Pasado equivale a Vendetta
crítica de Betibú | dirigida por Miguel Cohan, 2014.
Para obtener altas dosis de entretenimiento, intriga y expectación, nada mejor que un thriller argentino en noche de viernes. Betibú, estreno este fin de semana en cartelera española, nos ofrecía, a priori, un plato suculento con el descubrimiento de un crimen violento como ingrediente principal, aderezado con los cabos sueltos de un pasado inquietante y condimentado con los tejemanejes propios de una redacción periodística. Este filme de género, dirigido por un Miguel Cohan que se ganó el favor de crítica y público hace cuatro años con su ópera prima Sin retorno (2010), pausa aquí el incesante ritmo de su creación anterior para masticar un drama psicológico más lento. Filmado de manera soberbia, se muestra muy fiel a los conflictos y la crítica que prevalecen en el fondo de la novela homónima en la que se basa, firmada por Claudia Piñeiro. El origen de los crímenes en cadena y de la investigación (simultáneamente policial y periodística) lo hallamos en la muerte de un poderoso empresario llamado Pedro Chazarreta, degollado en su lujosa finca residencial La Maravillosa. Su empleada doméstica lo encuentra tieso, empapado en sangre y con un whisky a medio terminar, postrado en su sofá favorito, y enseguida la noticia se dispara por los principales medios de comunicación argentinos. Uno de los tabloide de mayor tirada del país, El Tribuno, decide complementar la investigación del nuevo encargado de la sección de policiales (un torpe pero decidido Mariano encarnado por Alberto Ammann) con la colaboración más intimista y literaria de Nurit Itscar (una expresiva Mercedes Morán). Esta prestigiosa escritora de novelas policíacas lleva años abocada al bloqueo creativo y decidida a no volver a empuñar la pluma, pero sus crecientes problemas económicos la obligan a aceptar la propuesta de Rinaldi, el director de la publicación (José Coronado), ex-amante con el que tuvo una relación apasionada y tormentosa hace algunos años. Así pues, la carismática Nurit se instala en el country residencial donde se perpetró el crimen, acompañada de sus dos mejores amigas, y comienza a escribir notas de cariz literario sobre el asesinato que salpica todas las portadas porteñas.