|| Críticas | ★★★☆☆
Wildwood
Travis Knight
Cada corteza y hoja de árbol que deja ver el bosque
Ignacio Navarro Mejía
Locarno (Suiza) |
ficha técnica:
Estados Unidos, 2026. Dirección: Travis Knight. Guion: Chris Butler (basado en el libro de Colin Meloy y Carson Ellis). Producción: Laika Entertainment. Fotografía: Caleb Deschanel. Música: Dario Marianelli. Montaje: Christopher Murrie-Green. Diseño de producción: Nelson Lowry. Vestuario: Deborah Cook. Reparto (voces): Peyton Elizabeth Lee, Jacob Tremblay, Carey Mulligan, Richard E. Grant, Jake Johnson, Maya Erskine, Tom Waits, Angela Bassett, Awkwafina, Mahershala Ali. Duración: 130 minutos.
Estados Unidos, 2026. Dirección: Travis Knight. Guion: Chris Butler (basado en el libro de Colin Meloy y Carson Ellis). Producción: Laika Entertainment. Fotografía: Caleb Deschanel. Música: Dario Marianelli. Montaje: Christopher Murrie-Green. Diseño de producción: Nelson Lowry. Vestuario: Deborah Cook. Reparto (voces): Peyton Elizabeth Lee, Jacob Tremblay, Carey Mulligan, Richard E. Grant, Jake Johnson, Maya Erskine, Tom Waits, Angela Bassett, Awkwafina, Mahershala Ali. Duración: 130 minutos.
Lo cierto es que libro, inicio de una saga de fantasía infantil, y película, última producción de un estudio centrado igualmente en la animación fantástica, estaban destinados a retroalimentarse, partiendo de la curiosa coincidencia de que aquel está ambientado en Portland (Oregón), sede precisamente de Laika. Y la geografía cobra mucha relevancia en esta historia, titulada Wildwood en referencia fabulosa al frondoso y salvaje bosque que se extiende a las afueras de la ciudad. Tras un prólogo que nos sumerge de lleno y con todo lujo de detalle en esa vegetación y sus imaginarios residentes, nos trasladamos a una de las viviendas de Portland, donde habita la joven protagonista del relato, con sus padres y su hermano pequeño. En realidad, aquel prólogo se funde (en un recurso típico de la narración cinematográfica, para confundir inicialmente la “realidad” y la ficción) con la narración de un cuento que el padre está transmitiendo a su hijo menor, advirtiéndole del peligro de cruzar los lindes de aquel bosque, calificado como impenetrable. La hija mayor, sin embargo, a quien desde pequeña han educado también en la prudencia, para evitar todo tipo de riesgo fuera de las paredes del hogar doméstico, no se toma ya en serio tales admoniciones. Así, cuando los padres se ausentan para acudir a una feria local, dejando al niño bajo guarda y custodia de su hermana, prohibiéndoles salir de casa, esta hace caso omiso, dando un paseo alocado por la ciudad hasta llegar a un parque abandonado donde una bandada de cuervos secuestra al niño en cuestión. La protagonista, acompañada a regañadientes por un tímido compañero de curso que la admira tanto como ella lo ignora, persigue entonces aceleradamente con su bicicleta a los ominosos pájaros, hasta dentro del bosque, donde transcurre ya el grueso del relato.
Así resumidos sus primeros compases (y lo mismo ocurre con el resto del metraje), ya estos confirman la fidelidad con el libro mencionado, tanto en la estructura del libreto como incluso en el diseño de los personajes. Resulta interesante, por no decir paradójico, que la mayor producción hasta la fecha del ya reconocido estudio, en tiempo de dedicación, en medios invertidos y en acabado audiovisual, peque de falta de originalidad dramática. Ya de por sí el libro bebe de influencias manifiestas, más allá de algún folclore idiosincrático, como Las Crónicas de Narnia, Alicia en el país de las maravillas o incluso El señor de los anillos, esto último patente sobre todo en la prolongada y épica batalla del tercer acto. Se suceden así las escenas y conflictos en un delicado y no siempre logrado equilibrio entre la naturaleza extraordinaria de la historia y la familiaridad excesiva que suscita. Hay en este sentido demasiados clichés o esquematismos de personajes, con motivaciones harto explícitas y simples, por ejemplo, en ese joven que acompaña a la protagonista y que insiste en el miedo a la entrada en el bosque, o en el comportamiento de casi todos los seres que lo pueblan (desde el búho real hasta el gobernador espurio, pasando por los coyotes o ladrones). Esta incongruencia relativa se extiende a la puesta en escena, ya que por ejemplo choca el tono de la primera secuencia de acción, cercana al slapstick, cuando la heroína intenta escapar inverosímilmente de la mansión en que está recluida, y esa otra que adelantábamos de la batalla final, mucho más cruenta y realista. Con todo, más allá de estas leves críticas, la pericia técnica es indiscutible, no solo en la planificación y montaje, sino sobre todo en el grado de detalle y la gran escala de este mundo imaginado. Esto es sin duda lo que más llama la atención de la película y lo que la hace más disfrutable y meritoria, sin que el guion, como decíamos quizá el elemento más decepcionante, entorpezca ese disfrute, pues precisamente al aprovechar formas de narrar más que probadas, evita cualquier posible desconcierto por parte del espectador. Esa falta de riesgo, en cualquier caso, es lo que lamentamos, pues no solo contradice, en cierto modo, la técnica empleada, como comentábamos antes, sino también la propia esencia de la historia, impulsada por esa rebeldía y ese atrevimiento frente al conformismo y la seguridad de lo conocido. ♦













