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  • Cine Alemán Siglo XXI

    Crítica | Un día con Peter Hujar

    || Críticas | ★★★★☆ ½
    Un día con Peter Hujar
    Ira Sachs
    Retratar y reconstruir el testimonio


    Nacho Álvarez
    Madrid |

    ficha técnica:
    Estados Unidos, Alemania, 2025. Título original: «Peter Hujar's Day». Dirección y guion: Ira Sachs (basado en el libro de Linda Rosenkrantz). Compañías: Jordan Drake Productions, One Two Films, Complementary Colors, Blink Productions. Distribución en España: Filmin. Fotografía: Alex Ashe. Montaje: Affonso Gonçalves. Sonido y diseño sonoro: Eli Cohn. Reparto: Ben Whishaw, Rebecca Hall. Duración: 76 minutos.

    El 18 de diciembre de 1974 el fotógrafo estadounidense Peter Hujar, a petición de la periodista Linda Rosenkrantz, anotó todo lo que hacía durante el transcurso de la jornada. Al día siguiente ambos se reunieron para mantener una conversación acerca de lo que había recopilado. El proyecto de Rosenkrantz, que pretendía reunir este tipo de relatos cotidianos de varias personalidades de la vanguardia artística neoyorkina comenzando con Hujar, finalmente no se publicó. La transcripción de la entrevista, encontrada accidentalmente décadas después, terminó publicada en 2021 por la editorial Magic Hour Press en un libro cuyo título era Un día con Peter Hujar. El punto de partida de Ira Sachs es, pues, la reconstrucción de ese encuentro, tomando el material de la grabación como guion de una película que busca mirar más allá del texto. Es precisamente la imagen cinematográfica la que permite al cineasta preguntarse por los detalles de esa conversación, adentrarse en el espacio y el tiempo compartido por los dos personajes interpretados por Ben Whishaw y Rebecca Hall y, en última instancia, tratar de encapsular ese día con el fotógrafo.

    Al igual que Hujar, que en sus exposiciones prefería yuxtaponer sus fotografías en parejas en lugar de aislarlas individualmente, Sachs elude el esquema del plano-contraplano para escenificar la entrevista, uniendo constantemente a ambos interlocutores en el plano, jugando con la profundidad de campo, la distancia entre los actores y su movimiento por el apartamento. Entiende así el espacio como escenario del encuentro, que va ampliándose conforme Hujar y Rosenkrantz cambian de habitación, fuman en la terraza o escuchan música. No obstante, el cineasta incide en desvelar el artificio de la reconstrucción, mostrando en varias ocasiones la grabadora de sonido, miradas a cámara, el final de la bobina de 16mm, o al propio equipo técnico de la película. Se establece así un juego constante en el que Sachs se aleja del biopic clásico y desafía las convenciones de una entrevista filmada, eliminando la separación simbólica entre ambos y buscando en cada encuadre una nueva forma de escudriñar a sus personajes. De nuevo al igual que Hujar, que mantuvo una predilección en su carrera por el retrato, Sachs incide en los primeros planos, aquellos que muestran las miradas entre Hall y Whishaw mientras escenifican el diálogo, pero también otros en forma de interludio en los que filma el rostro de Hujar en una especie de suspensión temporal acompañado repetidamente por el Réquiem de Mozart. En esos momentos en que la cámara desenfoca el rostro el retrato se difumina, se expande y se hace más extraño, escapando del texto escrito. Ahí radica el valor de la aproximación de Sachs, en tratar de encontrar a través de la cámara aquello que está retenido entre las líneas, en la evocación de un día que transcurre en el interior de un apartamento. La muerte, que también juega un papel fundamental en la obra del fotógrafo -su exposición Portraits In Life And Death casualmente se llevó a cabo a finales de 1974 en el momento en el que tuvo lugar la entrevista-, se filtra así en la película para reivindicar la figura de un artista usualmente olvidado como Peter Hujar.

    Y es que, ante todo, Un día con Peter Hujar funciona como ejercicio de memoria, uno que se retroalimenta del que hizo Hujar a partir de las indicaciones de Rosenkrantz y que aprovecha la relación directa del cine con la realidad y su condición de cápsula del tiempo. La cámara documenta y reconstruye simultáneamente, en una operación simétrica en la que la fuente (el texto) se expande a través de las imágenes hacia el encuentro entre el artista y su obra. Sachs fantasea con acceder a la forma de mirar de Hujar, que en cierto momento explica que necesita detenerse delante de los objetos o los modelos varios minutos antes de poder fotografiarlos. Esa mirada pausada se contagia al cineasta para alargar la captura del momento a través de los silencios y los movimientos de cada uno de los protagonistas. Será la cama, un lugar común tanto en los retratos de Hujar como en el cine de Sachs, el lugar que permite al cineasta neoyorkino acceder a otro de los pilares de su filmografía: la filmación de la intimidad, que aquí se hace más táctil conforme avanza la película, la luz va desapareciendo y los dos personajes se tumban juntos y se acarician.

    Además, esa exploración de los mecanismos de la memoria que plantea Un día con Peter Hujar está irremediablemente condicionada por la manera en la que el fotógrafo recuerda las cosas, haciendo que sea el propio personaje el que decida cuánto debe detenerse en cada pensamiento, acción o anécdota. En cierto momento, el propio Hujar bromea resumiendo su día en una frase, donde parece cuestionarse la exhaustividad de sus anotaciones o el interés que pueda tener para alguien una recopilación tan personal. No obstante, en ese acceso a la intimidad que tanto Rosenkrantz como Sachs buscan, también termina emergiendo una mirada a la efervescencia artística de Nueva York en los años 70. El día que narra Hujar es una concatenación de llamadas, encuentros y propuestas de trabajo con músicos, escritores y pintores. La ciudad, que queda en un decisivo fuera de campo, es a su vez palpable en la obra de Hujar que ya conocemos, pudiendo visualizar hoy esas fotografías realizadas a Alan Ginsberg, Susan Sontag o William Burroughs de las que hablan los protagonistas. La cámara de Sachs no muestra esas obras, sino que permanece entre las paredes del apartamento para aproximarse a la confrontación entre diálogo e imagen, entre documento y ficción, a través de una puesta en escena que va difuminando cualquier anclaje inicial para disolverse en el aire del apartamento hasta que concluye la conversación. ♦


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