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    Crítica | Viva

    || Críticas | Cannes 2026 | ★★★☆☆
    Viva
    Aina Clotet
    Rebeldía o inercia


    Ignacio Navarro Mejía
    Cannes (Francia) |

    ficha técnica:
    España, 2026. Presentación: Festival de Cannes 2026. Dirección: Aina Clotet. Guion: Aina Clotet y Valentina Viso. Producción: 3Cat / Funicular Films / Ikiru Films / ICEC / ICAA / Movistar Plus+ / RTVE / La Terraza Films. Fotografía: Nilo Zimmermann. Montaje: Aina Calleja. Música: Clara Aguilar. Diseño de producción: Laura Santos. Vestuario: Cris Quer. Reparto: Aina Clotet, Naby Dakhli, Marc Soler, Guillermo Toledo, Lloll Bertran, Zaira Pérez, Josh Zuckerman. Duración: 113 minutos.

    Es frecuente que actores experimentados, al cabo de un tiempo, decidan dar el salto al otro lado de la cámara, esto es, pasar a dirigir en lugar de, o además de, interpretar. A veces con menos éxito, según cómo se mida (pues siempre habrá quienes defiendan sus solitarias y cuestionadas propuestas), así Ewan McGregor o Ryan Gosling, y otras veces con gran acierto (y buen recorrido posterior), como George Clooney o Bradley Cooper. Hemos citado los casos de algunas estrellas hollywoodienses contemporáneas, donde el afán de protagonismo y visibilidad, por no hablar de los egos, tiene otras proporciones, pero ese paso de la interpretación a la dirección, por supuesto, puede darse en cualquier sector de la industria. Es en cualquier caso una decisión lógica, no solo porque una de las facetas más importantes del realizador es la de la dirección de actores, sino por las inquietudes narrativas que ambos artistas pueden compartir y por la voluntad casi inevitable del actor, tras haber sido dirigido en ocasiones anteriores, de tomar él la batuta y decidir él el tipo de historia que quiere contar. Esto se refuerza en esos casos, quizá más habituales, en que el actor convertido en director mantiene también la profesión original (por lo que se dirige a sí mismo), e incluso se atreve con la de guionista, por no mencionar involucrarse en tareas de producción, en cuyo caso la película se va conformando como la expresión de una clara voz dominante. Toda película es el resultado de un trabajo colectivo, aunque por supuesto los directores/autores saben siempre imprimir su sello, y ello no se socava por el hecho de que una misma persona figure en varios departamentos (algo común, de hecho, con los directores/guionistas), pero cuando se trata de un actor, quizá por la naturaleza de su profesión, su capacidad de liderazgo choca en ocasiones con la compenetración de todas esas piezas de la producción.

    Esto ocurre con la ópera prima de la reconocida actriz de nuestro cine (y televisión) Aina Clotet, Viva. Premiada en la reciente edición del festival de Cannes, en la Semana de la Crítica, no se puede hablar de una incursión fallida, sino todo lo contrario, si bien la propuesta de Clotet, que también protagoniza, coescribe y coproduce, sufre, quizá paradójicamente, de uno de los vicios del cine moderno, como es la fragmentación excesiva de la narración. El cine del siglo pasado, por lo general, se estructuraba con narraciones más cohesionadas, mientras que muchas películas actuales, sobre todo en la órbita del cine independiente, juegan con estructuras más difusas y/o ambiguas, con secuencias hiladas más por estética, temática o puro capricho que por un solo hilo dramático progresivo. Aquí, seguimos las peripecias de una mujer de mediana edad, aunque sería más justo calificarla todavía de joven, que acaba de superar un cáncer de mama y que se halla en esa encrucijada vital en la que no queda claro si lo mejor ya ha pasado o si está por venir. Investigadora científica de un proyecto de lucha contra el envejecimiento celular que, precisamente, tiene por objetivo prolongar la esperanza de vida humana hasta los 120 años, Nora, pues así se llama nuestra sufrida protagonista, sufre brotes de melancolía y ansiedad ante la perspectiva poco alentadora de lo que le queda de vida, pese a gozar, además de un trabajo de prestigio, de apoyo familiar, de pareja o de amigas. Al menos sobre el papel cuenta con esas bazas (que, todo sea dicho, tampoco son antídoto contra la depresión), ya que en realidad sus padres, cuando interactúan con ella, están más pendientes de corroborar sus propios valores y principios que de atender las dudas y temores de ella, y tales interacciones terminan siendo más soliloquios de aquellos que verdaderos diálogos entre ambos. Del mismo modo, Nora lleva un tiempo distanciada de su pareja de hace años, a causa del largo proceso de enfermedad y recuperación y, luego, de la pasión adúltera que la invade cuando conoce a un chico mucho más joven. En fin, en cuanto a las amistades, más allá del mero compañerismo laboral, la mejor amiga de Nora es otra mujer que ve en contadas ocasiones, inmersa en otro proceso de cambio personal al seguir los últimos estadios de un embarazo, antes de dar a luz. Así pues, aunque Nora parezca muy bien rodeada de gente, en realidad está sola para afrontar su conflicto interno, por lo demás difícil de expresar y compartir.

    En esta dinámica, como decíamos, la película desgrana tal conflicto en varias secuencias que puntean el relato antes que profundizar en él, también porque se pueden llegar a repetir y alargar más de lo necesario. El metraje roza las dos horas, cuando se podría haber aligerado en buena medida, y de hecho parece que en varias ocasiones alcanza un punto climático para luego proseguir y perder algo de ritmo. Hay en todo caso momentos memorables y significativos (las escenas de la realidad virtual, del accidente de coche, de la pelea en el barro…), y nunca pierde interés gracias, precisamente, a esa variedad enérgica, casi eclecticismo en el desarrollo narrativo, apoyado por la presencia constante de la propia Clotet. Su trabajo es meritorio y valiente, en varios sentidos (aunque en alguna otra escena se pasa de rosca, en particular una escena con su citada pareja en una habitación de hotel), y está bien secundada por otros actores, más o menos conocidos, que se entregan sin recelos a su guía. En lo técnico, estamos ante un trabajo competente, con algún que otro toque distintivo, aunque, de nuevo, también con algunos recursos ya manidos en este tipo de cine, como el uso esporádico y a contracorriente de la banda sonora para “despertar” (sería más justo decir “estimular”, pero seguimos la expresión ordinaria) al espectador entre la sucesión más bien sobria de las secuencias que conforman el conjunto. Este, como decíamos y en todo caso, se sigue con intriga y gusto, hasta con diversión, pues un acierto de la película es el tono equilibrado que logra entre lo trágico y lo cómico, manteniendo una misma visión coherente, esta sí, con lo que está padeciendo su protagonista, que al fin y al cabo es una mujer privilegiada si nos movemos en términos comparativos. ♦


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