|| Críticas | en Disney+ | ★★★☆☆ |
El origen del misterio en un panfleto. De Red a Bao.
José Amador Pérez Andújar
ficha técnica:
EE.UU., 2022. Título original: Turning Red. Dirección: Domee Shi. Historia: Domee Shi, Julia Cho y Sarah Streicher. Guion: Domee Shi y Julia Cho. Compañía: Pixar Animation Studios. Producción: Lindsey Collins. Distribución: Walt Disney Animation. Música: Ludwing Göransson.Fotografía: Mahyar Abousaeedi y Jonathan Pytko. Montaje: Steven Bloom y Nicholas C. Smith. Reparto: Rosalie Chiang, Sandra Oh, Ava Morse, Hyein Park, Maitreyi Ramakrishnan, Orion Lee, Wai Ching Ho y James Hong. Duración: 100 minutos.
«La literatura, según dicen, lo permite todo. Por lo tanto, yo podría hacerles (se refiere a sus personajes) dar vueltas hasta el infinito en la escalera de Penrose, ellos jamás podrían volver a bajar ni subir, harían siempre ambas cosas a la vez. Y, en realidad, ése es en cierto modo el efecto que nos producen los libros. El tiempo de las palabras, [...] petrifica los movimientos, hechiza y aturde».
Éric Vuillard. El orden del día (L’ordre du jour). Tusquets Editores. Colección andanzas.
Así que dispongámonos a buscar esos momentos que resalta el escritor lionés, a veces encapsulados en un plano y otras en una sucesión de los mismos, que fascinan y confunden. Empezaremos con el largo.
Red (
Turning Red, 2022) posee un momento deslumbrante. Nos sitúa en una encrucijada, revelándonos, y al mismo tiempo alertándonos, de lo genial que podría haber sido el relato si se hubiese mantenido en esa misma dirección, y no en otra que es como ha acabado. Una pequeña intersección donde por un lado, uno puede llegar a celebrar el disfrute de estar ante una prístina forma de contar una historia, como nos solía tener acostumbrados Pixar hace un tiempo, y por el otro, uno puede darse de bruces con un «cul de sac» panfletario.
Algo ha pasado con Meilin (Rosalie Chiang) la mañana en que se dispone a ir a su instituto. Hitchcock pareciese que la ha despertado en una secuencia maravillosa. El espectador sabe que lo que se acaba de desperezar no es un ser humano sino un panda rojo gigante, pero no los personajes ni los padres de Meilin, ni si quiera ella misma hasta que no llega al baño y se confronta con su propia imagen reflejada en el espejo. Nótese otro importante rasgo
hitchcockniano de atrezzo: la cortina de baño que sirve como resolutivo escondite y que de alguna manera nos recuerda a otra cortina de baño en blanco y negro. El suspense está servido, y si bien es cierto que no habrá una bomba a punto de estallar debajo de una mesa, la secuencia gira entorno a la construcción de esa idea. Pero la secuencia no se queda ahí, no es un simple homenaje marginal (extra)narrativo, lo asombroso es que avanza un poco más otorgando al momento un doble juego que funciona como mecanismo de relojería.
La situación llega incluso a hacer que la madre abra, literalmente, sus ojos como platos. Lo que está ocurriendo es tan grave que la mera pose de desconcierto escenifica una imposibilidad física: Ming (Sandra Oh) transformará sus rasgados ojos orientales en occidentales. No está mal, al fin y al cabo
Red no deja de ser una comedia «coming of age», pero qué pasa realmente, qué es lo que sucede para que en un ambiente, aparentemente seguro y controlado como el recinto familiar, se descubra este imprevisto. Pues eso, la narración no deja de jugar con un doble sentido. Por una parte está la transformación de una niña en mujer, proceso menstrual de por medio y que el título original también replica lúdicamente, y que es lo que piensa la madre que le está pasando a su hija en un primer momento, pero por otra se encuentra la mutación animal debido a una maldición milenaria que sufre el lado femenino de la familia. ¿Descubrirá Ming a su hija en forma de panda rojo? Y ¿cómo solucionará la papeleta la directora de la película?