|| Críticas | Karlovy Vary 2026 | ★★★☆☆
Fruit Gathering
Aung Phyoe
Recolectar imágenes del presente
Nacho Álvarez
ficha técnica:
Myanmar-Birmania, República Checa, Francia, 2026. Título original: «Fruit Gathering». Dirección: Aung Phyoe. Guion: Aung Phyoe. Presentación oficial: Sección Oficial Karlovy Vary. Compañías productoras: Arte Production, D1 Films, Third Floor Production. Fotografía: Thaid Dhi. Montaje: Emily Swe. Reparto: Nandar Myat Aung, Tin Tin Ei, Nandar Myint Lwin, Thida Soe Khant, Wutt Yee Kyaw, Htet Aung Lynn, Khet Suu Myat, Min Nyo, Zun Pwint Phyu. Duración: 98 minutos.
Myanmar-Birmania, República Checa, Francia, 2026. Título original: «Fruit Gathering». Dirección: Aung Phyoe. Guion: Aung Phyoe. Presentación oficial: Sección Oficial Karlovy Vary. Compañías productoras: Arte Production, D1 Films, Third Floor Production. Fotografía: Thaid Dhi. Montaje: Emily Swe. Reparto: Nandar Myat Aung, Tin Tin Ei, Nandar Myint Lwin, Thida Soe Khant, Wutt Yee Kyaw, Htet Aung Lynn, Khet Suu Myat, Min Nyo, Zun Pwint Phyu. Duración: 98 minutos.
En el Yangon industrial contemporáneo, una joven trabajadora (San Kyi) trata de compaginar sus largas jornadas laborales con las responsabilidades económicas de su casa, en la que convive con su abuela y su madre viuda, siempre con un ojo puesto en la posibilidad de dejar su vida atrás y volver al norte del país, su región natal. Cuando una nueva compañera (Theint Theint Oo) llega a la fábrica textil y comienzan a compartir tiempo juntas, San Kyi empieza a plantearse verdaderamente la posibilidad de edificar una vida fuera de la precariedad y la presión de encontrar un marido. La opera prima de Aung Phyoe (ganadora del Globo de Cristal de la edición de 2026) se presenta como una suerte de corolario de los temas planteados a lo largo de sus cortometrajes. Si bien Fruit Gathering (2026) es una continuación directa de Evening clouds (2022), obra que introdujo a los personajes de Theint Theint Oo y San Kyi, esta última ya interpretada por la actriz Nanda Myat Aung, también arrastra ese fantasma rural ligado al norte de Myanmar como lugar al que volver proyectado en Cobalt Blue (2019) y las implicaciones sociales del tránsito femenino a la edad adulta mediado por la represión familiar de Seasonal rain (2018).
El cineasta birmano compone así un relato cotidiano que mira directamente a la situación de los trabajadores, específicamente a las mujeres, y va poco a poco adentrándose en la intimidad de su protagonista, atravesada por el deseo queer que se hace visible con la llegada de Theint Theint Oo. Este juego entre el retrato íntimo y la radiografía social se estructura desde la relación de ambas, moldeada por los conflictos latentes en el país derivados de la situación de clase, la posición económica y el género. Los hombres quedan pues relegados prácticamente a un fuera de campo, evidenciando las dinámicas de autoridad femeninas en la capital, ejemplificadas aquí tanto en las figuras de la abuela y la madre que insisten en la necesidad de casar a su hija como en las capatazas de la fábrica y las compañeras de trabajo que luchan por la mejora de las condiciones laborales. Phyoe trabaja así sobre una sororidad que se muestra con todas sus aristas y usa el abanico relacional de su protagonista para exponer la inestable situación política del Myanmar contemporáneo, tomando como ejemplo la negativa de San Kyi a posicionarse a favor de la reducción de la jornada laboral por miedo a perder su empleo o la preocupación de su madre por que ella no repita sus propios errores. Los planos fijos, los escasos movimientos de cámara y el pausado ritmo de montaje van conformando la noción de registro de un presente concreto, en un metraje en el que abundan las horas de trabajo, los traslados en transporte público y las dificultades diarias a las que se ve sometida San Kyi. Unido a ello, el formato estrecho elegido (con una relación de 4:3) favorece el uso del plano medio, que encuadra juntas a las dos protagonistas en casi todo momento y comprime el espacio filmado reduciéndolo prácticamente a aquello que orbita alrededor del cuerpo de San Kyi (su puesto de trabajo, su habitación o el pequeño cubículo que alquila después).
En esta atmósfera guiada por los gestos y las miradas que componen la relación de ambas –sostenida por la ambigüedad emocional de Theint Theint Oo y ese juego moral que plantea la película, pues ella parece intuir los sentimientos de su amiga pero no puede evitar aprovecharse de ella para prosperar-, Phyoe insiste en varias ocasiones en las ensoñaciones de San Kyi, dirigiendo la cámara hacia esa posibilidad de imaginación que se hace visible en la pantalla haciendo que por momentos la película abandone su poso realista vinculado al drama social y proyecte las fantasías de huida de la joven al norte del país, representadas como recuerdos ligados al trabajo de recolección de frutas.
Esta dialéctica entre lo urbano y lo rural atravesada por la experiencia queer en el sudeste asiático resuena con la reciente Viet and Nam (2024), en la que su director Trương Minh Quý también ponía en diálogo brillantemente la sombra del colonialismo, la precariedad laboral, la migración, los fantasmas de la Historia y la guerra, a través de la relación de dos hombres mineros que problematizaba el presente y el futuro de la generación joven en el país. No obstante, allí donde el cineasta vietnamita apelaba a la memoria colectiva como lugar de resistencia a través de una complejidad narrativa que encontraba su fuerza en un baile entre tiempos, ensoñaciones y fantasías que moldeaban el relato, aquí Phyoe opta por mantener una claridad general que se ciñe a una narración cronológica de los acontecimientos que sobrevienen a su protagonista y en la que inserta las visiones y deseos de San Kyi, que en ocasiones resulta demasiado expositiva. La puesta en escena también permanece férrea durante todo el metraje, pero la película muta levemente en varias ocasiones, virando hacia otros códigos como el melodrama, sobre todo en la conclusión, donde ese deseo sexual se explicita y se muestra la violencia contenida ligada al sentimiento de represión generalizada que sufre la protagonista. Sin embargo, lejos de recrearse en las constantes dificultades que asolan a San Kyi, Phyoe alumbra una posibilidad de emancipación para ella en la conclusión de la película, logrando que Fruit Gathering, a diferencia de muchas de las obras que han conformado una Sección Oficial atravesada por relatos en los que el encuentro entre dos desconocidos funciona como detonante del cambio personal —Chica Checa, The Lion at My Back, Only Beautiful Things to Look At—, eluda una moraleja complaciente y devuelva una valiosa mirada sobre la vulnerabilidad, el deseo y el presente político de Myanmar. ♦










