Círculo identitario
crítica a Yo no soy él (Ben O Değilim, Tayfun Pirselimoglu, Turquía, 2014)
En un momento de la cinta, cuando ambos protagonistas están sentados en el sofá frente al televisor, ella le comenta que lo que están viendo es mentira, que los que aparecen en pantalla son solo actores y que, por tanto, están actuando. Nihat y Aysa, los protagonistas de la película turca Ben O Değilim («yo no soy él»), son lo mismo para nosotros. Es un trato tácito entre el espectador y el autor: aceptamos el mundo de ficción propuesto y le damos el beneficio de la veracidad para disfrutar de la historia. Los mismos protagonistas del universo ideado por el Tayfun Pirselimoglu desmoronan las reglas de un juego del que ellos mismos son partícipes. Puede que este hecho sea simplemente un simple guiño divertido; o también podemos leer entre líneas y entender que el realizador nos está diciendo que esto es solo otro divertimento, que hay tanta realidad como nosotros, los espectadores, queramos y que sus mentiras (o verdades) son relativas y dependen del nivel de implicación de cada uno. Y esta última idea está presente en la cinta: hay tanto cine en el quinto largometraje de Pirselimoglu que las referencias que extraemos de ella dependen de la experiencia de cada espectador al visualizar el filme.
La primera referencia, y la más clara de todas, la tenemos en el clásico de Hitchcock, Vértigo. Los cambios de identidad y la creación del conflicto a través de los doppelgänger tienen un claro precedente en la historia protagonizada por James Stewart y Kim Novak. Si bien es interesante esta revisión del clásico y su actualización y adaptación a tierras turcas, finalizar aquí el análisis formal de la cinta sería quedarse corto. La sombra de la historia hitchcockiana es alargada en la confección del guión, pero el estilo y puesta en escena que despliega Tayfun Pirselimoglu poco tienen que ver. La limpieza del plano, totalmente desprovisto de elementos superfluos o de un acercamiento extraño, indaga en la aburrida cotidianeidad de los protagonistas para romperla a través de situaciones ridículas. Los personajes se ven abocados a los límites de su desgraciada existencia desde lo cómico y lo grotesco, incluso desde la caricatura de sí mismos. La impasividad que demuestran frente a los hechos, y en general frente a la vida, junto su falta de empatía hacia sus propios sentimientos dibujan la ausencia total de identidad. La nitidez en la composición de la escena y del plano y esos tintes grotescos de ridiculización del personaje acercan el resultado al estilo de los Coen, pero con una sensibilidad y un tempo en la contemplación de las situaciones y los personajes totalmente distintas al pulso de los hermanos. Pirselimoglu consigue aunar de manera sutil rasgos del cine clásico, sobre todo en su estructura y en la concepción del guión, con otros del cine contemporáneo para construir una película de múltiples capas que, tal y como comentábamos al principio, le confiere de tantas lecturas y referencias como el espectador quiera.