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    Cineclub: Terminator 2: El juicio final

    La sublimación del mito

    Terminator 2: El juicio final (Terminator 2: The Judgement Day, James Cameron, 1991).

    No puede haber nada tan humillante para alguien tan perfeccionista como James Cameron que ostentar el dudoso honor de haber debutado como realizador con una de las peores secuelas que se recuerdan en la Historia del Cine. Sí, es posible que, con el paso de los años, aquella demencial Piraña 2: Los vampiros del mar (1981) sea recordada con cierta simpatía por el público más friki que disfruta viendo a los voraces peces volar en tierra firme, pero dentro de una filmografía tan impecable como la de su director, supone una mancha imborrable de la que no se ha cansado jamás de renegar. Por ello, no sorprende que Cameron prefiera recordar que su carrera comenzó con Terminator (1984). La historia, coescrita por él mismo junto a Gale Anne Hurd y William Wisher Jr., nos mostraba a un cyborg enviado desde el año 2024 a 1984 para asesinar a Sarah Connor, la mujer que estaba destinada a ser la madre del líder de la resistencia contra las máquinas que acabarían con el mundo en el futuro, al mismo tiempo que un soldado humano también viaja en el tiempo con la misión de protegerla. El filme, que mezclaba con eficacia ciencia ficción y terror, se erigió como todo un éxito de crítica y público. Su modesto presupuesto de poco más de 6 millones de dólares quedó ampliamente amortizado con los 78 millones recaudados en todo el mundo, encumbrando a un Arnold Schwarzenegger que acababa de vivir las mieles del éxito con Conan el bárbaro (John Milius, 1982), como estrella taquillera de los ochenta. Su encarnación del letal T-800 fue ciertamente inquietante. Por una vez, la inexpresividad del actor austríaco jugó a su favor para construir uno de los monstruos cinematográficos más memorables del cine moderno, haciéndole la vida imposible a los personajes encarnados por Linda Hamilton y Michael Biehn. Estaba cantado que las máquinas volverían a amenazar a Sarah Connor en alguna futura secuela y esta tardó siete años en aterrizar en los cines.

    Terminator 2: El juicio final (1991) llegó en un momento completamente diferente de la carrera de su director. La sorpresa que supuso la primera cinta propició que Hollywood confiara en él para proyectos de muchísima mayor envergadura, como la secuela de Alien, el octavo pasajero (Ridley Scott, 1979), la trepidante Aliens el regreso (1986) –más inclinada hacia la acción pura y dura que su terrorífica y claustrofóbica antecesora– o Abyss (1989), ambiciosa superproducción de alienígenas submarinos que se saldó con el que sería su mayor fracaso comercial. El toque de atención que supuso este tropiezo (recaudó 90 millones de dólares, una cifra considerable si no fuese por su abultado presupuesto de 70 millones) hizo que Cameron se embarcara, al fin (y después de una encendida guerra junto a Mario Kassar, magnate de Carolco, por hacerse con los derechos de la franquicia), en la continuación de Terminator, animado por los excelentes resultados de Aliens, considerada uno de esos escasos ejemplos de segunda parte que no palidece en exceso en su comparación con la película original. Al igual que con aquella, la máxima del cineasta volvió a ser la de hacer una película más grande, más espectacular y más ruidosa. Los efectos especiales habían avanzado mucho desde 1984, sobre todo en el campo del CGI. La Industrial Light & Magic había creado unos sorprendentes trucajes en Abyss para crear las manifestaciones tridimensionales de las entidades extraterrestres en estado líquido, algo que sirvió para que el filme se llevara un merecido Óscar. Esta misma técnica sería muy similar a la empleada para dar vida a las transformaciones del villano de Terminator 2, ese memorable T-1000 interpretado por Robert Patrick. Y es que uno de los mayores cambios de la secuela fue que Schwarzenegger volvía a encarnar a un robot, sí, pero en esta ocasión se situaría en el bando de los buenos. Su exitosa trayectoria durante los 80 como héroe de acción le había colocado en una posición en la que no podía permitirse volver a ser el villano de la función, por lo que aquí vuelve a ser un T-800 que acude a 1995 para salvar a un pre-adolescente John Connor que es, de nuevo, objetivo de las máquinas lideradas por la supercomputadora Skynet.

    «Terminator 2 no solo es una obra más grande que la original, también se preocupa más por los personajes y su desarrollo, algo que en la versión de 1984, estaba resuelto de forma un tanto esquemática. Esta mayor dimensión de sus criaturas se extiende, incluso, al T-800 de Arnold Schwarzenegger. De ser un ente imperturbable y parco en palabras, con la única función de matar, pasa aquí a representar, más que una simple figura protectora, la de ese padre ausente en la infancia de John...»


    Y es que el argumento de Terminator 2 es bien simple. Casi podría decirse que es más un remake hipermusculado de la anterior película, con idéntico planteamiento (y una paradoja temporal insostenible, que no resiste el mínimo análisis, pero que poco importa a estas alturas). La acción nos sitúa ahora en 1995. Sarah Connor permanece ingresada en un centro psiquiátrico, atormentada por la certeza de la catástrofe que se avecina, esa guerra contra las máquinas que tendrá su origen cuando Skynet se revele contra sus creadores y decida poner fin a la humanidad. Mientras tanto, su hijo John Connor está aún muy lejos de ser la mayor esperanza de la resistencia, ya que es un chico problemático y enfadado con el mundo, que se pasa los días realizando pequeños hurtos y desobedeciendo a sus padres de acogida. Una vez más, llegan dos viajeros temporales desde el futuro, el protector Terminator T-800 y el despiadado T-1000, comenzando entre ellos una carrera a contrarreloj por ser el primero en llegar hasta John. La mayor diferencia respecto a lo visto en el primer Terminator es la transformación física y psicológica que ha sufrido el personaje de Sarah Connor. En comparación con la frágil y vulnerable damisela en apuros de antaño, ahora tenemos a una mujer curtida por todo lo acontecido anteriormente, mucho más endurecida y fría, que ha trabajado su cuerpo para ser toda una action woman que espera el momento de su siguiente enfrentamiento con los enemigos y planea acabar con la vida del Dr. Miles Bennett (Joe Morton), pieza clave del desarrollo de Skynet. Linda Hamilton está fantástica en su interpretación, aportando nuevos matices a un rol muy en la línea de esa teniente Ripley que Cameron imaginó en Aliens, algo que confirmó al realizador como uno de los nombres que más contribuyeron a acabar con el papel de florero de la mujer dentro del cine de acción, hasta entonces reducido al de mera comparsa del héroe de turno. Para el papel de John Connor se eligió a Edward Furlong , actor que vivió una fama más bien efímera, no exenta de excelentes trabajos –American History X (Tony Kaye, 1998), Pecker (John Waters, 1998)–, extinta por los malos hábitos que convierten a tantas jóvenes promesas en juguetes rotos de la industria. Lo cierto es que Furlong supo estar a la altura de las circunstancias en su plasmación de la rebeldía adolescente.

    Terminator 2 no solo es una obra más grande que la original, también se preocupa más por los personajes y su desarrollo, algo que en la versión de 1984, estaba resuelto de forma un tanto esquemática. Esta mayor dimensión de sus criaturas se extiende, incluso, al T-800 de Arnold Schwarzenegger. De ser un ente imperturbable y parco en palabras, con la única función de matar, pasa aquí a representar, más que una simple figura protectora, la de ese padre ausente en la infancia de John, que se ha visto sistemáticamente ocupada por hombres maltratadores, alcohólicos e inestables que les han dado mala vida a él y a su madre. La propia Sarah Connor, reticente en principio a querer ver un atisbo de "humanidad" en el cyborg, acaba rindiéndose a la obviedad de que bajo su armazón de músculos y circuitos hay un ser programado para sacrificar su existencia por ellos, tal y como demuestra en el emotivo desenlace de la aventura. El guion de Cameron y Wisher Jr. Añade, además, unas dosis de humor que hacen que la relación entre el muchacho y la máquina que le protege acabe resultando entrañable. Esa forma en que Connor trata de convencer al robot (presentado de manera genial en la secuencia en la que entra desnudo a un bar de carretera y apaliza a unos moteros, robando la chupa de cuero y la Harley Davidson al son de Bad To The Bone) de que no puede ir matando a la gente por ahí (y que tiene como divertido resultado que este deje malheridas a todas sus víctimas), cómo le enseña a sonreír (Arnie, tratando de esbozar una sonrisa, demuestra su vis cómica por explotar) o trata de transformar su vocabulario, tan cargado de tecnicismos, por una jerga mucho más callejera, son detalles que hacen que Terminator 2 sea un filme bastante más cálido y sentimental, ayudando estas escenas a relajar el ambiente entre tanta tensión. Y es que, no nos engañemos, ante todo la película es una magnífica montaña rusa de acción incesante, repleta de set pieces que continúan sorprendiendo veintiséis años después por la complejidad de su ejecución. Es lo que tiene el buen cine de género de los 90, el que abanderan títulos como Le llaman Bodhi (Kathryn Bigelow, 1991), Máximo riesgo (Renny Harlin, 1992), Speed (Jan de Bont, 1994) o Mentiras arriesgadas (James Cameron, 1994), que han sabido envejecer con gran dignidad.

    «Una magnífica montaña rusa de acción incesante, repleta de set pieces que continúan sorprendiendo veintiséis años después por la complejidad de su ejecución».


    Cameron contó con 102 millones de dólares de presupuesto para levantar esta monumental continuación, el más abultado de la Historia del Cine hasta ese momento, y lo cierto es que cada dólar fue perfectamente empleado en la elaboración de unos efectos especiales, obra del equipo de Stan Winston, como no habíamos visto antes, siendo junto a Jurassic Park (Steven Spielberg, 1993) y Matrix (Lilly Wachowski, Lana Wachowski, 1999), la obra más revolucionaria para este campo en la década de los 90, aquella que sentaría las bases del cine espectáculo posterior. El blockbuster en su máxima expresión. Imposible no recordar momentos tan impresionantes, a nivel técnico, como las primeras imágenes que muestran, de modo breve, la guerra de las máquinas tras el Día del Juicio Final acontecido en 2029; la persecución del camión conducido por el T-1000 a la moto en la que viajan el T-800 y John por los canales de desagüe del Valle de San Fernando; el angustioso rescate de Sarah Connor en el hospital o el clímax final en la fundición. La estrella de la función, en este caso, es el malo de la película, magníficamente interpretado por Robert Patrick, y sus habilidades para adoptar diferentes formas gracias a su composición de metal líquido. De este modo, su T-1000 no solo es un digno sucesor del villano de la primera cinta, sino que le supera holgadamente en la sensación de auténtico terror que provoca (fomentada por la inquietante música de Brad Fiedel que acompaña a cada una de sus apariciones), ya que parece invencible y es capaz de transformar sus extremidades en enormes cuchillos. En su momento, Terminator 2 fue un enorme éxito de taquilla –se colocó como la segunda película de la Historia del Cine, con 520 millones de dólares recaudados, solo superada por E.T., el extraterrestre (Steven Spielberg, 1982)– y la crítica fue benevolente con ella. Ganó 4 Óscars técnicos (mejores maquillaje, efectos visuales, sonido y edición de sonido) y, con el paso de los años, ha llegado a alcanzar el status de clásico moderno. Que sea mejor o peor que el primer Terminator es una cuestión harto discutible, pero no cabe duda de que es infinitamente superior a las tres secuelas que aún estaban por llegar, ya sin Cameron en la dirección: Terminator 3: La rebelión de las máquinas (Jonathan Mostow, 2003) –estimable, con aires de serie B–, el ambicioso reboot Terminator Salvation (McG, 2009) –con Christian Bale haciendo de John Connor– y la fallida (y muy autoparódica) Terminator Génesis (Alan Taylor, 2015), que amenaza con haber enterrado definitivamente a uno de los mayores iconos del cine fantástico. El reestreno de Terminator 2 en cines, en su versión extendida y remasterizada, pasada por el filtro 3D puede ser la ocasión ideal para reverdecer sus laureles.


    José Martín León
    © Revista EAM / Madrid


    Ficha técnica
    Estados Unidos. 1991. Título original: Terminator 2: Judgment Day. Director: James Cameron. Guion: James Cameron, William Wisher Jr. Productores: James Cameron, Stephanie Austin, B.J, Rack. Productoras: Carolco Pictures / Pacific Western / Lightstorm Entertainment. Distribuida Por TriStar Pictures. Fotografía: Adam Greenberg. Música: Brad Fiedel. Montaje: Conrad Buff IV, Dody Dorn, Mark Goldblatt, Richard A. Harris. Dirección artística: Joseph P. Lucky. Reparto: Arnold Schwarzenegger, Linda Hamilton, Edward Furlong, Robert Patrick, Joe Morton, Earl Boen, S. Epatha Merkerson, Castulo Guerra, Danny Cooksey, Jenette Goldstein, Xander Berkeley.


    Godard

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