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    Crítica | I saw the light

    I saw the light

    Los demonios artísticos ya no son lo que eran

    crítica de I saw the light (Marc Abraham, Estados Unidos, 2015).

    ¿Qué sería del cine americano sin su correspondiente dosis anual de biopics? Como con tantos otros géneros made in Hollywood, la película biográfica suele ser una apuesta segura, que además puede garantizar ciertos niveles de prestigio a sus implicados, incluyendo algún que otro premio de relumbrón. Los hay para todos los gustos: personajes históricos, científicos con o sin dilemas morales, políticos, estafadores y hasta personalidades pintorescas que simplemente le hicieron gracia a la platea (véase la reciente Florence Foster Jenkins). Y, por supuesto, artistas atormentados, los auténticos favoritos de Hollywood, quién sabe si por aquello del ego. I saw the light partía pues con todo a su favor, incluyendo al virtuoso torturado de turno (en este caso, el cantante de country Hank Williams), un par de actores populares y atractivos al frente del reparto, y su pequeña dosis de polémica cuando el nieto de Williams criticó duramente la elección del británico Tom Hiddleston para encarnar a su abuelo. Y, empero, I saw the light es una película profundamente insatisfactoria. La dirección es convencional en el mejor de los casos, y, por momentos, parece casi inexistente. Abraham no arriesga, no plantea nada que no se haya visto en una pantalla una y mil veces; casi parece que se hubiese plantado en el rodaje con un manual de dirección y hubiese seguido las instrucciones punto por punto: todos y cada uno de los estereotipos del género están ahí, predecibles en su planteamiento y resolución hasta la última coma, aunque el espectador no conozca el más mínimo detalle sobre la vida y obra de Hank Williams. I saw the light es lo más parecido a un “pinta por números” que se ha visto en una pantalla en mucho tiempo. Y eso incluye los números musicales, que se antojan funcionales y añadidos casi por obligación, a pesar de que en varios de ellos se supone que debe haber momentos de carga dramática. Quizá no hacía falta un espectáculo digno de Broadway, pero sin duda hubiese sido de agradecer que los momentos musicales del biopic de un cantante tuviesen algo más de interés, en lugar de parecer meros interludios de una obra teatral.

    Por desgracia, la falta de una dirección mejor hace que sus actores se vean deslucidos, a pesar de sus esfuerzos, que no son pocos. No cabe duda de que Tom Hiddleston es sumamente carismático, además de un actor más que solvente, al menos en manos del director adecuado. Sin embargo, su trabajo en I saw the light no resulta convincente, aunque es difícil decir si es debido al propio actor —que quizá ciertamente no era el más idóneo para el papel, a pesar de su más que evidente compromiso con el mismo—, o a que no podía hacer más con el material que tenía entre manos. El mismo problema se aplica a Elizabeth Olsen: es innegable su esfuerzo interpretativo, pero lo único que vemos es un estereotipo de esposa sufridora y/o enfadada que no convence a nadie (incluyendo a la cinta, que pierde gradualmente el interés en ella), aunque su acento sureño sea notablemente mejor que el de Hiddleston. Y si sucede eso con los dos protagonistas, ya pueden imaginar con el reparto de secundarios: roles apenas dibujados que cumplen con su función (es un decir) de la forma más mecánica posible. En ese aspecto, el filme de Abraham es también una lección de manual, pero en este caso de cómo desperdiciar actores. Y es que ni el mejor de los elencos, ni la fotografía de Dante Spinotti, no exenta de cierta belleza, pueden salvar lo insalvable. Un par de buenos actores sólo pueden llegar hasta ciertos límites con una historia endeble y mal contada, que se recrea en momentos que no aportan nada, optando en cambio por hacer que otros, mucho más importantes para la trama, sucedan fuera de cámara de forma incomprensible, incluyendo el destino final de su protagonista. Lo peor del asunto es que Abraham parece creer que su insistencia con el problema de alcoholismo y los líos de faldas de Williams, obviando todo lo demás, es de lo más transgresor y atrevido. ¿Quién quiere un personaje tridimensional cuando puedes tener un cliché andante? Es por todo ello que I saw the light no resulta satisfactoria para nadie: ni para los fans del country en general o de Williams en particular, que verán cómo la faceta de creador del cantante se ve reducida a la mínima expresión; ni para aquellos que disfruten de un biopic con enjundia, que se encontrarán con algo mil veces hecho, y de mejor forma; ni siquiera para quienes quieran evadirse un rato con un relato más o menos convencional, porque la falta de chispa de la película no se lo permitirá. Hank Williams, desde luego, merecía mejor suerte. Los demonios artísticos están de capa caída en nuestro aséptico siglo XXI. | ★ |


    Judith Romero
    © Revista EAM / Londres


    Ficha técnica
    Estados Unidos, 2015. Título original: I saw the light. Director: Marc Abraham. Guión: Marc Abraham (basado en el libro de Colin Escott, George Merritt y William MacEwen). Productores: Marc Abraham, Aaron L. Gilbert, Brett Ratner, G. Marq Roswell. Productoras: Bron Studios / RatPac Entertainment. Presentación oficial: Festival de Toronto 2015. Fotografía: Dante Spinotti. Música: Aaron Zigman. Vestuario: Lahly Poore-Ericson. Montaje: Alan Heim. Dirección artística: Rob Simons. Reparto: Tom Hiddleston, Elizabeth Olsen, Bradley Whitford, Cherry Jones, David Krumholtz, Maddie Hasson, Wrenn Schmidt, Josh Pais.


    El fulgor efímero

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