|| Críticas | ★★★★☆
Después de las ciudades
Xacio Baño
Postales líquidas
Mario Peña
ficha técnica:
España, 2026. Título original: «Después de las ciudades». Dirección: Xacio Baño. Guion: Xacio Baño, Tamara Canosa. Compañías: Rebordelos. Festival de presentación: Festival Internacional de Cine de Róterdam; Festival de Málaga; D’A Film Festival Barcelona. Distribución en España: Marvin & Wayne. Fotografía: Lucía C. Pan. Montaje: Julia Casal. Música: Xavier Bértolo. Reparto: Xosé Barato. Duración: 86 minutos.
España, 2026. Título original: «Después de las ciudades». Dirección: Xacio Baño. Guion: Xacio Baño, Tamara Canosa. Compañías: Rebordelos. Festival de presentación: Festival Internacional de Cine de Róterdam; Festival de Málaga; D’A Film Festival Barcelona. Distribución en España: Marvin & Wayne. Fotografía: Lucía C. Pan. Montaje: Julia Casal. Música: Xavier Bértolo. Reparto: Xosé Barato. Duración: 86 minutos.
Después de las ciudades se revela, a los pocos minutos de su metraje, como un poema de verso libre y rima asonante, dónde Baño no dudará en poner a su disposición toda una serie de recursos formales y narrativos, muchas veces diametralmente opuestos entre ellos, para dedicarle unos sentidos versos escritos con la tinta de decenas de generaciones y cientos de peregrinos. Y es que las postales anónimas insertadas en la cinta actúan como disolvente temporal donde Baño imbuirá su cámara, difuminando los marcos —al igual que la mayoría de planos de la película— temporales y sociales en los que se enmarca la obra, para dejarla diluirse en una atemporalidad líquida que, uniéndose en simbiosis mutualista con el pasado y el futuro, resulta en todo un mosaico uniforme de texturas, sonidos y, ante todo, memoria. La memoria, entendida como subjetiva y personal, muy alejada de la institucional, que puede ser transformada y mutilada a placer, igual que el realizador acierta en filmar con la estatua del apóstol Santiago, popularmente conocido como «Santiago Matamoros», situada en la Catedral de Santiago, al ocultar a los musulmanes que está asesinando con numerosas flores y plantas. Pareciera que la subjetividad popular de los viajeros de todas las épocas fuera la que le otorga una personalidad y universalidad a la ciudad, donde los secretos que estos susurran a las postales enviadas a sus seres queridos crean la cartografía urbana. Walter Benjamin apuntaba que «la ciudad es a veces paisaje, a veces habitación»”, pues Baño, quien no duda en citar al alemán, no sólo concibe la urbe como un paisaje multidimensional —ya sea sonoro, físico, teológico o histórico—, sino que la entiende erigida por la intimidad de quienes la habitan, de sus mensajes y palabras, desde postales a principios del siglo XX hasta mensajes de texto y videos creados por inteligencia artificial, que articulan un relato subtextual profundamente humanista. Porque Santiago, una ciudad conocida más por sus peregrinos que por sus habitantes, se constituye en tanto que capital gracias a la humanidad y amor de estos, donde sus cansados pasos conciben y crean no solo su imaginario, sino también sus formas físicas. Cierto halo metafísico ejerce así como el sustrato donde el relato enraíza sus cuestiones y dudas, mucho más numerosas que sus respuestas, insuflándole una ingravidez narrativa que permite a Baño separar significantes y significados para examinarlos profunda y detenidamente.
Lo íntimo deviene popular, y lo popular deviene universal. Después de las ciudades es un trabajo más emocional que intelectual, donde la humildad del realizador frente a la filmación y tratamiento, no solo de sus imágenes sino de los sujetos, orgánicos, sintéticos o virtuales, proviene no de la fascinación que Ruttmann podía sentir por Berlín, sino de la exploración ontológica más cálida y esperanzadora con la ciudad de Santiago de Compostela como marco contextual, que no físico —dadas las injerencias de Google Maps o GeoGuessr— ni semiótico —pues trasciende sus símbolos y mitos—. ♦










