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    Crítica | El día más feliz en la vida de Olli Mäki

    The happiest day in the life of Olli Mäki

    Punch-Drunk-Love

    crítica de The happiest day in the life of Olli Mäki (Juho Kuosmanen, Finlandia, 2016).

    El cine sólo se atrevió a atentar contra la figura del héroe triunfador y contra la ortodoxa hegemonía del final feliz tras su romántica madurez. La llegada del cine moderno atrajo la mirada de los realizadores hacia la soledad y la desdicha del ganador que, en su inestabilidad emocional e inadaptabilidad social, se convertía de forma irremediable en un fracasado, tanto metafórica como literalmente. De algún modo, el mundo del boxeo ha sido el escenario perfecto para representar las analogías ideales del éxito y el fracaso, obligando a directores y guionistas a estudiar introspectivamente el perfil pugilístico en su intento de materializar la metáfora que más ha obsesionado a la sociedad contaminada por el sueño americano. El luchador es un ser atormentado por sus propios fantasmas cuya única vía de liberación se encuentra en esa violencia representada en forma de cuadrilátero. Mientras el resto de héroes de ficciones y pseudo-ficciones cinematográficas se rendían ante la posibilidad de la derrota, el boxeador era el único que no se dejaba doblegar y, si lo hacía, era disfrazando ese fracaso como si de una asombrosa victoria se tratase, al evidenciar las tremendas adversidades superadas —Rocky, 1976—. The Happiest Day in the Life of Olli Mäki supone un cambio radical de concepto y un atentado contra el ideal reconfortante y vigorizante de la dañada masculinidad del ciudadano medio. Desde el comienzo sabemos que Olli es un boxeador porque ha quedado explícitamente reflejado en la narración. Sin embargo su apariencia, desprovista de brillantes adornos y ropas de diseño, bien podría responder a la de un granjero, carpintero, o cualquier otro tipo de obrero sin pretensiones ni la urgente necesidad de demostrar su superioridad frente a otros machos.

    El director finés, Juho Kuosmanen, se alzó con el primer premio de la sección “Una cierta mirada” con una película sobre boxeo, sin boxeo (o casi). Para el realizador, lo importante de esta historia no se encuentra en los golpes o los entrenamientos, ni tan siquiera en la batalla introspectiva del luchador, sino en tratar de dar sentido al título del filme que, por los acontecimientos relatados, no va a ser fácil comprender. Así conocemos al protagonista, un boxeador anónimo que, de la noche a la mañana, se encuentra compitiendo por el título mundial de peso pluma. No sabemos si será el día más feliz de su vida pero, lo que está claro es que, sin duda, será de los más importantes. Como espectadores partimos de una posición prejuiciosa de rigidez e incertidumbre. Esperamos que las acciones ordinarias iniciales, la relación de Olli con su familia o los primeros encuentros con otros luchadores se salden con un estallido violento e incontrolable del protagonista; empero no será así. El carácter bonachón y simpático del boxeador nos mueve a relajarnos, a disfrutar con la cómica cotidianeidad del guion y con la puesta en escena evocadora de los años sesenta que, con un magnífico blanco y negro atemporal, nos permite contemplar los hechos de manera objetiva, con el conocimiento y la certidumbre de estar asistiendo a una historia circunscrita a una época determinada pero que, al mismo tiempo, es extrapolable a cualquier período, incluso al actual. Pronto aparece en escena la chica, de la que Olli se enamorará en el momento más inoportuno posible, quedando enfrentada de esta manera al manager del protagonista: Elis, un Marilyn Manson hipertrofiado que se impacienta a causa de la falta de disciplina mostrada por su boxeador estrella, la gran esperanza y héroe nacional.

    The happiest day in the life of Olli Mäki

    «Una cinta que cambia la concepción que teníamos del héroe cosificado; un hombre que representaba un símbolo, un ideal de éxito, ahora humanizado y personificado por medio de otro tipo de valores; los mismos principios que le llevaron a recordar y definir aquel día, varias décadas después, como el más feliz de su vida».


    Pero poco importará lo que piense Elis, o cualquier miembro del equipo técnico, Olli tiene muy claro cómo y con quién quiere pasar su tiempo libre y, a pesar de que debería estar machacándose constantemente en el gimnasio para perder esos kilos de más que le impedirían competir, se deja arrastrar por sus sentimientos y comienza con Raija un romance atípico con propuesta de matrimonio incluida. Observamos a los protagonistas acudiendo a comprar juntos su anillo de bodas. A primera vista nos percatamos de que esto representa una acción poco común, atendiendo a los parámetros tradicionales de la comedia romántica, según los cuales los novios realizaban por separado esta tarea con el propósito de sorprenderse mutuamente —más sobrecogida queda siempre ella, no olvidemos que nos movemos en un territorio machista—, con la entrega de ese preciado anillo. Pero de pronto caemos en la cuenta, para mayor desconcierto, de que no estamos frente a una comedia romántica, sino ante un drama boxístico, y el día elegido por el luchador para “ir de tiendas” con su novia coincide con el acontecimiento deportivo más importante de su carrera: la lucha por el título de campeón. ¿Por qué este día? ¿Se ha rendido antes de empezar? ¿Se siente atemorizado, quizá? Lo cierto es que los motivos son los mismos que le impiden perder peso, los mismos que le llevan a salir de cena o a comer con su prometida cuando supuestamente tendría que estar a base de verduras a la plancha: el amor, la felicidad y la perfecta comunión entre ambos términos. Un estado de embriaguez en el que poco o nada importa lo que los demás tengan que decir, pues todo lo que el personaje hace tiene un único objetivo: ella. Y cuando ese instante llega, no existe nadie en el mundo más que Olli y Raija.

    Kuosmanen destroza todos los patrones de actuación pugilística que se venían aplicando religiosamente a las ficciones anteriores sobre el deporte y los deportistas de élite. El machismo queda completamente erradicado, el hombre deja de ser un ente autodestructivo cuya ideología quedaba articulada por un modelo hegemónico de masculinidad. Por este motivo, Olli, escapando de ese modelo estandarizado de hombría y de comportamiento sexista, personifica la antítesis de cualquiera de las representaciones de la hipermasculinidad creadas por Raewyn Connell en su libro Masculinidades (Masculinities, 1995), y es el principal detonante del conflicto y del choque con su otro yo: el mundo de la competición del que el protagonista se siente cada vez más desligado, cuando más concentrado e involucrado tendría que estar. Asaltan aquí conceptos como el de irresponsabilidad, falta de compromiso y el desencanto de las personas que habían creído en él. Pero Olli responderá a todos ellos con buena cara y con su esquiva personalidad, impermeable a todo menos a la dulce mirada de Raija. Resulta difícil explicar la importancia de esta película a nivel trasgresor sin ahondar en la relevancia y detalles de su desenlace, por lo que nos conformaremos con decir que jamás se apreciaron en la filmografía boxística unas convicciones tan claras como las del protagonista de The Happiest Day in the Life of Olli Mäki, un hombre que sustituyó los impulsos vitales por los que discurre el lenguaje de los atletas: la bravuconería, la provocación y el insulto, por otros mucho más elocuentes y evolucionados, como el respeto, la admiración y la dialéctica. Una cinta que cambia la concepción que teníamos del héroe cosificado; un hombre que representaba un símbolo, un ideal de éxito, ahora humanizado y personificado por medio de otro tipo de valores; los mismos principios que le llevaron a recordar y definir aquel día, varias décadas después, como el más feliz de su vida. | ★★★★ |


    Alberto Sáez Villarino
    © Revista EAM / 69º Festival de Cannes


    Ficha técnica
    Finlandia. 2016. Título original: Hymyilevä mies. Director: Juho Kuosmanen. Guion: Mikko Myllylahti. Fotografía: Jani-Petteri Passi (B&W). Duración: 92 minutos. Música: Laura Airola y Miika Snåre. Productora: Aamu Filmcompany / ONE TWO Films / Tre Vänner Produktion AB. Montaje: Jussi Rautaniemi. Diseño de producción: Kari Kankaanpää. Diseño de vestuario: Sari Suominen. Intérpretes: Eero Milonoff, Jarkko Lahti, Oona Airola. Presentación oficial: Festival de Cannes 2016 (Ganadora Una cierta mirada).

    Póster: The happiest day in the life of Olli Mäki
    Feelmakers

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