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    Sensualidad praxiteliana.
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    Insert Coin.
    «Good Time», de los hermanos Safdie.

    Dos ventanas al vacío.
    «A Ghost Story», de David Lowery.

    El paso suspendido del Festival de Sitges: Presentación de la 49ª edición

    The Love Witch, de Anna Biller

    En El paso suspendido de la cigüeña, una de las obras maestras de Theo Angelopoulos, un coronel griego le decía a su amigo periodista «Grecia termina en la línea azul. Si doy un paso estoy en otra parte o muero». Dar un paso implicaba cruzar una de las dos fronteras: o la existente entre dos naciones en conflicto —Grecia y Albania— o la del salón sin tiempo, aquella que separa la vida y la muerte. Esta conversación y, paradójicamente, estas dos fronteras se encontraban sobre un puente; el máximo exponente de cómo el ingenio humano logra ser capaz de extender sus caminos venciendo la frontera natural que supone un río. Así pues, quizá en ese pequeño segmento de película se encuentra la mayor reflexión sobre las fronteras que ha dado el arte que por propio que sea siempre se tilda de fronterizo: el cine. ¿Y qué tiene esto que ver con el Festival de Sitges? En su 49º edición, el Festival de Cine Fantástico y de Terror de Cataluña, tierra donde el concepto protagonista es de imperante actualidad en estos tiempos, parece haber hecho suya aquella máxima atribuida a Mahatma Gandhi que decía «Dios no ha creado fronteras. Mi objetivo es la amistad con el mundo entero», pues observando su extensa programación formada por 404 títulos se hace cada vez más complicado encasillarle solamente en el terror y la fantasía. No hay más que echarle un ojo a su competición oficial donde thrillers policíacos con chamanes, como las esperadísimas The Wailing o Interchange, conviven con el canibalismo entre vegetarianos de Grave, el amor entre un niño invisible y una niña ciega de Mon Ange, la relación entre un náufrago (Paul Dano) y un cadáver (Daniel Radcliffe) en una isla desierta de la aclamada Swiss Army Man, adaptaciones del género manga como Museum y Terraformars, o incluso con la participación del ya icono personificado del (o)cultismo, Nicolas Cage, quien protagoniza Dog Eat Dog, la enésima vuelta de Paul Schrader tras de las cámaras.

    En Sitges todo vale. Se le pega a todos los palos en una mezcolanza representativa de lo más siniestro y decadente de nuestros días. De ahí sus legendarios maratones, sus sesiones de medianoche casi yuxtapuestas a las de madrugada, las pocas y preciadas horas de sueño, de ahí la dominante (y casi obligada por parte de la organización) necesidad de reservar por adelantado tu entrada del pase de las 7 de la mañana pero, sobre todo y gracias a ello, Sitges desprende esa atmósfera de inestabilidad transitoria y onírica que nos permite sumergirnos por completo en cada proyección. Quizá por todo ello sigue ocupando un lugar único y preponderante a nivel internacional en el panorama cinéfilo pese a tener pocos títulos propios. Es una gran celebración donde los principales vasos se llenan de toda clase de brebajes destilados en los otros grandes festivales: The Neon Demon, The Handmaiden, The Wailing, Train to Busan, entre muchos otros (Cannes); Swiss Army Man, The Lure, Yoga Hosers (Sundance); Midnight Special, Shelley, A Dragon Arrives! (Berlín); Voyage of Time, La región salvaje (Venecia); Un monstruo viene a verme, Colossal, Desierto (Toronto); o Que Dios nos perdone (San Sebastián); y donde no debe extrañar que reciba el Gran Premio Honorífico el sueco Max von Sydow, legendario actor que hasta jugó al ajedrez con la muerte. Así pues, desde la organización del festival parecen querer invitarnos a una gran fiesta; un espacio muy concreto con un tiempo eterno. Un tiempo incontable que dura exactamente hasta que se acaba. Un lugar donde se cruzan todas las fronteras sin cruzar ninguna. El Festival de Sitges, cada vez más abierto e inclasificable se encamina a definirse precisamente como eso: una frontera. La frontera. Un lugar donde un solo paso implica pasar de la vida a la muerte, del terror a la comedia, de la nube a la ola y del futuro al pasado. Y, del 7 al 16 de octubre, El antepenúltimo mohicano les escribirá cartas desde allí.

    OFICIAL FANTÀSTIC EN COMPETICION


    Blair Witch, de Adam Wingard (EEUU).
    Creepy, de Kiyoshi Kurosawa (Japón).
    Desierto, de Jonás Cuarón (México).
    Dog Eat Dog, de Paul Schrader (EEUU).
    The Wailing, de Na Hong-Jin (Corea del Sur).
    Grave, de Julia Ducournau (Francia).
    Interchange, de Dain Iskandar Said (Malasia).
    Karaoke Crazies, de Kim Sang-chan (Corea del Sur).
    La autopsia de Jane Doe, de André Øvredal (Reino Unido).
    Melanie. The Girl With All The Gifts, de Colm McCarthy (Reino Unido).
    Mon Ange, de Harry Cleven (Bélgica).
    Museum, de Keishi Ohtomo (Japón).
    Operation Avalanche, de Matt Johnson (EEUU).
    Pet, de Carles Torrens (España / EEUU).
    Proyecto Lázaro, de Mateo Gil (España).
    Psycho Raman, de Anurag Kashyap (India).
    Safe Neighborhood, de Chris Peckover (EEUU / Australia).
    Sam Was Here, de Christophe Deroo (Francia / EEUU).
    Seoul Station (Yeon Shan-ho, Corea del Sur)*.
    Shelley, de Ali Abbasi (Dinamarca).
    Somnia. Dentro de tus sueños, de Mike Flanagan (EEUU).
    Swiss Army Man, de Dan Kwan y Daniel Scheinert (EEUU).
    Tenemos la carne, de Emiliano Rocha Minter (México).
    Terraformars, de Takashi Miike (Japón).
    The Handmaiden, de Park Chan-wook (Corea del Sur).
    The Love Witch, de Anna Biller (EEUU).
    The Lure, de Agnieszka Smoczynska (Polonia).
    The Neon Demon, de Nicolas Winding Refn (EEUU).
    The Void, de Jeremy Gillespie y Steven Kostanski (Canadá).
    Train to Busan (Yeon Sang-ho, Corea del Sur)*.

    *Es un díptico de 210’: Seoul Station (imagen animación) sirve de preámbulo a Train to Busan (imagen real).

    OFICIAL FANTÀSTIC – SESIONES ESPECIALES


    31, de Rob Zombie (EEUU).
    Arès, de Jean Patrick Benes (Francia).
    Colossal, de Nacho Vigalondo (Canadá).
    El ataúd de cristal, de Haritz Zubillaga (España).
    Gantz:O, de Yasushi Kawamura (Japón).
    Hardcore Henry, de Ilya Naishuller (Rusia / EEUU).
    Hell or High Water, de David Mackenzie (EEUU).
    Las tinieblas, de Daniel Castro Zimbrón (Francia / México).
    Midnight Special, de Jeff Nichols (EEUU).
    Mine, de Fabio Guaglione y Fabio Resinaro (España / Italia / EEUU).
    Que Dios nos perdone, de Rodrigo Sorogoyen (España).
    Salt and Fire, de Werner Herzog (Francia / EEUU/ Alemania / México).
    Shin Godzilla, de Hideaki Anno y Shinji Higuchi (Japón).
    The Mermaid, de Stephen Chow (China).
    The Stakelander, de Dan Berk y Robert Olsen (EEUU / Canadá).
    Voyage of Time, de Terrence Malick (EEUU).
    Yoga Hosers, de Kevin Smith (EEUU).

    En cuerpo y alma

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