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    Gregory Jacobs
    Gregory Jacobs
    Magic Mike XXL

    Última parada: Myrtle Beach

    crítica de Magic Mike XXL (Gregory Jacobs, 2015).

    En los últimos tiempos, Channing Tatum ha demostrado que detrás de su carcasa de guaperas que levantó pasiones entre las quinceañeras que le descubrieron contoneándose al son de la música en la taquillera Step Up (Anne Fletcher, 2008) se esconde un solvente actor y, lo que es más importante, un tipo con inquietudes. De ahí que decidiera sacarle rentabilidad a sus experiencias como stripper en Tampa (Florida), oficio que ejerció a finales de los 90 cuando contaba la tierna edad de 18 años, para, con la ayuda del guionista Reid Carolin, confeccionar la historia de Magic Mike (2012). En aquella película, Alex Pettyfer encarnó al álter ego de Tatum, un joven al que se le abren las puertas del dinero fácil y el éxito entre las mujeres de la mano de Dallas, el dueño de un club de striptease de Tampa que apuesta por él para formar parte de su equipo de bailarines. El irregular Steven Soderbergh consiguió con este trabajo de encargo uno de sus mayores triunfos comerciales (la cinta costó 7 millones de dólares y recaudó 167 en todo el mundo), a la vez que sirvió para que a Channing Tatum se le fuese tomado más en serio como actor, encarnando a uno de los strippers que toman al muchacho como pupilo. De todos modos, quien se llevó los mayores parabienes de la crítica fue Matthew McConaughey como el carismático Dallas, trabajo por el que logró algunas importantes nominaciones a premios como el Independent Spirit al mejor actor secundario. Por su parte, Soderbergh, como acostumbra, se quedó a medio gas a la hora de explotar todo el potencial que existía en esta enésima visión del sueño americano, no profundizando en exceso en temas colaterales como las drogas, el sexo como moneda de cambio o la forma en que la ambición corrompe a las personas, tratados de forma algo ligera. Podría haber sido un Boogie Nights (1997) que cambiaba el mundo del cine porno por el de los bailarines eróticos pero, desgraciadamente, el realizador carece de la contundencia y la garra de Paul Thomas Anderson.

    Como los negocios son los negocios y la fórmula resultó altamente rentable, Warner volvió a dar luz verde a Tatum y Carolin para que escribieran una secuela en la que Soderbergh, pese a seguir ocupándose de la fotografía y el montaje, abandonada la silla del director en beneficio del menos lustroso Gregory Jacobs, cuyo currículum se reduce a Criminal (2004) —horrible remake americano de la argentina Nueve reinas (2000)— y Escalofríos (2007) —rutinario thriller terrorífico al servicio de Emily Blunt en sus inicios—. Magic Mike XXL (2015), en principio, puede ser tomada sólo como una secuela prefabricada para ganar más dinero a costa del público potencialmente femenino (y gay) que hizo del anterior filme un éxito. Sin embargo, sus creadores han sido lo suficientemente astutos como para no volver a meterse en terrenos peliagudos y apostar en esta ocasión por el lado más lúdico y superficial de la temática. Del mismo modo que sagas como las de Ocean´s Eleven o Fast & Furious no necesitaban de grandes guiones para funcionar, gracias al carisma de sus estrellas y un buen rollo que traspasa la pantalla y termina contagiándose al espectador, Magic Mike XXL consigue que los esquemáticos personajes de la primera película se vean más desarrollados y conecten mejor con la audiencia. Así, Tito (Adam Rodriguez), Tarzan (Kevin Nash), Big Dick Richie (Joe Manganiello) y el narcisista y sensible Ken (Matt Bomer), los chicos que en la primera Magic Mike se limitaban a poco más que lucir palmito generosamente, ven incrementado su protagonismo de manera notable en la secuela. En esta ocasión, el Mike interpretado por Channing Tatum vuelve a reunirse con sus colegas de baile —ya sin la batuta de Dallas, que huyó con su nuevo chico de oro a probar fortuna— , tres años después de haberles dejado en la estacada, para emprender un viaje por carretera hasta Myrtle Beach (Carolina del Sur), donde les espera una convención de strippers en donde presentarán el que, posiblemente, sea su último gran espectáculo antes de colgar los tangas. Esta excusa argumental le sirve a sus guionistas para construir una divertida road movie en donde una mayor cantidad de humor juega en detrimento de cualquier atisbo de la negrura de la película inaugural. Podría ser una decisión discutible la de inclinar la balanza definitivamente hacia lo erótico-festivo, pero, a la hora de la verdad, se revela como un auténtico acierto que acaba de un plumazo con los titubeos demostrados en la cinta anterior.

    por José Martín León
    julio 16, 2015

    Crítica | Magic Mike XXL

    por José Martín León | julio 16, 2015

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