|| Críticas | ★★★★
El final de Oak Street
David Robert Mitchell
Hay un dinosaurio en el jardín
José Martín León
ficha técnica:
Estados Unidos, 2026. Título original: The End of Oak Street. Dirección: David Robert Mitchell. Guion: David Robert Mitchell. Producción: J.J. Abrams, Jon Cohen, Tommy Harper, Matt Jackson, Hannah Minghella, David Robert Mitchell. Productoras: Bad Robot, Good Fear Content, Jackson Pictures, Warner Bros. Discovery, Tommy Harper Productions. Distribuidora: Warner Bros. Discovery, Warner Bros. Fotografía: Mike Gioulakis. Música: Michael Giacchino. Montaje: John Axelrad. Reparto: Ewan McGregor, Anne Hathaway, Maisy Stella, Christian Convery, Jordan Alexa Davis, P.J. Byrne, Hudson Meek, Anne Gee Byrd, Emily Kuroda.
Estados Unidos, 2026. Título original: The End of Oak Street. Dirección: David Robert Mitchell. Guion: David Robert Mitchell. Producción: J.J. Abrams, Jon Cohen, Tommy Harper, Matt Jackson, Hannah Minghella, David Robert Mitchell. Productoras: Bad Robot, Good Fear Content, Jackson Pictures, Warner Bros. Discovery, Tommy Harper Productions. Distribuidora: Warner Bros. Discovery, Warner Bros. Fotografía: Mike Gioulakis. Música: Michael Giacchino. Montaje: John Axelrad. Reparto: Ewan McGregor, Anne Hathaway, Maisy Stella, Christian Convery, Jordan Alexa Davis, P.J. Byrne, Hudson Meek, Anne Gee Byrd, Emily Kuroda.
Mitchell no se ha quedado atrás en su nueva película, cuya historia se ambienta en 1982, curiosamente el mismo año en que Spielberg había arrasado las taquillas de todo el mundo con la emocionante amistad del niño Elliot y el entrañable alienígena. Un año, también, en el que Poltergeist, dirigida por Tobe Hooper, pero con muchísima influencia de Spielberg, más allá de sus labores como productor, demostraba que se podía hacer un cine de terror "familiar" sin, por ello, renunciar a algunas escenas absolutamente espeluznantes. El final de Oak Street podría pertenecer, sin problemas, a este tipo de horror, aunque su guion no se decanta del todo por ningún género concreto, ya que en la cinta conviven con soltura drama familiar, acción y aventuras –en algunos pasajes es imposible no acordarse de Jumanji (Joe Johnston, 1995)– y ciencia ficción, en su modalidad de viajes en el tiempo, que nos remiten, también, a la fabulosa trilogía de Regreso al futuro, de Robert Zemeckis. Tanta referencia, sobre el papel, podría desconcertar, pero lo cierto es que el Mitchell guionista sabe manejar con maestría todas estas influencias para crear algo nuevo y con identidad propia, capaz de sorprender constantemente, aun cuando parece que el espectador va a saber por donde van a ir los tiros en la escena siguiente. La historia presenta a la típica familia norteamericana de una zona suburbana, con unos padres que atraviesan una crisis matrimonial a espaldas de sus hijos, mientras estos también se enfrentan a sus propios conflictos. Los secretos y las mentiras forman parte del día a día de los Platt para mantener una imagen de familia idílica. La madre, Denise, trabaja a escondidas en una novela sospechosamente parecida a su situación personal, mientras que su marido, Greg, bebe cuando nadie le ve y trata de ocultar que ha perdido su trabajo, realizando repartos de pizza a domicilio. La idea del divorcio está sobre la mesa, algo a lo que son ajenos la incomprendida adolescente Audrey, que empieza a descubrir su identidad sexual, y el más joven, Brian, un chico poco valiente, que sufre bullying por parte de un grupo de chicos del barrio.
Desde las primeras imágenes, todo en El final de Oak Street remite a los 8o, desde el tratamiento de la fotografía de Mike Gioulakis, habitual en el cine del realizador, a las vestimentas de los personajes, las canciones (icónicas) que oyen o la presumible ingenuidad inherente a la mentalidad de la época. Hay chavales en bicicleta, correteando por las calles del vecindario. También un perro revoltoso, Starbucks, causante de las tensiones de los Platt con el odioso vecino de turno. ¡Ah! Y no puede faltar una nueva vecinita nueva que despierta la curiosidad de Brian. Los tópicos se amontonan en una presentación de personajes que, con todo, está bien planteada, poniendo en contexto el difícil momento persona que atraviesan los protagonistas. Hathaway y McGregor están fantásticos y nos los creemos como matrimonio en crisis. Existe química. Pero son los jóvenes, Christian Convery y, sobre todo, Maisy Stella, quienes entregan los trabajos más destacables. Con la parte dramática funcionando como un reloj, con personajes de carne y hueso con los que resulta fácil empatizar pasándolo mal, es cuando entra en escena el componente fantástico. Este llega cuando una serie de extrañas luces durante la noche, después de un puñado de sucesos inexplicables en el barrio –la aparición de flores que se creían extintas hace millones de años o excrementos gigantes en el jardín vecino–, ocasionan que Oak Street sea transportada a un lugar y una época remotos donde distintas especies de dinosaurios campan a sus anchas. Es entonces cuando la cinta se convierte en una trepidante aventura de supervivencia en la que los miembros de la familia tendrán que mantenerse más unidos que nunca para escapar de las fauces de tan monstruosas criaturas. Sí, Jurassic Park está muy presente en muchas de las secuencias de acción de esta película, pero hay que destacar que El final de Oak Street es muchísimo más satisfactoria, original y, sobre todo, sangrienta, que cualquiera de las secuelas del éxito de Spielberg. El CGI, sin ser espectacular, da vida con eficacia a un buen número de monstruos que protagonizan algunas set pieces de acción rodadas con maestría. Mitchell es un auténtico crack con la cámara y nos regala algunas de las imágenes más espectaculares del cine fantástico de 2026. Hay muertes salvajes (ese Alosaurio no tiene nada que envidiar en voracidad al Tiranosaurio Rex), persecuciones cargadas de adrenalina y muy bien coreografiadas (el momento de la serpiente gigante dentro de la casa es genial) y, sobre todo, una agradecida entrega de todos los implicados en hacer que el público se lo pase en grande con una historia de agujeros de gusano, paradojas temporales y animales prehistóricos más grandes que la vida misma. Pese a tratarse del trabajo más intrascendente de Mitchell hasta la fecha, no por ello deja de ser una fascinante anomalía dentro de los encorsetados blockbusters estivales. Una auténtica gozada, divertida y emocionante, nueva demostración del enorme talento de uno de los cineastas más brillantes de la actualidad, que supera con holgura su primer reto con presupuesto abultado y muchos efectos especiales. Además, solo dura 100 minutos, algo que se agradece en unos tiempos en lo que parece que una historia no es lo suficientemente épica si baja de las dos horas y media. Lo bueno, si es breve, dos veces bueno. ♦










