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    Crítica | El hobbit: La batalla de los cinco ejércitos

    El hobbit: La batalla de los cinco ejércitos

    La antepenúltima batalla

    crítica de El hobbit: La batalla de los cinco ejércitos / The Hobbit: The Battle of the Five Armies, de Peter Jackson, 2014 / ★★

    Parece que no fue hace tanto cuando unos planos picados de una campiña topográfica (léase, diseñada por arquitectos emparentados con topos), acordes de Howard Shore de por medio, avivaban en nuestras entrañas un cosquilleo de emoción, cual crepitar en una buena chimenea. Y es que en el interior de este encantador paisaje, en cada agujero en el suelo vivía un hobbit. No un agujero húmedo, sucio, repugnante, con restos de gusanos y olor a fango, ni tampoco un agujero seco, desnudo y arenoso, sin nada en que sentarse o que comer: era un agujero-hobbit, y eso significa comodidad. Palabras de Tolkien, autor de la trilogía más célebre de la tierra (media), llevada al cine como decíamos hace no tanto tiempo. A priori, ahora no nos interesa tanto esta trilogía sino otra más reciente, desconocida para el autor del material original, cocinada a partir de un libro anterior suyo titulado precisamente El hobbit. Y concretamente la película objeto de este texto es la última de la serie, subtitulada La batalla de los cinco ejércitos. En efecto, el comentario que sigue debería centrarse en esta cinta, obviando productos supuestamente ajenos a la misma, pero su visionado enseguida demuestra que tal tarea es poco menos que imposible (aunque lo vamos a intentar). No es sólo que, como toda trilogía que se precie, su tercera parte únicamente adquiere sentido tras haber visto las dos anteriores, sino que la historia que en ella se nos narra, cercana a las dos horas y media de metraje, no tiene suficiente sustancia como para justificar un análisis independiente. Lo único que ha podido justificar esta empresa liderada por Peter Jackson es el cálculo coste-beneficio, aunque el cineasta haya asegurado que ésta era la mejor manera de contar la aventura del tal hobbit y un número indefinido de enanos camino a una montaña usurpada a sus antepasados por un dragón rojo.

    Esta lucha de Davides contra Goliat tiene todos los ingredientes de las grandes epopeyas, si no fuera porque falta precisamente la identificación del héroe. El metraje arranca con la devastación a cargo del malicioso reptil y los planos en paralelo de nuestros protagonistas. ¿Pero quiénes son exactamente estos temerarios individuos? No lo tenemos muy claro, no sólo porque sus nombres se nos hayan olvidado (salvo los evidentes), sino también porque sus caras, barbudas para más inri, nos resultan bastante extrañas. Fue hace un año cuando tuvimos ocasión por última vez de compartir peripecias con ellos, y el tradicional prólogo que alumbra el relato no aporta en este caso información previa, sino que directamente se desvanece en la humareda desatada por el dragón. Es igual, la acción prosigue, el dragón es abatido con un suspense minorado por el alivio cómico y la montaña vuelve a ser pequeña. Frente a ella se agrupan entonces los supervivientes y se avecina la siguiente batalla, pues llegan noticias de orcos avanzando desde algún sospechoso punto cardinal. Antes son con todo los elfos los que se unen a la fiesta, incluido un Legolas instrumental para despertar la nostalgia, aunque lo recordábamos con una cara menos afectada por una cirugía rejuvenecedora más propia del nuevo milenio que de la “edad media”. Hay otro puñado de personajes con parecido propósito, como pueden ser una Galadriel o un Saruman inusualmente combativos, este último con los rasgos inmortales de un Christopher Lee que no necesita arreglos estéticos para ser el de siempre.

    El hobbit: La batalla de los cinco ejércitos

    Pero volvamos al escenario de la batalla, que es el único que importa. Nos habíamos quedado en los preparativos bélicos, hechos inevitables por la testarudez del enano vuelto rey, enloquecido por la fiebre del oro. Dejando de lado sus contradictorias motivaciones, que como ya hemos comprobado son lo de menos, el caso es que la guerra que provocan, por fin, estalla. El problema es que entonces no sabemos muy bien de qué bando situarnos, porque es difícil empatizar con alguno de ellos. Jackson se propone ayudarnos a tomar una decisión, alargando el enfrentamiento hasta cuotas desmedidas e introduciendo con calzador supuestas emociones amorosas o amistosas. Pero la caricatura es inevitable y nos contentamos con disfrutar de un espectáculo aséptico. Los 48 fotogramas por segundo simplifican la persistencia retiniana, por lo que basta apoltronarnos y tener los ojos medio abiertos para que la imagen nos llegue con brillo y nitidez. Si el dolor de cabeza no amenaza, no es difícil alabar los efectos visuales de una película diseñada desde el envoltorio hacia adentro. Los movimientos de cámara también acompañan, pues la moda en auge de los planos secuencia consigue resultados asombrosos gracias a las innovaciones técnicas. Con todo, aquí no encontramos ocurrencias a la altura de la escena de los barriles arrastrados por la corriente del episodio anterior, por lo que incluso parece que falla el ánimo de entusiasmar al respetable más ingenuo con trucos circenses. Es más, un cierto aire de desgana recorre todo el metraje, y cuando nos hemos dado cuenta… no, la batalla aún no ha terminado. Hay que aguantar un poco más para que volvamos a nuestra querida campiña y la añoranza vuelva a hacer acto de presencia. El epílogo logra entonces dejarnos con buen sabor de boca, pero por méritos que no pueden precisamente calificarse como propios de esta película. Sus cualidades son heterodoxas: los orcos pálidos que echamos de menos, la música amortiguada por los golpes de guerra, los chistes físicos a contracorriente… Y sus fallos, sobre los que no hace falta insistir más, son numerosos. En definitiva, estamos ante la peor película de la trilogía (la de verdad no, la nueva), pero sigue siendo una película sobre hobbit(s) y otros seres maravillosos, y eso no se nos puede olvidar. | ★★ |

    Ignacio Navarro Mejía
    Redacción Madrid


    Ficha técnica
    Nueva Zelanda & Estados Unidos, 2014. Productora: New Line Cinema / MGM / WingNut Films / 3Foot7. Director: Peter Jackson. Guión: Fran Walsh, Philippa Boyens, Peter Jackson & Guillermo del Toro (basado en la novela de J.R.R. Tolkien). Fotografía: Andrew Lesnie. Música: Howard Shore. Montaje: Jabez Olssen. Reparto: Martin Freeman, Ian McKellen, Richard Armitage, Luke Evans, Orlando Bloom, Evangeline Lilly.


    Póster: El hobbit: La batalla de los cinco ejércitos
    Feelmakers

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