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    REC 2015 (II) | Críticas: Don't Look at Me That Way + Viaje

    Don’t Look at Me That Way

    El poder femenino

    Crónica número II del XV Festival Internacional de Cinema de Tarragona.

    Tras quedar absortos al visionar la forma de filmar la sensibilidad femenina en Mustang, Les amigues de l’Àgata, y Margarita with the Straw durante la primera jornada del Festival Internacional de Cinema de Tarragona, al día siguiente fuimos testigos de la cara más temida del cine de tendencia feminista. Nos referimos a la representación del poder de las mujeres en el séptimo arte. Se trata de un tema de gran actualidad que cada vez está siendo menos elogiado por ciertos sectores de la crítica cinematográfica, a causa de sus postulados tan radicales. En este sentido, la maravillosa ópera prima de Ulisemna Borchu podría llegar a convertirse en el estandarte de esta temática. La desbordante e inclasificable Don’t Look at Me That Way no sólo se presenta como la mejor película del certamen; este filme es, también, uno de los debuts más sorprendentes de este año.

    DON'T LOOK AT ME THAT WAY

    Schau mich nicht so an. Uisenma Borchu, Alemania, Mongolia/ Competición.

    Desconcertante, violento, aterrador. Pocos adjetivos pueden describir el impacto que genera el visionado de la ópera prima de Uisenma Borchu, Don’t Look at Me That Way. El filme, galardonado con el Premio FIPRESCI en el Festival de Múnich, fue presentado en la sección oficial del REC, causando una gran división de opiniones entre los asistentes. Esta película –al parecer, no apta para todos los públicos– puede resumirse argumentalmente como una versión treintañera de Respire (Mélanie Laurent), más macabra e impredecible. Sin embargo, no debemos confundir la impredecibilidad con la inverosimilitud. Don’t Look at Me That Way es, ante todo, una película sincera, que nunca se traiciona, ni se boicotea a sí misma. El filme ofrece aquello que promete desde su prólogo turbador: un thriller psicológico cuyos personajes serán tan devastados que el relato tendrá que concluir con un final apoteósico e inesperado. En su debut, Uisenma Borchu ha demostrado ser una verdadera maestra del suspense, aunque sea su primer acercamiento al cine de género. La directora mongola, afincada en Alemania desde los cinco años, confesó en el coloquio tras la premiere española de su película que en un principio quería dirigir un documental sobre una madre soltera, pero decidió cambiar de rumbo cuando se dio cuenta del material sobre teoría de género que tenía en sus manos.

    De este modo, definir Don’t Look at Me That Way como un thriller impecable, basado en una historia de amor, sexo furtivo, y obsesión malsana entre una madre soltera y su vecina, sería elogiar la parte más liviana de la película; pues su gran mérito reside en la representación del poder femenino, y cómo es usado por ambas protagonistas a lo largo de la cinta. Si bien en Respire las inseguridades masoquistas de Joséphine Japy encajaban a la perfección con el sadismo de Lou de Lâage, en Don’t Look at Me That Way la sumisa y autocompasiva Iva (Catrina Stemmer) se acopla, sin poner resistencia, a las órdenes y caprichos de su vecina Heidi (interpretada por la cineasta novel). Para no caer en lecturas psicológicas de Heidi cual borderline que esconde un pasado traumático, Borchu declaró que la caracterización de su personaje es fría, manipuladora y egoísta, porque así debería ser una mujer; es decir, una persona que cree siempre en sí misma, sin dejarse pisotear por nada, ni por nadie. [90/100]

    Viaje

    VIAJE

    Paz Fábregas, Costa Rica / Competición

    Durante la segunda jornada del Festival Internacional de Cinema de Tarragona se presentó otra película sobre la representación del poder femenino dirigida por una mujer. Se trata de la nueva obra de la cineasta costarriqueña Paz Fábregas, mundialmente conocida por su largometraje anterior, Agua fría de mar. En esta ocasión, la realizadora se distancia del tenebrismo que definió su inquietante ópera prima que fue galardonada con el Tiger Hivos Award del Festival de Róterdam en 2010. Aunque ambos relatos partan de un viaje que acabará por unir o destruir una relación de pareja, Viaje propone un punto de vista naif contra el desasosiego existencialista que condicionó su primer trabajo. La trama de Viaje arranca con un plano secuencia, donde la cámara se mueve entre las escaleras y un piso superior de una casa donde se está celebrando una fiesta de disfraces, inmortalizando el bochornoso y antirromántico encuentro de los protagonistas de esta futura boy-meets-girl movie. La película convence al espectador con el retrato cándido del pre-enamoramiento entre Luciana (Kattia González) y Pedro (Fernando Bolaños), pero pierde consistencia cuando los jóvenes se adentran en la selva durante un par de días. En este sentido, Viaje no aporta mucho en este género tan explotado, más allá de su exotismo ambiental y la caracterización del personaje femenino: otra mujer segura de sí misma que decidirá qué quiere hacer en todo momento; pues será ella quién asuma la responsabilidad de escoger si el idilio romántico acabará o continuará. [70/100]


    Carlota Moseguí
    © Revista EAM / Festival REC 2015



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