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    Crítica | La próxima vez apuntaré al corazón

    La próxima vez apuntaré al corazón

    En la psique del asesino

    crítica de La próxima vez apuntaré al corazón (La prochaine fois je viserai le coeur, Cédric Anger, 2014).

    Guionista de cintas como Según Matthieu (Xavier Beauvois, 2000) o L’homme qu’on aimait trop (André Téchiné, 2014) y antiguo crítico de la prestigiosa revista cinematográfica Cahiers du Cinéma, Cédric Anger se viene labrando, en los últimos años, un nombre como interesante director de thrillers gracias a Le Tueur (2007) y L´Avocat (2010). La próxima vez apuntaré al corazón (2014) es su tercer trabajo como realizador hasta la fecha y podríamos decir que también el mejor. A su paso por el Festival de Sitges de 2015, la cinta ya causó muy buenas sensaciones a través de la cruda y sorprendente historia real que azotó a una la tranquila comarca parisina de Oise entre 1978 y 1979. El caso de un asesino en serie que se dedicaba a asesinar a mujeres jóvenes a sangre fría sin dejar ninguna pista obtuvo gran repercusión mediática en su momento y mantuvo en jaque a una policía que pronto comenzaría a sospechar que el culpable debía tener información de primera mano sobre sus movimientos. Efectivamente, Franck Neuhart, uno de los gendarmes encargados de la investigación, de apariencia amable y tranquila y con el respeto ganado por parte de sus superiores, llevaba una doble vida en la que ocupaba su tiempo libre en realizar aquellos atroces crímenes, dejándose llevar por la misoginia y unos instintos psicópatas frutos de una atormentada sexualidad reprimida. Las correrías de aquel serial killer le sirven a Anger para diseñar una de las películas de intriga psicológica más turbias y fascinantes del reciente cine europeo.

    Desde el comienzo, directo y contundente, del filme, el espectador asiste al acoso y posterior atropello que, por parte de un coche, sufre una muchacha que circula en su motocicleta por una carretera poco transitada en medio de la oscuridad de la noche. Ya en ese momento se nos desvela la identidad del hombre al volante del automóvil, por lo que el guionista pone las cartas boca arriba con rapidez, no dejando espacio para el suspense que podría generar la incertidumbre de desconocer quién comete los asesinatos. La intención de la película es otra: seguir al homicida de cerca, introduciendo al espectador en su enfermizo mundo y haciéndole partícipe de cada una de sus jugadas en una partida en la que tiene como contrincantes a una gendarmería de la que él mismo forma parte. Así, asistimos a la difícil relación de Franck con sus padres; a la tensa relación amorosa que trata de iniciar con Sophie, la mujer que limpia su casa; la cotidianidad de las patrullas junto a sus compañeros gendarmes y, sobre todo, a ese escalofriante modus operandi con el que va sesgando las vidas de chicas inocentes que, al azar, se van cruzando en su camino, siendo las autoestopistas las que salen peor paradas al subir al vehículo de este desconocido de rostro confiable. Un rostro que tiene los rasgos de un Guillaume Canet realmente sorprendente, de mirada turbia y perpetuo rictus a medio camino entre una sonrisa forzada y el asco que le provocaban sus víctimas. El actor francés, en una interpretación que es todo un prodigio de contención, construye uno de los psycho killers más creíbles y aterradores en su cercanía vistos en mucho tiempo en una pantalla de cine, muy en la línea del que interpretara Michael Rooker en la indispensable y sin concesiones Henry, retrato de un asesino (John McNaughton, 1986), con la que La próxima vez apuntaré al corazón comparte una visión similar del tema, ya que ambas enfocan la historia a través de los ojos del criminal, mostrando sus atrocidades en primerísima persona. La cinta de Anger, sin embargo, huye de la escabrosidad y la violencia explícita tanto de aquella como de Maniac (William Lustig, 1980) —otro título que, según propias declaraciones del realizador, le sirvió de referente— para entregar un relato más introspectivo y pausado, en el que la frialdad de la puesta en escena alimenta el carácter insano del relato con más contundencia que cualquier escena sangrienta.

    La próxima vez apuntaré al corazón

    «El director acierta al tratar de no juzgar los horribles actos de su protagonista... Únicamente se limita a diseccionar aquella crónica negra con la precisión con la que un cirujano manejaría su bisturí, indagando en la compleja personalidad de un loco al que Canet personifica con una maestría solo al alcance de los más grandes».


    La elegante fotografía, que saca el máximo partido, sobre todo, a esos inhóspitos bosques en los que el protagonista busca en las noches cobijo físico y emocional, unida a una música de Grégoire Hetzel que contribuye a generar gran tensión, son dos grandes bazas para que la película no necesite de demasiados golpes de efecto para lograr que no podamos apartar la vista de lo que sucede en pantalla durante sus dos horas de metraje. Por otro lado, merece especial atención la planificación de las escenas de los asesinatos, tan cortantes como impecablemente rodadas y cercanas al estilo de David Fincher en la también magnífica Zodiac (2007). La subtrama amorosa entre Neuhart y Sophie (estupenda Ana Girardot) sirve para describir a la perfección la psique del personaje, reflejando su lucha entre hacer lo que los demás esperan de él —esa madre que no deja de preguntarle sobre cuándo piensa casarse— y el sentimiento de repulsión que experimenta ante cualquier contacto físico con el sexo femenino. La próxima vez apuntaré al corazón da mayor prioridad al drama psicológico que a la trama de la investigación, continuamente saboteada por Neuhart, manteniéndose el relato dentro de las coordenadas propias del cine polar francés clásico —con A pleno sol (René Clement, 1960) como referente más cercano—. El director acierta al tratar de no juzgar los horribles actos de su protagonista. Tampoco trata de humanizarlo o disculpar su comportamiento a través de un exigente entorno (familiar y laboral) ante el que se ve obligado a estar a la altura de las circunstancias en todo momento. Únicamente se limita a diseccionar aquella crónica negra con la precisión con la que un cirujano manejaría su bisturí, indagando en la compleja personalidad de un loco al que Canet personifica con una maestría solo al alcance de los más grandes. | ★★★★ |


    José Martín León
    © Revista EAM / Madrid


    Ficha técnica
    Francia. 2014. Título original: La prochaine fois je viserai le coeur. Director: Cédric Anger. Guion: Cédric Anger (Novela: Yvan Stefanovitch). Productoras: Sunrise Films / Les Productions du Trésor / Mars Films. Presentación oficial: Festival de Cine Francófono en Angoulême 2014. Premios: 2 nominaciones al César (mejor actor y mejor guion). Productores: Alain Attal, Anne Rapczyk. Fotografía: Thomas Hardmeier. Música: Grégoire Hetzel. Montaje: Julien Leloup. Vestuario: Jürgen Dœring. Reparto: Guillaume Canet, Ana Girardot, Jean-Yves Berteloot, Patrick Azam, Arnaud Henriet, Douglas Attal. Duración: 111 minutos.

    Póster: La próxima vez apuntaré al corazón
    El fulgor efímero

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