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    Crítica | 300: El origen de un imperio

    300: El origen de un imperio

    Bollería industrial o comida rápida

    crítica de 300: El origen de un imperio | 300: Rise of an Empire, de Noam Murro, 2014

    Nos gusté o no, Zack Snyder ha estandarizado una firma visual muy reconocible que consigue hacer atractiva cualquier producción que sale de Hollywood. Hasta tal punto lo ha hecho que los estudios ya no se preocupan por tener al cineasta detrás de las cámaras si en su lugar consiguen a alguien competente que anule completamente su estilo para poner su nombre (y seguramente una nómina muy barata) en los créditos de un filme concebido para seguir explotando una idea efectiva y popular. La de la fantasía histórica contada al ritmo de los beats de algún dj metido a compositor de banda sonora y una concepción visual deudora de la obligada Matrix. Cualquier batalla es buena para hacer una película, bien lo saben en prácticamente cualquier país que produzca cine. 300: El origen de un imperio llega algo trasnochada, ocho años después de que Gerard Butler coronara su carrera con el que ha sido uno de los papeles con los que siempre se le relacionará. Y tampoco sabemos cuan positiva puede ser está afirmación si tenemos en cuenta el contexto de lo que ha sido su filmografía, pero es un hecho y su Leónidas ha dejado huella, convirtiéndose en carne de parodia. Pocos largometrajes pueden presumir de haber sido los causantes de una buddy movie entera ellos solos, cuando sabemos que normalmente las excusas para estas películas suelen ser un cúmulo de obras de renombre estrenadas en los últimos dos años de las que se saca jugo a base de reírse de ellas. Por eso, insistimos, uno debe saber reconocer el valor de ciertas cintas por mucho que estas sean fácilmente cuestionables. Y mal que pese, 300 ha sido ha marcado gran parte de las producciones triple A (que se dice ahora) de Hollywood. Su secuela, etiquetada como spin-off ya que sucede paralelamente al primer filme, llega ahora, sin Butler, con algo de Lena, y con mucho de Eva Green, para intentar cubrir el hueco que han dejado ya otras obras de la misma línea como Immortals de Tarsem Sigh o los desacertados remakes de Furia de Titanes.

    Noam Murro, el nombre que figura como director de 300: El origen de un imperio, ya entregó una primera carta de presentación a la industria americana en 2008 titulada Gente inteligente, comedia realizada para mayor gloria de su casting principal encabezado por Sarah Jessica Parker, Dennis Quaid y la jovencita del momento, Ellen Page. Aunque pasó sin pena ni gloria, Murro puede estar contento. Ha conseguido asociar su nombre a una predecible saga de alma taquillera. En este caso, la visualización digital de la Batalla de las Termópilas, contada con por una versión algo descafeinada del Gerard Butler del primer filme, en este caso el general Temístocles, empeñado en su lucha por una Grecia unida, interpretado por la tableta de Sullivan Stapleton, aunque sin el mismo carisma. Eso lo aporta a grandes dosis la némesis de esta guerra, Eva Green como Artemisia, la endurecida comandante del ejército persa, tan sensual como peligrosa, dirigiendo una armada naval que regalará a las pantallas IMAX unas buenas ventas en palomitas. Y será con razón. Esta secuela entrega lo que se espera de ella, ni más ni menos. Uno debe valorar una cinta como esta en su debido contexto. Sacarla de ahí no sería justo y no se deben caer los anillos a la hora de reconocer cuando una obra ha sabido entretener sin resultar demasiado seria o solemne, y este es el caso. En una hora y cuarenta minutos a Murro le da tiempo a contar hasta cuatro batallas diferentes. Todas infladas con esa esquizofrenia visual que casi acaba condenando a Sucker Punch con esa alternancia constante del socorrido recurso del ralentí. Hay sexo, y Eva lo da, hay cuerpos esculturales, tanto masculinos como femeninos. También está Rodrigo Santoro con ese inconfundible conjunto carnavalero que no desentonaría en determinados ambientes, aunque en esta ocasión con algo más de contención que en el primer filme, donde la ambigüedad sexual era algo consciente, por mucho que Snyder se empeñara en reconocer lo contrario. Es cierto que ese plus de comicidad, puede que algo involuntaria, se ha perdido en esta ocasión.

    300: El origen de un imperio

    300: El origen de un imperio no resulta tan sorprendente como su primera parte, cosa evidente a estas alturas, cuando el público ya ha sabido asimilar desde hace tiempo la factura visual que en su momento presentó el filme de Snyder, y que fue parte del éxito de aquella cinta. Aun con todo, hay que reconocerle un saber hacer en el 3D, cita obligada en una película como ésta, pues es evidente que ha sido concebida desde el principio para mostrarse en ese formato antes que en ningún otro. La planificación de escenas está pensada para lucirse en él, para llamar la atención. Planos cenitales y numerosos planos generales de ejércitos navales en alta mar, personajes a contraluz de una ciudad ardiendo, y por supuesto chorretones de sangre digital saltando hacia la cámara con insistencia, literalmente. Todo bañado en un tratamiento de luz imposible, con ese vaho dorado que ya estandarizó la primera película. Diálogos algo grandilocuentes, un afán de pasarlo bien sin demasiadas pretensiones, aunque algo de falta de comicidad, y una dirección correcta, de la que honestamente sobra hablar, pues se intuye que esto es un trabajo de fábrica, realizado en serie y sin manufactura específica. El trabajo de adaptación es correcto, y Snyder puede congratularse de tener ya su propia saga en camino. 300: El origen de un imperio termina con una intención evidente de continuar la historia, esta vez con el pleno protagonismo de una Lena Heady metida en faena, lejos de aquella actriz semidesconocida que empezó a llamar la atención en El secreto de los hermanos Grimm y que ahora disfruta del éxito televisivo de la mano de su incuestionable Cersei Lannister. Murro y Snyder le pasan el testigo, y seguramente lo recogerán en un par de años, en otro filme como este: continuista, cumplidor y prefabricado. Cuando a uno le apetece un bollo industrial, se lo come con gusto a pesar de no ser artesano. Es legítimo. De vez en cuando a todos nos apetece una hamburguesa. | ★★★ |

    Gonzalo Hernández
    redacción Madrid

    Estados Unidos. 2014. Título original: 300: Rise of an Empire. Director: Noam Murro. Guión: Zack Snyder, Kurt Johnstad (basada en la novela gráfica “Xerxes” de Frank Miller). Intérpretes: Sullivan Stapleton, Lena Heady, Eva Green, Rodrigo Santoro, David Wenham, Hans Matheson, Callan Mulvey, Jack O'Connell, Andrew Tiernan, Igal Naor, Andrew Pleavin. Banda sonora: Junkie XL. Fotografía: Simon Duggan. Productoras: Warner Bros, Legendary Pictures, Cruel & Unusual Films, Atmosphere Entertainment MM, Hollywood Gang Productions. Fecha de estreno oficial: 5 de Marzo de 2014 (Bélgica, Suiza, Egipto y Francia). 

    300: El origen de un imperio póster
    Feelmakers

    2 comentarios:

    "Sueñen. Vean cine."

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