|| Críticas | BCN Film Fest 2026 | ★★★★☆
Corredora
Laura García Alonso
Atleta en bucle
Carles M. Agenjo
ficha técnica:
España, 2026. Título original: Corredora. Dirección: Laura García Alonso. Guion: Laura García Alonso, Pol Cortecans. Compañías productoras: Distinto Films, Elastica Films, Dos Soles Media, RTVE, 3Cat. Fotografía: Gina Ferrer. Música: Ylia. Producción: Miriam Porté, Àngels Masclans, María Zamora. Reparto: Alba Sàez, Marina Salas, Alex Brendemühl, Marta Bessa, Ot Serra Bas, Jordi Farrés, Claudia Gallego. Duración: 96 minutos.
España, 2026. Título original: Corredora. Dirección: Laura García Alonso. Guion: Laura García Alonso, Pol Cortecans. Compañías productoras: Distinto Films, Elastica Films, Dos Soles Media, RTVE, 3Cat. Fotografía: Gina Ferrer. Música: Ylia. Producción: Miriam Porté, Àngels Masclans, María Zamora. Reparto: Alba Sàez, Marina Salas, Alex Brendemühl, Marta Bessa, Ot Serra Bas, Jordi Farrés, Claudia Gallego. Duración: 96 minutos.
En una de las escenas más impactantes, Cristina se encuentra inmersa en la soledad de su habitación, pero parece que todo está a punto de estallar. Mediante un solo plano estático y un planteamiento orgánico del montaje interno, lo doméstico deviene una cárcel y los sueños un bucle enfermizo a través de un escenario tan simple como eficaz donde la atmosfera se vuelve densa y la tensión –reforzada por el diseño de sonido de Enrique G. Bermejo y la envolvente banda sonora de Ylia– escala hacia cotas de terror claustrofóbico. Mención aparte merece el desenlace donde la escritura se antoja más astuta que conmovedora. Si bien logra evitar el énfasis en cuestiones tan trilladas como el esfuerzo y el sacrificio, se le podría reprochar al guion, firmado junto a Pol Cortecans, su tendencia a medirlo todo y al cálculo excesivo. No obstante, la capacidad de Alba Sáez para proponer escenas no escritas –a medio camino entre la amenaza, la extrañeza y la frustración– o la perfecta sintonía que establece en algunas escenas con Marina Salas y Àlex Brendemühl –en la piel de la hermana mayor y su padre– completan el buen hacer de este encomiable debut. Por otra parte, conviene señalar un apunte sorprendente que incide sutilmente en la narración. Es mérito de García Alonso que consiga reflejar la fragilidad de una atleta de élite con la simple repetición de un gesto. Y es que la película es mucho más que un drama deportivo inclinado a la empatía.
Núria Bou y Xavier Pérez hablaban del héroe clásico –recogiendo la obra de Gilbert Durand en su brillante estudio El tiempo del héroe: épica y masculinidad en el cine de Hollywood (2000)– como “un atleta de la causa diurna” que podía conquistar la felicidad “a través del triunfo redentor del movimiento”, pero también hacían hincapié en su temor más profundo, “el miedo cerval a la inmovilidad”. De algún modo, la Cristina de Corredora bien podría ser la invocación femenina de esas reflexiones en clave contemporánea. Su mayor miedo es la quietud, la renuncia a una práctica que da sentido a su existencia en un entorno marcado por las altas expectativas y la falta de comunicación en terreno emocional. Precisamente, resulta un acierto que la directora no se separe de ella en ningún momento y renuncie a las posibilidades del fantástico a la hora de abordar los delirios de la mente. Esto permite construir la crónica de una gesta que siempre toca con los pies en el suelo para seguir de cerca a su protagonista –con una capacidad de observación que recuerda al cine de Elena Trapé– y abordar algo tan humano como el miedo a detenerse y perder el rumbo. Por esto el movimiento es tan importante. Lo fue para los héroes solares del primer clasicismo norteamericano, que expiaban su dolor a través de un gran desplazamiento, aunque García Alonso no se conforma con celebrar el triunfo. Necesita cuestionarlo inmediatamente después, porque no se trata de alcanzar la gran meta sin mostrar las consecuencias. Esto no es Whiplash (2014). Esto va de la necesidad de medir la ansiedad que genera cierta cultura del éxito en una historia tan atenta a la furia del desafío como al poso que deja en la mirada. ♦










