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    Crítica en serie | Alpha House (Temporada 2)

    Alpha House

    Los memos que nos gobiernan

    crítica a Alpha House (2013-) | Temporada 2

    Amazon | 2ª temporada: 10 capítulos | EE.UU, 2014. Creador: Garry Trudeau. Directores: Michael Mayer, Andrew McCarthy, Michael Pressman, Jann Turner, Bob Balaban, Antoine L. Douaihy, Adam Bernstein. Guionistas: Garry Trudeau, Will Graham. Reparto: John Goodman, Clark Johnson, Matt Malloy, Mark Consuelos, Yara Martínez, Alicia Sable, Brooke Bloom, Julie White, Ben Rameaka, Natalie Gold, Amy Sedaris, Kobi Libii, Wanda Syker, Willa Fitzgerald, Janel Moloney, Lila Newman, Tony Plana, Penn Jillette. Fotografía: Patrick Capone. Música: Anton Sanko.

    Primera serie de Amazon en conseguir una segunda temporada, Alpha House es una extraordinaria comedia sobre los entresijos del partido republicano que, al contrario que Veep (2012-) o House of cards (2013-), también magníficas en lo suyo, trata del presente real, con referencias directas a personas y una pléyade de cameos de personalidades políticas y de los medios. Todo para dar una conseguida sensación de verismo, que parte de la experiencia del estupendo creador Garry Trudeau, caricaturista y experto en sátira política. Flamante Premio Pulitzer por su trabajo en las tiras cómicas, Trudeau exhibe en la serie una talento especial para el chiste nada obvio, el humor contado desde la mayor seriedad y el reflejo de lo inherentemente absurdo que trae el trabajo de un político, y más en un momento como el actual, donde el escrutinio público nunca termina. El creador cuenta las andanzas de cuatro senadores que comparten piso en Washington, con perfiles públicos y personalidades completamente opuestas. Todos tienen sus tramas independientes, pero también cruzan los destinos en más de una ocasión. El mérito del creador, cuya sala de guionistas está formada de asesores expertos en los temas tratados para terminar de retocar las historias, es equilibrar las muchas cosas que pasan en los 25/30 minutos de rigor por episodio sin que nada ni nadie esté descuidado y todo tenga sentido. Si ya la primera temporada era un prodigio de humor, inteligencia, sorna y lucidez, la segunda es la confirmación del tono y la aplastante seguridad que da un trabajo muy bien hecho.

    Esta nueva tanda, que a diferencia de la primera se ha estrenado al completo el mismo día, retoma la acción de nuestros protagonistas en línea recta, siguiendo el devenir de sus vidas y las circunstancias profesionales en las que se encuentran. La gran diferencia es que se acercan las elecciones a sus puestos en el Senado, de manera que una de las grandes historias será ver a Gil John combatir más seriamente al coronel Grimmel por el escaño de Carolina del Norte; a Louis aguantar las ocurrencias de Penn Jillette por el puesto en Nevada y a Robert sufrir en el último momento por un sorprendente contrario por su escaño de Pennsylvania. Cada una de esas campañas, unida a la trama de Andy y su “Gaffergatte” y posteriores consecuencias de su adicción al sexo, sirven para evidenciar lo ridículo de una profesión ejercida sin el ánimo de servir al pueblo. Al pueblo que elige, para más inri. Mientras el mundo se mueve a su alrededor, estos empleados públicos van a la oficina, lidian con la prensa, intercambian favores, mienten con una sonrisa falsa y ponen trabas a Obama. Que John McCain se haya prestado a hacer de sí mismo en The retreat (2.6) da una idea de la popularidad de la serie en el Capitolio, y es que su tono de cachonda seriedad es irresistible. Con unos perfectos John Goodman, Clark Johnson, Matt Malloy y Mark Consuelos liderando un reparto impecable, mezcla de gente con diferentes grados de popularidad, los personajes nunca parecen caricaturas (el soaking es real, que sea una memez es culpa de los mormones). La escritura y la música de Anton Sanko lo podrían propiciar, pero se nota que Trudeau está en plena simbiosis con su gente de casting y el tono elegante del conjunto es casi otra arma cómica.

    Alpha House

    Cada nueva entrega es una delicia, trufada de ocurrencias y estupefacción ante las cosas que van pasando, todas plausibles pero pasadas por el filtro de la comedia política. Sabiendo que las comparaciones iban a suceder, Trudeau no esconde las similutes con la camino de convertirse en clásica El ala oeste de la Casa Blanca (1999-2006), hasta el punto de que ficha a la gran Janel Moloney (Donna en la serie de Aaron Sorkin) en esta temporada y la pone a discutir con Bradley Whitford (Josh en la susodicha serie) en una escena genial. Sobre todo porque la dinámica de los personajes no podría ser más diferente. Lo que ambas series comparten fuertemente en la sensación constante de credibilidad, pero Alpha House pone más énfasis en sus aristas de comedia del absurdo (el encierro a raíz del incidente con el arma) porque al fin y al cabo lo que más desea es hacer reír. Y lo logra. Tiene gracia el pasotismo de Gil John, la lucha interna contra su homosexualidad de Louis, la crisis de Robert tras un entendible divorcio y la capacidad de Andy de negar(se) lo evidente. Tiene más gracia aún el circo que montan sus ayudantes, secretarios y fauna y flora del Washington republicano, no exclusivos a esa opción ideológica pero sí identificados con ella sin miedo. La cuota demócrata se ha visto reducida con la ausencia del personaje que interpretó Cynthia Nixon en la primera tanda, pero sí persiste la senadora Rosalynd (una sorprendente Wanda Sykes), vecina de los protagonistas y potente fuerza cómica de lengua afilada. En otras palabras, la serie apoya su jugosa premisa pero no la usa como panfleto ni como crítica facilona de uno u otro bando. La intención es otra, mucho más enriquecedora. El ya nombrado Jillette, mago y comediante, abre el final de temporada con un monólogo que es oro puro, y que expone con claridad el diagnóstico del creador sobre el payaseo que deviene en muchas ocasiones de la política y su cobertura mediática.

    Si durante buena parte de la temporada la evolución de las cosas está graduada a la perfección, en los últimos episodios sí se nota un poco más la mano de los guionistas, sobre todo en la creación de un cliffhanger algo forzado. Cuando se acostumbra al espectador a un alto nivel de calidad, se nota cuando la traza del guionista es más evidente, cuando algunas costuras se ven. Aunque la idea que vertebra The nuptials (2.10) es genial (casi toda la cúpula republicana usa la boda entre dos empleadas como lavado de cara público), cuesta creerse que Julie y Katherine, las novias, se muestran pasivas ante todo esto, por mucho que lo orqueste el jefe de una de ellas. Lástima que esto resquebraje la redondez de una temporada espléndida, que pone un alto listón para las comedias inteligentes y que confirma, una vez más, que un creador con las cosas claras y la libertad suficiente es capaz de hacer algo especial. Algo que dure, tocado por el genio de la tradición del historietista como perfecto cronista de la realidad. Que Amazon renueve Alpha House es imperativo, porque funciona como oasis en una parrilla, la televisiva, cada vez más desierta de genuino talento. | |


    Adrián González Viña
    redacción Sevilla


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