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    Críticas | Irrational Man

    Irrational Man

    Murder he wrote

    crítica a Irrational Man (Woody Allen, 2015).

    «Hitler quiere ser derrotado. Hitler, de un modo ciego, colabora con los inevitables ejércitos que lo aniquilarán, como los buitres de metal y el dragón (que no debieron de ignorar que eran monstruos) colaboraban, misteriosamente, con Hércules». Jorge Luis Borges. Otras inquisiciones, 1952.

    Lo que Borges hizo con la cita anterior, de manera tan elocuente como de costumbre, es otorgar a Hitler una moral oculta tras la fachada monstruosa que todo el mundo conoce. Esta moral le correspondería por su condición de ser vivo, y estaría directamente relacionada con el conflicto existencial que se aprecia en los personajes de la novela de Dostoievski, por ejemplo en Stavroguín (Los endemoniados, 1872), que dio la espalda a la fe cristiana por la ausencia de castigo en un ejercicio delictivo, o en Raskólnikov (Crimen y castigo, 1866), quien buscó, como presuntamente hizo Hitler, su apresamiento para no perder la esperanza en la existencia de un orden justo. Woody Allen coincide con Dostoievski —y con Borges— al plantear que los culpables de un delito premeditado, de alguna manera, anhelan asumir la responsabilidad por lo que han hecho, aunque este sentimiento no venga del sincero arrepentimiento, sino de algo mucho más poderoso: el miedo a verse en medio de un mundo anárquico regido exclusivamente por las incompetentes fuerzas del orden terrenal. El mencionado Stavroguín llegó a incurrir en la maldad con el objetivo de demostrar la posterior intervención divina por medio de un castigo que, muy a su pesar, nunca llegaría. Asimismo, los personajes de Chris Wilton y Judah (Match Point, 2005 y Delitos y faltas, 1989 respectivamente), pese a salir indemnes de sus crímenes, se verán inmersos en una desesperada situación anímica al comprobar que no hay ni orden ni justicia en el mundo. Y aquí interviene uno de los factores clave, tanto en el cine de Allen como en la novela de Dostoievski, ¿Es la fe en sí misma un regulador de la justicia infalible? Queremos decir con esto que, tanto si existe un ser superior capaz de condenar a los mortales por sus malas acciones como si no, la sola creencia de su existencia forzaría al creyente a confesar sus pecados por temor a represalias mucho peores. Un ente divino que, además, también le protegería de verse víctima de una situación desagradable, evitando así la sensación de desamparo en el supuesto caso de un mundo sujeto al capricho del simple azar. “La fe es el camino más fácil” —Match Point—.

    El director neoyorkino realiza con Irrational Man una adaptación de la novela del escritor ruso, Crimen y castigo (ya utilizada con anterioridad de forma explícita —aunque no lineal como hace ahora— en la trama de Match Point), y lo hace variando las premisas éticas derivadas del ateísmo en las que se basaba: mientras el novelista decimonónico destacaba la participación de un orden moral subyacente al universo, Allen denuncia que tal orden no sólo no existe, sino que su ausencia demuestra la inexistencia de Dios. La ley está escrita y, por lo tanto, es exacta e inalterable. Por ello la presente cinta va un paso más allá de la simple exposición legal, al plantearnos un dilema acerca de lo que es moralmente aceptable fuera de los límites de esa legalidad o, si lo prefieren, sobre la maldad y sus posibles justificaciones. El proceso analítico y diegético recaerá, desde el comienzo, sobre el espectador. Por un lado, seremos los responsables de atender a las recurrentes crisis existenciales del protagonista, Abe, por lo que tendremos que llevar a la práctica todo lo aprendido sobre psicoanálisis —que no será poco si hemos seguido la filmografía de Allen—, para dibujar un cuadro clínico individualizado. Por otro, deberemos ser capaces de valorar si coincidimos con los motivos morales que mueven a Abe a ejecutar sus acciones. Irrational Man se mueve sobre esa sempiterna línea que divide el bien y el mal aunque, todo hay que decirlo, ese espacio fronterizo ha sido deliberadamente movido por el protagonista a su antojo. Por lo tanto, cualquier valoración estandarizada sobre sus intenciones resultará del todo infructuosa; se encuentra fuera de todo dictamen globalizado sobre el optimismo o el pesimismo, lo que nos muestra la película, y lo hace francamente bien, es de qué manera un individuo queda sujeto a su destino mediante la única intervención de su libre albedrío, como si efectivamente no existiera nada a su alrededor que pudiera condicionar sus movimientos.

    Irrational Man

    «La intriga de la trama, envuelta en una maravillosa fotografía y adornada con una acertadísima banda sonora, no sólo consigue mantenerse sin que se pierda un ápice de misterio e incertidumbre, sino que además va in crescendo hasta el apoteósico desenlace final».


    Como es habitual, el realizador recurre a los preceptos de la tragedia clásica a la hora de aportar la parte dramática a su obra que, en el presente caso, ocupará la mayor parte del metraje. La poderosa ambición que ha cegado a los hombres y los ha llevado a cometer los actos más deleznables, aparece en esta cinta a través de la búsqueda de la inspiración. El protagonista, un erudito profesor en horas bajas que ha llegado a un pequeño pueblo para impartir clases en la universidad, se siente inspirado con el mero hecho de fantasear cometiendo un crimen, vienen a su mente nuevas ideas y parece abandonar el profundo estado apático en el que lo conocimos por primera vez. A diferencia de los otros ejemplos anteriormente comentados, en los que el crimen se producía por la participación de elementos externos que amenazaban la cómoda vida de los protagonistas, Abe sólo se ve motivado por su perentoria supremacía asumida, recurriendo también a los preceptos de Dostoievski en tanto a la existencia de hombres superiores y justos cuyo buen juicio es suficiente para condenar y castigar a quien crean necesario. No se apreciará, en ningún momento, arrepentimiento o vacilación en sus acciones, ni temor por futuras contingencias inesperadas, ya que no cree en la existencia de ningún ser superior a sí mismo frente a quien tenga que claudicar. Las tareas divinas le han sido otorgadas a un grupo de terrestres en el que, por supuesto, él mismo está incluido, siendo libre para incurrir en excesos deontológicos a lo largo de la narración. Tanto el planteamiento de la acción como la edición audiovisual, quedan intachablemente ejecutados gracias al buen gusto que el director ha demostrado en cada una de sus películas. La intriga de la trama, envuelta en una maravillosa fotografía y adornada con una acertadísima banda sonora, no sólo consigue mantenerse sin que se pierda un ápice de misterio e incertidumbre, sino que además va in crescendo hasta el apoteósico desenlace final.

    Irrational Man

    «Allen manipula a su antojo de manera humorística las mayores preocupaciones de la sociedad con el propósito de seguir debatiendo sobre el amor, el azar y la propia condición humana».


    El azar, anulada la intervención de “terceras deidades”, es lo último que dictará el destino del ser humano. Y dado que, según el protagonista, la intervención de los súper-hombres es necesaria para el juicio definitivo de las personas, el propio Abe tendrá un protagonismo ineludible e involuntario en su suerte final, gracias a un objeto que de manera azarosa reaparecerá para darle la razón y, al mismo tiempo, enfrentarlo a sí mismo para que, por fin, pueda llegar a comprender la gravedad y el alcance de sus decisiones. En este punto el espectador habrá presenciado una serie de avatares, desde que el crimen fue cometido hasta su resolución, tras los cuales se verá capaz de decidir si permanecer del lado del profesor —hombre irracional—, o rendirse de una vez al sentido común. Allen manipula a su antojo de manera humorística las mayores preocupaciones de la sociedad con el propósito de seguir debatiendo sobre el amor, el azar y la propia condición humana. Personajes como Abe, prisioneros de sus obsesiones, son el reflejo de la visión que este genio del humor tiene sobre las relaciones personales y los condicionantes que gravitan a su alrededor. Y precisamente la risa, herramienta imprescindible de este explorador del lenguaje fílmico, provocada a partir de complejas situaciones disparatadas y dramáticas que parecen surgir de su pluma de manera natural y sin ningún tipo de esfuerzo, formando palabras inconexas que terminarán por unirse en un relato de total coherencia, sigue siendo el mejor regalo que una firma como la de Woody Allen nos ofrece con cada nuevo trabajo, con cada mala decisión de un personaje con el que nos sentimos identificados o con cada secuencia de amor, bajo la cálida luz de la luna, que consigue reconciliarnos con nuestro lado más romántico porque, sí, todavía le queda algo de magia a Hollywood. Disfrutémosla mientras dure. | ★★★★ |


    Alberto Sáez Villarino
    © Revista EAM / Dublín


    Irrational Man

    Otro tropezón de Woody

    crítica a Irrational Man (Woody Allen, 2015).

    Reconozco que las películas de Woody Allen me gustan sobremanera. He visto las 46 que ha firmado como director y el puñado que ha protagonizado. Me fascinaron Hannah y sus hermanas, Otra mujer, La rosa púrpura del Cairo y Annie Hall. Lloré de la risa con El dormilón y me produjo un gran desasosiego Crimes and Misdemeanors. Incluso a la bergmaniana Interiores le encontré su aquel. Y a pesar de que la lista sólo llega hasta el año 1989, tampoco milito en el pretencioso club que reivindica su primera filmografía como la única que merece la pena. Misterioso asesinato en Manhattan y Blue Jasmine son excelentes, y el suspense de Match Point te atrapa. Año a año, filme a filme, el cineasta neoyorquino ha hecho historia demostrando su maestría en la construcción de tramas, diálogos y personajes. Su voz es tan personal que hace tiempo salió de la pantalla y ya forma parte de nuestro imaginario, habiéndose convertido incluso en un adjetivo: existen situaciones allenianas o personas allenianas (por lo general, seres brillantes pero crónicamente insatisfechos).

    Y así llegamos al día de hoy. En Irrational Man, Abe (Joaquin Phoenix) es un profesor de filosofía que busca sentido a su existencia y termina encontrándola en el asesinato. El filósofo que tantas veces ha encarnado Allen bajo la deliciosa apariencia del hombre corriente, ahora cita de carrerilla a Kant, Simone de Beauvoir y Kierkegaard, y donde se esperaría que el director empleara la sutileza, aparece el libro Crimen y castigo abierto de par en par invadido de notas al margen del asesino, como en un thriller de serie B. Allen parece no haber aplicado esta vez la regla de oro de hacer al espectador sentirse inteligente. Abe tiene tantas grietas que Joaquin Phoenix consigue a duras penas mantener la cabeza a flote. A su favor juegan un gran talento y una mirada intensa y aspecto de inadaptado, que hacen que nos creamos al personaje alcohólico e iluminado. Pero antes de que el pobre Abe se tope con el asesinato y con su destino, se cruza Jill (Emma Stone), una alumna aventajada que (¡sorpresa!) se enamora perdidamente de él. Jill deberá elegir entonces entre lo que le dice la razón, es decir, quedarse con su novio que es la pura imagen del cariño y la estabilidad, y su corazón (por citar un órgano) inexperto. Dejamos a la imaginación del lector cuál es su elección. En el tercer acto, Jill, con ayuda de la vulnerable Rita (Parker Posey), también profesora del campus y también amante de Abe, ata cabos y descubre que su enamorado es en realidad un asesino. Mención especial merece el trabajo de Posey, que encarna con gran sensibilidad a una mujer desesperada por encontrar el amor verdadero.

    Irrational Man

    Ya estamos acostumbrados a que Allen presente en sus películas a parejas formadas por hombre maduro y mujer joven o, como en este caso, profesor y alumna y, sin entrar en el paternalismo que sugiere el estereotipo, lo siguiente que nos viene a la cabeza es la vida privada de Allen y el reflejo constante en su cinematografía. En Maridos y mujeres, también recreó la relación entre un profesor y su alumna de veinte años. En aquella ocasión, Juliette Lewis admiraba pero también cuestionaba intelectualmente a su profesor-amante lo que al final resultaba sexy y sugerente. Algo que en Irrational Man no ocurre. Por cierto, que en Maridos y mujeres se dio un giro de meta-narrativa asombroso cuando Mia Farrow (por entonces pareja del director) descubrió el affaire de Allen con su hija adoptiva y, a falta de pocas secuencias para terminar el rodaje (irónicamente las de la ruptura entre los personajes de Mia y Woody), la actriz decidió seguir adelante y terminar el filme. Lo demás no pertenece a la Historia del Cine sino a la judicial.

    Irrational Man transcurre en el campus y alrededores de la ficticia universidad de Braylin. El director de fotografía iraní Darius Khondji se pone de nuevo a las órdenes de Allen (tras Medianoche en París y Magia a la luz de la luna) para transformar en imágenes de forma soberbia los abruptos vaivenes emocionales de los personajes. Khondji nos lleva con gran armonía de la quietud de los pasillos universitarios a los escarpados paisajes de Nueva Inglaterra, consiguiendo que la fotografía sea sin duda uno de los elementos más destacables del filme. Rodada en Newport (una de las más ciudades más snob de la ya-de-por-si snob región de Nueva Inglaterra), a algunos periodistas parece haberles molestado el elitismo que desprende la película, e incluso han acusado a Allen de ser incapaz de retratar a “personas normales”. Quizá sea cierto que los personajes de sus últimas películas poseen un tufillo más conservador que los de hace 30 años. Pocas personas llegan a los 80 sin aburguesarse, y Allen no es uno de ellos. Sin embargo, también cabe argumentar que el elitismo intelectual siempre ha sido un denominador común de sus películas, transcurrieran en un inmenso loft de artista o en una mansión frente al mar, y que no parece que Allen tenga la más mínima intención de retratar lo contrario con su cine. Quizá tenga que ver con el complejo de “clase media americana” que tantas veces ha confesado, la última en julio de este año ante los micrófonos de la radio pública de Nueva York. En la entrevista, Allen también dijo que aún le queda tiempo para hacer su mejor película. Esperamos que así sea. | ★★ |


    Inés Esteban González
    © Revista EAM / Nueva York


    Ficha técnica
    Estados Unidos, 2015, Irrational Man. Director: Woody Allen. Guion: Woody Allen. Productor: Letty Aronson. Productoras: Sony Pictures Classics / Gravier Productions. Fotografía: Darius Khondji. Montaje: Alisa Lepselter. Reparto: Joaquin Phoenix, Emma Stone, Jamie Blackley, Parker Posey, Ethan Phillips, Julie Ann Dawson, Mark Burzenski, Gary Wilmes, Geoff Schuppert, David Pittu, Steven Howitt, Kaitlyn Bouchard, Ana Marie Proulx, Kate McGonigle, Tamara Hickey. Presentación oficial: Festival de Cannes 2015.

    Póster: Irrational Man
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