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    Cannon Films

    Charles Bronson, Death Wish

    No son bestias, son algo peor: ¡son humanos!

    crítica a Cannon Films, de Pedro José Tena et al. | editorial AppleHead Team, 2014.

    Un rostro como un pedazo de granito por entre cuyos labios salen escupidas palabras tal que puñetazos. Un caminar lento pero firme y decidido que hace retroceder espantados a punkis macarras que se retuercen amenazantes con poses dignas de acróbatas del Circo del Sol. Pistolas como cañones que dan en el blanco siempre a la primera, pero para rematar al cadáver mejor disparar una segunda al cuerpo inmóvil. Callejones sucios infestados de ratas y maleantes. La ciudad está enferma y debe ser sometida a una expeditiva cura. Y para esto no hay nadie mejor que Charles Bronson, el justiciero solitario, el vigilante de la moral, los buenos modales y la educación. Eso sí, todo trufado con la mayor de las incorrecciones políticas imaginables hasta el punto de que el panfleto típico de la era Reagan acaba por hacerse hasta simpático por comparación con los mediocres, vacíos y estupidizados tiempos actuales. Es una típica película de la Cannon, productora que vivió su esplendor y decadencia a lo largo de la década de los años 80 bajo la directriz implacable de Menahem Golan y Yoram Globus.

    Chuck Norris, Jean-Claude Van Damme, Michael Dudikoff, Sylvester Stallone o el mentado Bronson fueron sus cabezas de cartel, héroes de una pieza para los que la justicia es la que ellos deciden que sea y quienes se oponen a ella merecen morir como gusanos. Pero algo más anidaba en el corazón de estos primos judíos: el anhelo de ser amados por la crítica y los intelectuales, de coronar su carrera como productores con la mayor cantidad de premios de prestigio posibles, en fin, un sueño de productores a la antigua, como los Harry “King” Cohn, Carl Laemmle o Samuel Goldwyn, aquellos que siempre buscaron el éxito en las salas, llegar al gran público en masa, pero sin dejar a un lado una extraña pasión que los llevaba a desear realizar películas de postín que dieran lustre a sus productoras. Golan y Globus también querían el respeto que da entre los entendidos el realizar películas de autor. Sólo eso explica que en medio de sus exploitations aparezcan títulos firmados por John Cassavetes o Jean-Luc Godard, por citar a los dos que más podían agradar a esa crítica que se mareaba y sufría vahídos con sus otras películas. Pero, como indica con sabio humor Pedro José Tena en la magnífica primera parte del libro dedicada a la historia de la productora cinematográfica Cannon, cuando estos directores de prestigio trabajaban para Menahem y Yoram se las apañaban para realizar sus peores trabajos. Da la impresión de que el mismo Bronson hubiera visitado estos rodajes y, arma en mano, hubiera obligado a estos apestosos intelectuales que se dejaran de memeces y no subieran el listón de calidad: que se jodieran esos putos críticos. Aquí la única opinión válida era la suya, y la suya estaba a la altura de la que podemos encontrar entre los asiduos de facebook que lo resuelven todo con un “esto es una mierda” o un “vaya truño” al tiempo que despotrican contra los críticos serios a los que no les gusta nada. No, yo tampoco lo entiendo. Pero así es la vida. A veces intentar comprender las cosas es peor que tener que vivirlas.

    Over the Top
    Yo, el halcón (Over the Top, Menahem Golam, 1986)

    Cannon Films es el libro con el que la joven editorial AppleHead Team pretende hacer realidad la publicación de libros sobre cine dedicados a productoras, cineastas y películas que por lo general no son los habituales en las librerías de nuestro país. Aunque ya anuncian, junto a un volumen dedicado a películas de artes marciales (Golden Ninja Operation: los secretos de la IFD y la Filmark, de Jesús M. Pérez Molina), una novela de terror (Tormenta sangrienta, de Tony Jiménez; a día de hoy no ya un anuncio, sino una realidad): parece que no se detendrán sólo en el ámbito cinematográfico. Este primer volumen dedicado a la Cannon, del cual ya prometen una segunda entrega, se abre con el ya citado sensacional estudio histórico de la productora. Nuestro compañero de redacción en El antepenúltimo mohicano y auténtico guerrero espiritual al frente de la excelente página web Retumbarama, Pedro José Tena, escribe sin que le tiemble el pulso a ritmo de Browning calibre 30 un fascinante repaso al devenir de la historia de la productora, que no deja de ser la historia de Menahem Golan y Yoram Globus, sus dos jerifaltes tan sinceros amantes del cine como de los trapicheos y trápalas sin fin de los que eran capaces con tal de asegurarse el dinero para su siguiente película o bien para hacerse con algún que otro premio de prestigio en festivales con marchamo de insobornables hasta que llegaron ellos. La verdad es que este capítulo se lee casi sin aliento: parece un relato de aventuras protagonizado por dos productores locos con las maneras y modos de los grandes clásicos de Hollywood, esos a los que en sus corazones deseaban imitar aunque para ello tuvieran que labrarse un camino a base de balazos y billetes.

    Delta Force
    Delta Force (Menahem Golam, 1986)

    La segunda parte del libro está conformada por una selección de las mejores películas de la productora, o al menos de las más famosas, acompañadas del correspondiente análisis crítico. Doce autores se reparten esta tarea y el resultado por fuerza deviene algo irregular. Críticas razonadas e inteligentes, perfectas para que profanos como yo podamos aventurarnos con interés y también con diversión en el loco mundo de la Cannon, con otras más al estilo Club Megatrix (¿Quién es el mejor? ¡Chuck Norris!, ¿De quién son las mejores películas del mundo? ¡De Chuck Norris!, ¿Cómo están ustedeeeeees? ¡Pues muy Chuck Norris!), perfectas para el lector convencido pero algo aburridas y rutinarias si lo que uno desea es conocer los entresijos de estos filmes destacados. Tampoco importa demasiado: el tono general, sin renunciar nunca al estudio pormenorizado, es el de homenaje y risas aseguradas. Resulta un gustazo leer y revisar alguna de sus películas. Vistas hoy, la verdad es que hasta se antojan inocentes en su mensaje lineal y sin dobles sentidos, en su violencia asilvestrada y eficaz, en su incorrección libre de paños calientes y su atrevimiento al acometer todo tipo de producciones. El volumen se cierra con una entrevista a Menahem Golan y tres apéndices de los cuales destaca el dedicado a las películas que la Cannon nunca llegó a realizar. Si después de todo esto, además me ha animado a ver al fin esa magnífica película que es El tren del infierno (Runaway Train, Andrei Konchalovsky, 1985), sólo puedo confesar estar agradecido por su lectura. Así que haceos con él: es una obra necesaria. Y su pasión es contagiosa.

    José Luis Forte
    Redacción Cáceres


    Cannon Films
    Cannon Films
    varios autores (2014)
    editorial | AppleHead Team
    ISBN | 978-84-697-1568-0
    precio | 16,90 €
    nº de páginas | 406
    encuadernación | rústica
    colección | La generación del videoclub, 1
    ★★★★
    El fulgor efímero

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