|| Críticas | ★★☆☆☆
Sus hijos
Pablo Trapero
La medida de todas las cosas
Mario Peña
ficha técnica:
Reino Unido / Argentina / Estados Unidos, 2025. Título original: «& Sons». Título internacional: «& Sons». Dirección: Pablo Trapero. Guion: Sarah Polley y Pablo Trapero, a partir de la novela de David Gilbert. Compañías productoras: Infinity Hill, Bankside Films, Dauphin Films, Matanza Films, Prisma Cine, DK Entertainment International, Nativa Contenidos, Elevation Pictures. Fotografía: Diego Dussuel. Música: Cristobal Tapia de Veer. Reparto: Bill Nighy, Noah Jupe, George MacKay, Imelda Staunton, Johnny Flynn, Dominic West, Arthur Conti, Anna Geislerová, Charlotte Dauphin, Poppy Allen-Quarmby. Duración: 119 minutos.
Reino Unido / Argentina / Estados Unidos, 2025. Título original: «& Sons». Título internacional: «& Sons». Dirección: Pablo Trapero. Guion: Sarah Polley y Pablo Trapero, a partir de la novela de David Gilbert. Compañías productoras: Infinity Hill, Bankside Films, Dauphin Films, Matanza Films, Prisma Cine, DK Entertainment International, Nativa Contenidos, Elevation Pictures. Fotografía: Diego Dussuel. Música: Cristobal Tapia de Veer. Reparto: Bill Nighy, Noah Jupe, George MacKay, Imelda Staunton, Johnny Flynn, Dominic West, Arthur Conti, Anna Geislerová, Charlotte Dauphin, Poppy Allen-Quarmby. Duración: 119 minutos.
La trascendencia vital de la figura paterna ha sido pocas veces estudiada desde un punto de vista psicoanalítico en el arte y, especialmente, la masculina, por la incomodidad que puede llegar a generar, ha sido uno de los campos más inexplorados desde su dimensión afectiva y emocional en el cine, problemática que se ha visto necesariamente revertida con la llegada de las nuevas masculinidades y la resignificación del hombre en la familia moderna. Este hecho ha llevado a numerosos cineastas de diferentes corrientes y sensibilidades a alinearse y a generar un exponencial crecimiento de trabajos que abordan esta temática, llegando a la irónica hipérbole en las análogas Valor sentimental (Joachim Trier, 2025) y El ser querido (Rodrigo Sorogoyen, 2026).
Pablo Trapero, cineasta argentino asociado al Nuevo Cine Argentino, decide, para su primera cinta anglosajona, adaptar la novela & Sons (2014) de David Gilbert, un drama paterno-filial con pátinas de sátira que el director transforma en campos de color, en una precipitada basculación de su carrera donde el realismo sucio de sus primeros trabajos o el estilizado dramatismo de los últimos han sido relegados a un segundo plano para sobreponer unas ambiguas formas leves e ingrávidas que no encuentran resonancias con el melodramatismo del texto que materializan. Ciertamente atípico resulta, pues, el drama familiar y, específicamente, el paterno-filial, es una dimensión conocida por el argentino, pues su cinta precedente, La quietud (2018), ya orbitaba sobre un conflicto de este carácter, encontrando analogías directas —como la reunión de los hermanos y el reencuentro con el padre— con esta nueva propuesta, la cual no ha sabido absorber la inercia de aquella singularidad, donde sí que encontró cauces narrativos para oxigenar los diferentes planos afectivos de sus personajes.
Sus hijos, por tanto, se presenta y desenvuelve como una suerte de comedia que tiene como protagonista a A. N. Dyer, — un como siempre maravilloso en cualquier registro, Bill Nighy—, un legendario escritor que vive recluido en su estudio al más puro estilo Salinger o Pynchon, pero que bebe como Cheever o Hemingway. El caricaturesco esbozo con el que se nos presenta el personaje ya denota la constante indefinición que va a atravesar todo el relato —que de nuevo nos hace caer en otra anormalidad, pues la coguionista de Trapero es Sarah Polley, quien ha escrito trabajos totalmente arraigados en la identidad y particularidad de sus personajes, como Ellas hablan (2022) o Lejos de ella (2006)—. Los hijos de Dyer son citados en su mansión después de veinte años sin relación alguna para comunicarles un secreto de vital importancia, el cual le es revelado al espectador a los treinta minutos de metraje, sin haber sido introducido dramáticamente apenas, para cambiar así el curso de la cinta y, con él, las pocas decisiones sólidas que el director parecía haber concebido para el desarrollo de esta. La revelación es tan surrealista e inverosímil que incluso el propio cineasta pierde la concepción del tono general, junto con su tempo, y el espectador, absolutamente descolocado, no es consciente de si está presenciando un sardónico ejercicio paródico sobre el drama familiar o un melodrama de ciencia ficción. Por añadidura, la dirección de la secuencia, y de la cinta en general, remite a un lenguaje televisivo que, junto con una fotografía aséptica y dramáticamente indefinida, drena toda propuesta autoral y, lo que es peor, todo el potencial metafórico, e incluso lírico, que esta podía llegar a contener. Cierto es, sin embargo, que, después de un lánguido y cargante desarrollo del segundo acto, ese lirismo latente es recuperado por el director, e imprime con él la secuencia final de la cinta, de un poder plástico y alegórico que denota la aletargada sensibilidad de Trapero y que pone punto final a una cinta tan errática como errante, atípica en el corpus artístico del argentino. ♦










