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    Crítica | Calabria

    Anime nere, Francesco Munzi

    Tragedia familiar

    crítica a Calabria (Anime nere, Francesco Munzi, 2014)

    El director italiano Francesco Munzi es prácticamente desconocido en nuestro país. Tras trabajar en el mundo documental y en el de los cortos, debutó en el largometraje de ficción con Saimir (2004), premiada en la Mostra de Venecia y candidata a dos premios David de Donatello. Cuatro años más tarde estrenó, en la quincena de realizadores en el Festival de Cannes, Il resto de la notte (2008). Y ahora llega a las salas españolas su última cinta: Calabria (Anime nere, 2014) recibida con 13 minutos de aplausos en la pasada Mostra de Venecia. Una película fantástica que tiene como marco de fondo a la mafia calabresa (´ndrangheta). La ´ndrangheta es la más desconocida, pero la más peligrosa de las mafias italianas. Proviene de la punta de la bota, pero sus tentáculos llegan a todas partes, incluida España. Según datos de la agencia EFE, en el año 2007 facturaba cerca del 2,7% del PIB de Italia. Está por encima de multinacionales como McDonald’s y de algunos pequeños países de Europa… Íñigo Domínguez en su artículo Crónicas de la Mafia (VI): ’Ndrangheta (JotDown) afirma que “la densidad criminal en Calabria de quien tiene algo que ver con la ’ndrangheta sería de un 27%, frente al 12% de penetración de la Camorra en Campania y el 10% de la Mafia en Sicilia (…), estamos hablando de un cuarto de la población, con una mayoría que sufre y lleva como puede esta dictadura criminal.” Un panorama devastador en el que abundan los dramas humanos, más allá del cuadro criminal. Un tejido por el que Munzi se mueve con maestría.

    En un pueblo de la región de Calabria, rodeado de un paisaje abrupto, vive Luciano. El mayor de tres hermanos, el único que se mantiene al margen de las actividades de la familia. Sus hermanos pequeños pertenecen a la mafia calabresa; se dedican al tráfico de droga y al blanqueamiento de capital. A pesar de sus reticencias y por culpa de su hijo Leo, se verá forzado a unirse a ellos para defender el honor de la familia, con el objetivo de hacer frente al clan que años atrás asesinó a su padre. Siendo este el resumen quiero dejar claro que Calabria es algo más que una película sobre capos. Que nadie se lleve a engaño. Es un auténtico drama familiar. La mafia actúa como mero contexto (no es poco porque influye, sobremanera, en la calidad de la cinta). Es la historia de una familia que se destruye por determinismos atávicos. Es un film que se hace grande en los detalles, sin violencia explícita, muy sutil, con un retrato en términos de verosimilitud intachable, al punto de capturar a la perfección el costumbrismo de la mafia calabresa. Sobre todo en lo que a su tradición familiar se refiere y a esa conjunción entre lo viejo y lo nuevo, los arcaico y lo moderno, alejado de imposturas históricas.

    Calabria

    «... Calabria narra la implosión de una estirpe en forma de tragedia. Sus personajes se ven enfrentados de manera oscura e inevitable contra el destino. Con pulso narrativo, sin prisa, como un fado lento hacia el delirio, se filma la desdicha».

    La secuencia en la que Luciano bebe las cenizas del santo (que curan los males del alma) y las mezcla con un medicamento, es un reflejo de lo expuesto en el párrafo anterior. Es uno de los muchos elementos que a lo largo de las dos horas de metraje ayudan en la construcción realista del relato, como también el empleo del dialecto calabrés. Los protagonistas aúnan la modernidad de sus aburguesadas existencias en Milán con rituales cuasi medievales como la matanza de corderos, o el refuerzo de las relaciones entre clanes con uniones familiares. Rituales todavía vigentes. Otro ejemplo: sin olvidar que la simbiosis entre mafia y familia es un tópico del cine de mafiosos, en el caso de Calabria sí está justificado, porque en la ´ndrangheta el organigrama criminal está vinculado a la estructura familiar. Hay dos momentos clave que demuestran ese lazo: la escena en la que Leo pasea por la casa familiar y le enseña a su mejor amigo la foto de sus antepasados, jactándose de pedigrí; la misma imagen que Luciano quemará en señal de ruptura, porque sabe que el mal y el dolor nacen de la herencia recibida. Estos pequeños pormenores, escenas, referencias y secuencias sin aparente importancia acreditan un trabajo de documentación asombroso. Ponen en valor el costumbrismo de estos criminales, cuyas “creencias ancestrales se interrelacionan con la modernidad”.

    Ese mimo por los detalles y el aire casi documental favorecen, aunque la intención no esté latente, un posicionamiento moral. Calabria es una obra que “desglamouriza” al capo, se aleja del estereotipo, del aire romántico que le ha otorgado el cine a la mafia. No hay rastro de esa velada admiración que se profesa en muchos clásicos (sin que ello suponga un desmerecimiento). Da la sensación de que la aportación clásica del género, ha dejado paso a filmes con una vocación más comprometida en su relación con la realidad. Parece que hay un antes y un después de Gomorra (2008). No a nivel cuantitativo, sí cualitativo. Los trabajos que ponen el acento crítico sobre la violencia social que desencadenan estas sociedades, en lugar de hacerlo sobre la violencia física, la sangre, las palizas y los asesinatos, están generando más poso. En ese sentido la obra de Munzi tiene una fuerza que va más allá. De la misma forma, salvando las distancias, que El Padrino (1972) servía como metáfora de la América Corporativa, Calabria narra la implosión de una estirpe en forma de tragedia. Sus personajes se ven enfrentados de manera oscura e inevitable contra el destino. Con pulso narrativo, sin prisa, como un fado lento hacia el delirio, se filma la desdicha. Y se hace con buen gusto, en ocasiones utilizando encuadres complicados y con una fotografía que enfatiza el tono trágico que va adquiriendo el film. Si a esto le sumamos un elenco interpretativo sobresaliente –con presencia casi anecdótica de Carlos Bardem incluida (haciendo de narco mexicano)– nos queda una gran película. | |

    Andrés Tallón Castro
    Redacción Madrid


    Ficha técnica
    Italia, 2014, Calabria (Anime nere). Director: Francesco Munzi. Guion: Francesco Munzi, Fabrizio Ruggirello, Maurizio Braucci (Novela: Gioacchino Criaco). Productora: Cinemaundici / Babe Film. Presentación oficial: Mostra de Venezia. Fotografía: Vladan Radovic. Música: Giuliano Taviani. Reparto: Marco Leonardi, Peppino Mazzotta, Fabrizio Ferracane, Anna Ferruzzo, Barbora Bobulova, Giuseppe Fumo, Pasquale Romeo, Vito Facciolla, Aurora Quattrocchi.


    Cartel: Calabria
    El fulgor efímero

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