podían encajar en este puzle, y el reparto de la cinta se entrega totalmente a ellos. Son parte indispensable para que el mecanismo de este reloj funcione. Ahí tenemos a Raphael, una especie de Darth Vader a medio camino entre Star Terk y Austin Powers, o a Mario Casas, una especie de Chayanne de medio pelo salido de Mujeres y hombres y viceversa, que interpretan a dos cantantes (Alphonso y Adanne, respectivamente) que son versiones hipertróficas de su vida real. Y luego está Blanca Suárez, estupenda en el papel más cómico que le hemos visto hasta ahora. O Pepón Nieto y Carlos Areces, que por muy curtidos que estén en las lides cómicas siempre consiguen que su simple presencia ya levante carcajadas. Y también Jaime Ordoñez, dando sentido a un personaje que habla por medio de las míticas canciones de Raphael. En esta ocasión, más que en ninguna otra, la interpretación de su reparto requería estar en consonancia con la excitada andadura del conjunto de la película. Y lo consiguen: entre todos logran que Mi gran noche acabe siendo lo más parecido a la supuesta fiesta de cierre de una época de excesos crisis mediante. Solo queda desearnos un feliz 2016 y esperar que la resaca no sea peor que la propia fiesta. | ★★★★ |


    Víctor Blanes Picó
    © Revista EAM / 63ª edición del Festival de San Sebastián


    Ficha técnica
    España, 2015. Mi gran noche. Dirección: Álex de la Iglesia. Guión: Álex de la Iglesia, Jorge Guerricaechevarría. Producción: Enrique Cerezo. Fotografía: Ángel Amorós. Montaje: Domingo González. Música: Joan Valent. Dirección artística: Daniel Izar de la Fuente, Alberto Lobo. Presentación oficial: Sección Oficial 63ª edición del Festival de San Sebastián. Reparto: Raphael, Mario Casas, Pepón Nieto, Blanca Suárez, Hugo Silva, Carolina Bang, Santiago Segura, Carmen Machi, Enrique Villén, Antonio Velázquez, Carmen Ruiz, Terele Pávez, Luis Callejo, Jaime Ordoñez.

    Póster: Mi gran noche
    El fulgor efímero

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