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    Crítica en serie | Louie (Temporada 5)

    Louie (Temporada 5)

    La magia del autor total

    crítica a Louie (2010-) | Quinta temporada.

    FX / 5ª temporada: 8 capítulos | EE.UU, 2015. Creador: Louis C.K. Director: Louis C.K. Guionistas: Louis C.K., con Pamela Adlon, Robert Smigel y Steven Wright como argumentistas. Reparto: Louis C.K., Ursula Parker, Hadley Delany, Pamela Adlon, Robert Kelly. Fotografía: Paul Koestner. Música: Matt Kilmer & Sweetpro.

    Las expectativas alrededor de la quinta temporada de Louie eran muy altas. Tras la ambiciosa cuarta entrega, compuesta de múltiples historias en partes y donde el creador/director/montador/protagonista experimentó con el formato y el tono, los espectadores no sabíamos qué esperar de la nueva tanda, la más corta hasta la fecha (se reveló hace poco que esto se debe a que C.K. había decidido retrasar del rodaje pero en el último momento cambió de opinión, lo que le costó un buen pellizco en el presupuesto). El resultado se puede considerar una mezcla entre el tono más episódico y fraccionado de los orígenes de la serie y un paso más adelante en la confianza de un hombre que definitivamente está en su mejor momento creativo. 61 episodios después, la imprevisibilidad sigue reinando en Louie, dicho esto como el mayor de los cumplidos y como prueba de la madurez en la mirada cómica al mundo de un humorista de profesión y padre de corazón, que solo trata de navegar por la vida y a cada paso lidia con las cosas que van surgiendo. Estamos ante una serie capaz de hacer que un ataque de diarrea sea una épica carrera contra el tiempo y que la muerte más estúpida nos deje indiferentes. Y eso tiene mucho mérito.

    La continuidad siempre ha sido algo con lo que C.K. juega abiertamente si por el camino es capaz de ofrecer algo interesante, sin importar que el resultado sea contradictorio al aplicar la lógica. La temporada anterior se despidió con Louie y Pamela como pareja, y esa decisión sí se respeta y avanza, así como la presencia en el edificio donde el protagonista vive del doctor Bigelow (un extraordinario Charles Godrin). Pero con la misma se recupera a la figura de Bobby como hermano de Louie, algo que llevaba temporadas sin usarse, a pesar de que Robert Kelly ha seguido interviniendo en la serie. Lo mejor de esta opción narrativa, que comprensiblemente frustra a algunos espectadores, es que hace que todo tenga cabida en Louie pero sin que se pueda acusar de capricho injustificado. Esta temporada ha tratado sobre las inseguridades de las mujeres embarazadas, las responsabilidades de los padres (separados o juntos), la vida de un cómico en plena gira, las cargas extrafamiliares, la dificultad de estar en una relación o los trastornos del sueño. Temas dispares pero que a través de la mirada del hombre-orquesta y sus guionistas/asesores (no solo Adlon, sino esta vez Robert Smigel –que experimentó la infernal noche con policía desastre que aquí se recoge en Cop story (5.3)– o Steven Wright) da lugar a puro oro televisivo. No necesariamente cómico, pero sí trascendental, y lo mejor es que esto se logra sin pretensiones desmedidas. La sencillez, que no simpleza, con la que las ideas –algunas muy complejas– son expuestas en este impecable producto hace que la audiencia entre en una suerte de hipnosis ante la que uno se maravilla por lo visto.


    «Louie se despide tras habernos contando un poco más de la mente maestra que está detrás de cada segundo de metraje (directa o indirectamente), de sus miedos e inseguridades, de su vida como ser humano que mira fascinado el mundo que le rodea, y que es capaz de traducir sus observaciones a imágenes e ideas siempre inesperadas, que dejan boquiabierto».


    Es complicado escribir sobre la genialidad de Louis C.K. porque es como un gran mago cuyos secretos es mejor no desvelar, que a veces incluso son inescrutables pero aun así fascinantes. Su talento para decir lo justo en unos diálogos de magistral banalidad, que las escenas o historias nunca duren más de lo debido y la capacidad para aunar absurdo (la historia del tío Bobby en blanco y negro, los nombres de las amigas de Jane), lo insospechado (la brutal paliza, la pistola perdida) y hacer un comentario social (la niña musulmana, el miedo a las nuevas generaciones) son dignos de todo elogio, y si acaso hacen que la temporada se termine y nos quedemos con ganas de más. El tono de Louie, a medio camino entre lo divertido y lo serio, con profundas cargas de melancolía, es uno que trae una extraña paz, una calma que hace que los 22 minutos de rigor por episodio sean una experiencia reconfortante. Con los años, C.K. y su equipo han depurado más su apuesta visual (todo lo que se pueda está rodado ya en plano-secuencia y el trabajo de iluminación de Paul Koestner y su equipo es maravilloso) hasta crear un patrón plenamente identificable. Una seguridad que se extiende al propio C.K., cada vez mejor actor y dispuesto a ir a lugares nada fáciles en busca de un momento de nivel (la sesión de intercambio de roles con Pamela), pero también a lo que escribe para sus hijas en la ficción, Jane y Lilly, interpretadas por unas estupendas Ursula Parker y Hadley Delany, que asumen los retos de complejidad y gracia que su jefe les planta con un aplomo admirable. Con una nueva tanda extraoficialmente asegurada, y la absoluta libertad que FX le lleva dando desde 2010, Louie se despide tras habernos contando un poco más de la mente maestra que está detrás de cada segundo de metraje (directa o indirectamente), de sus miedos e inseguridades, de su vida como ser humano que mira fascinado el mundo que le rodea, y que es capaz de traducir sus observaciones a imágenes e ideas siempre inesperadas, que dejan boquiabierto. Louis C.K. es un gran cronista de la realidad, y somos muy afortunados de que tenga un escaparate durante unos meses al año –más su monólogo anual– para exponerlo. A por la sexta entonces. | |

    Adrián González Viña
    Redacción Sevilla


    El fulgor efímero

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