Introduce tu búsqueda

  • Dos ventanas al vacío.
    A Ghost Story, de David Lowery.

    Cock-a-Doodle Dandy.
    Free Fire, de Ben Wheatley.

    En la sombra de la Bohemia.
    Especial 52º Festival de Karlovy Vary.

    Feminismo bizarro.
    Love Witch, de Anna Biller.

    Crítica | Into the forest

    Into the forest

    El infierno tan temido

    crítica de Into the forest (Patricia Rozema, 2015).

    No cabe duda
    Esta es mi casa
    aquí sucedo, aquí
    me engaño inmensamente
    Mario Benedetti.

    En los versos de Esta es mi casa, el poeta identificaba el hogar no solo como la Ítaca de Homero; además como un paisaje emocional. Existe a este respecto una palabra alemana, difícil de traducir en todo su significado, Heimat, que no solamente significa hogar, terruño, sino a la propia identidad del sujeto, con todas sus glorias y miserias. El Festival Internacional de Cine de Catalunya ha proyectado, como película de clausura, Into the Forest (2015), de la directora canadiense Patricia Rozema. Y ofrece una aproximación a distintas reflexiones acerca de una eventualidad de carácter global representada en una perspectiva íntima. Esta adaptación de la novela homónima de Jean Hegland de 1996 narra el colapso y destrucción de la Civilización, debido al agotamiento de recursos naturales, pero su foco de atención no describe panorámicamente la génesis y el flujo posteriores a los acontecimientos. De hecho, ni siquiera explicita cuál es la causa del Fin del Mundo tal y como lo conocemos; el verdadero objetivo aquí son los paisajes humanos en pequeña escala, esto es, una familia nuclear. Eva (Evan Rachel Wood) y Nelly (Ellen Page) viven con su padre en una cómoda casa en el bosque, cerca de un pequeño pueblo canadiense, en medio de una incipiente falta de abastecimientos básicos para la vida moderna, como la energía eléctrica. Aun así, disponen de los medios para continuar llevando una rutina estabilizada y actividades diarias, al margen de la problemática. Y desde esta perspectiva ligeramente distante, van atestiguando el aumento de la gravedad de la situación y la degeneración del tejido social, que se aleja progresivamente de los parámetros normales. Con la falta de combustible llega la caída de las infraestructuras básicas, las telecomunicaciones, el transporte de alimentos. Al llegar a la carestía de artículos de primera necesidad, pronto aflora, como reacción, la violencia y la desesperación. Todos los desastrosos sucesos ocurren en un segundo plano; lo que la directora muestra aquí es el resultado, cómo influye en la relación entre dos hermanas, cada una con su propia perspectiva al respecto.

    La narración transcurre de manera intimista, muy sencilla en la progresión hacia una situación límite. La belleza de la fragilidad se filtra a través de planos casi siempre en interiores, con un uso de la luz muy acertado, donde lo importante es situar a las protagonistas y dinamizar una serie de elementos emocionales que legitiman las decisiones tomadas. Wood y, sobre todo, Page ofrecen dos interpretaciones excelentes, que evidencian cuáles son los bienes materiales e inmateriales para conservar la cordura y la salud mental en una debacle de tales proporciones. Al igual que ocurría en la sobresaliente The road (John Hillcoat, 2009) —adaptación también de una novela, el clásico de Cormac McCarthy—, en un mundo cada vez más enrarecido y sin oportunidad de recuperación, donde los comportamientos más abyectos sustituyen a las relaciones sociales y la brutalidad se convierte en la actitud habitual, las cosas sencillas se transforman en la única fuente de un trasunto de felicidad. Ambientada en un futuro cercano, los hechos narrados brillan por la ausencia del exceso, lo explícito y frontal, para dar una visión realista y plausible de la desestabilización de la conducta humana ante el advenimiento de una tragedia irresoluble. Exceptuando alguna escena que probablemente será erróneamente criticada como reaccionaria, sin tener en cuenta la lógica interna del filme, Into the forest supone una alternativa muy interesante al cine post apocalíptico tradicional, trascendiendo la etiqueta de género y legitimando su calidad de manera autónoma, gracias a sus aciertos: un guion sutil y sugerente, dos grandes interpretaciones y una música y fotografía idóneas, minimalistas. Llegados a este punto de decadencia de las relaciones sociales, recordamos las palabras de Jean Paul Sartre: “El infierno son los otros”. | ★★★★ |


    Luis Enrique Forero Varela
    © Revista EAM / 48º Festival de Sitges


    Ficha técnica
    Canadá. 2015. Título original: Into the forest. Director: Patricia Rozema. Guión: Patricia Rozema. Fotografía: Daniel Grant. Música: Max Richter. Duración: 101 minutos. Productora: Rhombus Media / Bron Studios / A24 / Elevation Pictures. Montaje: Matthew Hannam, Jorge Weisz. Diseño de producción: Jeremy Stanbridge. Diseño de vestuario: Aieisha Li. Intérpretes: Ellen Page, Evan Rachel Wood, Max Minghella, Callum Keith Rennie, Michael Eklund, Wendy Crewson. Presentación Oficial: Festival Internacional de cine de Catalunya 2015.
    Feelmakers

    0 comentarios:

    Publicar un comentario

    "Sueñen. Vean cine."

    Críticas

    Festivales

    • El cine de Olivier Assayas. Una mirada a su filmografía

      Por Ignacio Navarro / «Todo lo que se necesita para hacer una película es una mujer y una pistola. Esta frase un tanto discutible (por lo sexista) la pronunció Jean-Luc Godard, nada menos que el estandarte de esa corriente tan identificable del cine como fue la Nouvelle Vague...».
    • Las 10 mejores películas de Luis Buñuel

      Por Alberto Sáez Villarino. «A pesar de lo que pudiéramos imaginar, movidos por la falta de preocupación de unos medios de comunicación con cierta tendencia a la holgazanería a la hora de catalogar los estilos y movimientos artísticos, el período surrealista de Buñuel fue considerablemente breve. En realidad, sólo dos películas entran dentro de los esquemas político-estéticos propuestos por André Breton: Un perro andaluz y La edad de oro...».
    • Monstruos que huyen, monstruos que persiguen, monstruos que observan: M, el vampiro de Düsseldorf

      Por Elisenda N. Frisach. «Fue a mediados del siglo pasado, cuando Europa se recuperaba de la Segunda Guerra Mundial mientras se encaminaba a una tercera contienda de alcance planetario –aunque esta vez marcada por un equilibrio del terror conocido como «Guerra Fría»–, que el historiador francés Daniel Halévy publicó su libro Ensayo sobre la aceleración de la historia (1948), donde, entre otras cosas, determinaba el espíritu de nuestra época; un zeitgeist marcado por la constante transitoriedad tecnológica y científica...».

    Classics

    [12][Trailers][slider3top]