|| Críticas | D'A 2026 | ★★★★☆
Forastera
Lucía Aleñar Iglesias
Un fantasma en la cocina
Carles M. Agenjo
ficha técnica:
España, 2026. Título original: Forastera. Dirección: Lucía Aleñar Iglesias. Guion: Lucía Aleñar Iglesias. Compañías productoras: Lastor Media, La Perifèrica Produccions, Vilaüt Films, Kino Produzioni, Fox in the Snow Films, 3Cat, Distinto Films, Filmin, IB3 Televisió. Fotografía: Agnès Piqué Corbera. Música: Filip Leyman, Anna von Hausswolff. Producción: Marta Cruañas, Ariadna Dot, Tono Folguera. Reparto: Zoe Stein, Lluís Homar, Nuria Prims, Martina García, Nonni Ardal Hammarström, Marta Angelat. Duración: 97 minutos.
España, 2026. Título original: Forastera. Dirección: Lucía Aleñar Iglesias. Guion: Lucía Aleñar Iglesias. Compañías productoras: Lastor Media, La Perifèrica Produccions, Vilaüt Films, Kino Produzioni, Fox in the Snow Films, 3Cat, Distinto Films, Filmin, IB3 Televisió. Fotografía: Agnès Piqué Corbera. Música: Filip Leyman, Anna von Hausswolff. Producción: Marta Cruañas, Ariadna Dot, Tono Folguera. Reparto: Zoe Stein, Lluís Homar, Nuria Prims, Martina García, Nonni Ardal Hammarström, Marta Angelat. Duración: 97 minutos.
Hablar de Forastera, el primer largo de la directora que adapta y amplía su corto homónimo estrenado en 2020, implica abordar el género con distancia, recuperar el cuento de fantasmas para explicarlo desde sus propios márgenes. Por otra parte, no es extraño divisar las dinámicas de cierto cine contemporáneo sobre el aprendizaje vital en una etapa mutante –tal vez en sintonía estética e identitaria con el cine de Celina Murga y Milagros Mumenthaler en títulos como Ana y los otros (2003) o Abrir puertas y ventanas (2011)– y tomando una distancia lógica con los códigos del cine de terror. Dicho de otra forma, aquí lo oscuro y lo siniestro –incluso lo gótico– ocupan un espacio muy medido que se abre al placer de la duda. Esa mirada que Cata proyecta sobre su propio entorno familiar, esa doble identidad entre su deseo de independencia, de buscar relaciones fuera del nido, y la atención que brinda a sus seres queridos –especialmente su madre y su abuelo, que encarnan con precisión Nuria Prims y Lluís Homar– en pleno duelo, plantea una pregunta casi absurda. ¿Realmente su cuerpo ha sido ocupado por la yaya después de morir? ¿Por casualidad nos encontramos ante el reverso íntimo y balear de la muy siniestra La abuela de Paco Plaza? ¿O Aleñar simplemente está jugando a dejar la respuesta en blanco para abordar mejor las complejidades de una pérdida que se sufre en solitario? Afortunadamente, la directora no saca conclusiones precipitadas. Forastera es un cuento amable y delicado, impregnado de una gran sensibilidad no exenta de ironía, que se construye a partir de la espera y el silencio.
Como en su corto anterior, marcado por la aparición de un vestido y dos burros, Aleñar continúa indagando en el poder de la duda que atraviesa el relato sembrando apuntes simbólicos que, hasta cierto punto, enriquecen la narración. Un vestido –probablemente de los setenta con estilo pop art– sacado del armario, un delfín de plástico flotando en un mar vacío, unas hormigas escalando un mueble que aparecen y desaparecen, el parpadeo fluorescente en el techo de la cocina... Estos detalles acompañan –y desafían– la mirada de Cata, una joven posadolescente que se siente extranjera en su propio cuerpo. A veces, da la sensación de que el montaje entre imágenes que buscan lo cotidiano y otras que acarician una dimensión onírica denota cierto cálculo, como queriendo imponer un orden aséptico en la métrica de ambas realidades. No obstante, la capacidad de Aleñar para emocionar sin alzar la voz, introducir elipsis sabiamente en la narración y hasta cubrir el relato con un manto de atmósfera cálida y extraña, de ternura e intriga al mismo tiempo, permite saborear esta propuesta sobre el esfuerzo de reconectar la tribu más allá de modas y tendencias. Da igual que Forastera sea carne de tag y aparezca –o se quede fuera– en grupos y listas de las coming of age en clave femenina. La película es singular porque emociona sin traicionar su fe en la otredad. Lo importante aquí es lo que se ve y se palpa en un hogar, pero también lo que se intuye flotando en el aire cuando la tristeza lo empaña todo. Para más inri, si a esto le añadimos que Mallorca es un lugar de memoria juvenil para Aleñar y Stein, sólo nos queda cerrar el círculo. ♦










