Introduce tu búsqueda

Guardián
FICX Imatge Permanent
  • Cine Alemán Siglo XXI
    Mostrando entradas con la etiqueta Joe Begos. Mostrar todas las entradas
    Joe Begos
    Joe Begos

    La sangre como fuente de inspiración

    Crítica ★★★☆☆ de «Bliss», de Joe Begos.

    Estados Unidos, 2019. Título original: Bliss. Director: Joe Begos. Guion: Joe Begos. Productores: Joe Begos, Josh Ethier, Lyle Kanouse, Caroline Metz, Graham Skipper, Audrey Wasilewski. Productora: Channel 83 Films. Fotografía: Mike Testin. Música: Steve Moore. Montaje: Josh Ethier. Reparto: Dora Madison, Tru Collins, Rhys Wakefield, Jeremy Gardner, Graham Skipper, Chris McKenna, Rachel Avery, Mark Beltzman, George Wendt, Abraham Benrubi, Jesse Merlin.

    Echando un vistazo al conjunto de la hasta ahora aún breve filmografía del jovencísimo (32 años) director y guionista Joe Begos, no cuesta adivinar que su cinefilia acumulada ha bebido, cuán miembro de la generación del videoclub, de clásicos intachables del cine fantástico y de terror de las décadas de los 70 y 80. Ese amor por los grandes autores del género movió al aprendiz de cineasta a “homenajearles” sin ningún tipo de pudor en sus primeros filmes, si bien imperfectos y titubeantes, no exentos de cierto encanto y simpatía por la honestidad con la que Begos trataba de encontrar una voz propia, paradójicamente, bebiendo de sus maestros. La generalizada sensación de “quiero y no puedo” dejada a su paso por distintos festivales de sus primeros trabajos, aquella Casi humanos (2013) que, pese a beber, claramente, del estilo de John Carpenter, dejaba ver influencias de series B mucho más sepultadas por el tiempo como la oscurísima Xtro (Harry Bromley Davenport, 1983), o Poder mental (2015), especie de remedo de la mítica Scanners (David Cronenberg, 1981), con la telequinesis como tema central, no embarraban, sin embargo, la esperanza de que Begos terminaría puliendo sus defectos como director para entregar una película que mereciera la pena. Las primeras señales de un incipiente camino hacia la madurez ya aparecieron en su tercer largometraje, VFW (2019), suerte de (una vez más) remix de grandes éxitos de Carpenter, desde Asalto a la comisaría del distrito 13 (1976) a 1997: Rescate en Nueva York (1981), que encandiló por el gracejo de sus ademanes de western y el protagonismo de unos antihéroes de ecos hawksianos, pero parece haber alcanzado su punto más alto hasta la fecha con su nuevo trabajo, Bliss, que, si bien continúa evidenciando un excesivo apego hacia sus referentes de siempre, sí que comienza a presentar una mayor ambición en su planteamiento y cierto refinamiento estético que, dentro de sus limitaciones como genuina serie B independiente y bastante underground, hace que su visionado sea un auténtico placer culpable para cualquier fanático del cine fantástico más bizarro.

    Si, a principios de año, un producto de Netflix de envidiable reparto como Velvet Buzzsaw (Dan Gilroy, 2019), decepcionaba con su satírica visión del snob mundo de las galerías de arte, relacionando libertad creativa con sangre y violencia, Begos confecciona en su filme, presentado en el Festival de Sitges, otra tenebrosa fábula que habla del bloqueo del artista llevando su solución hasta las últimas consecuencias. Aquí la protagonista es Dezzy, una joven pintora de Los Ángeles, estancada en la concepción de una obra que está obligada a entregar para su exposición en el plazo de tres días. Acuciada por las deudas económicas, encuentra una inesperada salida a su crisis creativa en una droga que, una vez esnifada, la sumerge en un estado de descontrol en el que el sexo salvaje y la violencia se convierten en moneda de cambio para encontrar la inspiración suficiente para pintar la que será esa obra maestra que acabaría con sus problemas. Bliss es, además de un paso de gigante en la trayectoria de su director, una obra profundamente coherente con lo que ya había esbozado en sus títulos anteriores. El gore vuelve a ser un ingrediente fundamental, así como un acabado visual que retrotrae a la estética sucia y urbana de Maniac (William Lustig, 1980), de la que, además, toma prestado su alucinógeno clímax final. Rodada en 16 mm, con una imagen granulosa y oscura que se ve acompañada de continuas luces de neón –el uso de símbolos como la cruz invertida que decora el apartamento de Dezzy remite al Rob Zombie de The Lords of Salem (2012)– y una paleta de colores de lo más atractiva con la que el director de fotografía, Mike Testin, dibuja ese descenso a los infiernos que vive la protagonista. Un infierno en la Tierra que encuentra en Los Ángeles, conocida como la ciudad de los sueños, al perfecto escenario, poblado por una fauna sin alma, ambiciosa, egocéntrica y entregada a los placeres del sexo y las drogas, por el que la pintora se mueve, huyendo en su coche, a través de sus calles, de una amenaza abstracta y uniforme que la persigue desde su primer “viaje” lisérgico.

    por José Martín León
    febrero 08, 2020

    Crítica | Bliss

    por José Martín León | febrero 08, 2020

    Estrenos

    Lady Nazca

    Circuito

    la residencia
    PUBLICIDAD
    FestivalScope
    PUBLICIDAD

    Streaming

    Suscripción