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    Crítica | El libro de la vida

    El libro de la vida

    Churros y churris

    crítica de El libro de la vida (The Book of Life, Jorge R. Gutiérrez, 2014) / ★★★

    Es muy actual el debate sobre la falta de representación de las minorías estadounidenses en su cine. Las protestas han vuelto a hacerse oír en un año en que las nominaciones a los Óscar, en sus categorías interpretativas, no presentan a ningún intérprete de color. Ello se debe en gran parte a que una de las favoritas tempranas de la temporada, Selma (Ava Duvernay, 2014), trabajo alabado que se ha querido vincular a los sucesos de Ferguson, ha caído en saco roto, aún entrando por la puerta de atrás en la competición por la mejor película. En cualquier caso, es general la falta de visibilidad que tienen no solo los afroamericanos sino también los asiáticos o los latinoamericanos. Y las razones hay que buscarlas antes en la taquilla que en la Academia. Ello se materializa en una industria norteamericana que atiende a intereses diversos, tanto internos como foráneos, donde los gráficos apenas reflejarían un aumento de la demanda por parte de ese público no WASP. Dicho de otra manera, si se llegara a ofrecer un producto vinculado a sus culturas, también debería tener un atractivo universal porque de lo contrario la empresa correría demasiados riesgos económicos. Pues bien, esto es precisamente lo que intenta conseguir El libro de la vida (The Book of Life, 2014), que viene a sumarse a la corriente creciente de grandes producciones de animación a las que los espectadores tienden a acudir en masa sin pensárselo. El éxito de esta cinta ha sido con todo relativo, tras haber recaudado en Estados Unidos unos 50 millones de dólares, y su ausencia en su respectiva categoría en los Oscar no va a ayudarle a remontar el vuelo a estas alturas. Pero dejemos estas frívolas consideraciones y veamos si, al menos desde un punto de vista narrativo, ha sido buena idea combinar la idiosincrasia mexicana con el denominador común más comercial posible.

    Que ésta es la intención del director y coguionista Jorge R. Gutiérrez queda claro desde un arranque del metraje en que una guía turística ilustra a unos críos sobre la historia que se nos va a contar. El paralelismo con el público en principio infantil y/o ignorante de la película es manifiesto. Y es que dicha historia tiene como protagonistas a dos jóvenes amigos y rivales (voces de Diego Luna y Channing Tatum) que luchan por el corazón de una misma chica (a cargo de Zoe Saldana), primero con la ingenuidad de la infancia y luego con las rencillas de la mayoría de edad, todo ello, y aquí está lo novedoso, en el contexto del día de los muertos. Festividad que en México tiene un especial significado, con leyendas y mitos que la alimentan, y por ello Gutiérrez se cuida desde un inicio de darnos algunos detalles al respecto. De paso se van añadiendo señas folclóricas de índole gastronómica o atlética, destacando la secuencia de una corrida de toros que uno de los protagonistas emplea para ganarse el aprecio de la rebelde dama. Pero su emoción no la proporciona tanto el suspense del cuerno rasgando el capote, sino otro símbolo latino, en su etimología más pura: un remix de L’estasi dell’Oro de Ennio Morricone. Es la ocurrencia más brillante, pero no la única, de una banda sonora a cargo de Gustavo Santaolalla, que alterna algunos acordes operísticos aquí y allá con canciones populares en su sentido figurado. El dinamismo de la música acompaña pues el ingenio visual, que con ritmo elevado aunque no mareante (3D incluido para quién pueda permitírselo) alterna decorados ricos en detalle, como el pueblo de San Ángel en que transcurre el grueso de la narración, o los mundos paralelos a los que se traslada la parte más fantástica de la acción. Entonces los colores vibran y las criaturas se aglomeran para rentabilizar al máximo las tres dimensiones.

    El libro de la vida

    Sin embargo, de nuevo las más admirables probablemente sean las contadas composiciones bidimensionales y estáticas, y por ende más tradicionales, que acentúan la estética pictórica y pintoresca de la cinta. Véanse al respecto los planos generales largos del pueblo con un sujeto colocado a un lado del encuadre en primer término, en tomas breves a modo de gag visual. Similares intenciones artísticas podrían tener los rasgos caoba con que parecen diseñados los personajes, cuales marionetas de madera manejadas por los seres divinos de la mitología en cuestión (Xibalba y La Catrina) que están detrás de su rivalidad amorosa. Son en definitiva opciones estilísticas retro y a la vez muy de moda que contrastan con otros componentes de la historia más modernos pero también más estereotipados. Cabe citar al respecto desde los flirteos bohemios hasta las moralinas New Age. El problema es que estos últimos elementos toman la delantera en un último acto en el que se introducen dos personajes innecesarios, por facilones: el gigante y pirático antagonista que amenaza el pueblo, y un pseudo Papá Noel encargado de alumbrar con velas el tránsito entre los mundos, este último con la voz original de un Ice Cube que no pinta demasiado en este meollo intercultural. En otras palabras, la resolución del conflicto inclina la balanza del lado del drama más banal y del humor más pueril, cediendo ante las supuestas (por inexistentes, debiera entenderse) presiones de una producción encabezada por nada menos que Guillermo del Toro. Y es que, al fin y al cabo, puede que no hubiera más remedio que sucumbir a las consecuencias de un presupuesto millonario cuya audiencia predeterminada no consigue nunca sortearse del todo. Aún así, nos quedan las cualidades en parte enumeradas aquí, que conceden a la película cierto interés nostálgico no exento de mérito. | |

    Ignacio Navarro Mejía
    Redacción Madrid


    Ficha técnica
    Estados Unidos, 2014. Director: Jorge R. Gutiérrez. Guion: Jorge R. Gutiérrez & Douglas Langdale. Productora: Reel FX Creative Studios / Twentieth Century Fox / Chatrone. Música: Gustavo Santaolalla. Montaje: Ahren Shaw. Intérpretes (voces): Diego Luna, Zoe Saldana, Channing Tatum, Ron Perlman, Christina Applegate, Ice Cube.


    Póster estadounidense de El libro de la vida
    Feelmakers

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