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    Cannes 2019 (VI) | Críticas: Le jeune Ahmed, Chicuarotes, Adam, A Vida invisivel de Eurídice Gusmão

    Diamantes en Cannes

    Sexto capítulo de la crónica de la 72ª edición del Festival de Cannes.

    Aunque la cosecha de un festival no esté a la altura de las expectativas, siempre hay una película que te sacude, que te deja una huella irreversible. En esta 72ª edición ya ha llegado ese instante y no de forma sorpresiva. Por un lado, The portrait of a lady on fire, de Céline Sciamma, un cuento romántico sobre un amor imposible entre una pintora y una dama de la nobleza ambientado en el siglo XVIII, abraza con calidez y besa con pasión desde la más absoluta contención. Mérito de una directora con un historial, pese a su juventud, notable —cómo olvidar ese Diamond llamado Girlhood—, que sitúa la cámara sobre unas miradas aparentemente perdidas pero acaban encontrando destino. Hay que hacer especial hincapié en las soberbias interpretaciones de Adèle Haenel y Noémie Merlant, desde ya, grandes favoritas al premio a mejor actriz. Una coyuntura que lastraría, paradójicamente, las posibilidades del filme de conseguir una Palma de Oro a todas luces merecida.

    Por otra parte, dejando a un lado la competición, en Un Certain Regard se ha presentado O que arde, cuya reseña encontrarán mañana en estas páginas, de Oliver Laxe. El joven cineasta francogallego presentó, con la compañía de su equipo y de Thierry Frémaux, un maravilloso trabajo sobre la relación de la naturaleza gallega y el hombre, representado en la historia de redención de un pirómano que regresa a su hogar tras cumplir problema. Su prólogo es, sin lugar a dudas, la mejor escena del festival. Laxe, que ya ganó el FIPRESCI de la Quincena en 2010 con Todos sois capitanes y el máximo galardón de la Semana de la Crítica de 2016 con Mimosas, es un claro candidato a figurar en lo más alto del palmarés, antesala de un próximo estreno en la competición. El cine español en Cannes no solo vive de Almodóvar. El cine de autor de nuestro país está a salvo. E.L.

    LE JEUNE AHMED

    Jean-Pierre y Luc Dardenne, Bélgica | COMPETICIÓN.

    Hasta hoy, la filmografía dardenniana, pese a que siempre había estado precedida de un controvertido mensaje y un airado grito de protesta, tan riguroso y formal como desgarrador y cercano al proletariado y la clase media, nunca se había asomado con tanto descaro como lo hace con el presente título, The Young Ahmed, a la realidad político-religiosa que surge, de manera lacerante y complicada, del fundamentalismo islámico. Haciendo uso de su reconocible dramaturgia y su simplicidad estética, mucho más preocupado por preservar la ironía y la elocuencia de su texto que por el embellecimiento de la forma, vuelve a centrar su foco de preocupación en el sector más joven de la sociedad, ese niño llamado Ahmed, que ha de hacer frente al debate ideológico al que su vida ha quedado sometida desde que tiene uso de razón, por la educación extremista que recibe en casa y la amplitud de un horizonte heterodoxo cuyos beneficios no puede sino mirar con deseo e incredulidad, como si de algún modo la felicidad del libre albedrio no le correspondiera, a causa del vasallaje debido a un ser todopoderoso que no perdona a los infieles.

    Los realizadores plantean un trabajo sencillo y sin artificios, como es costumbre en su dramaturgia, que carece de la elaboración semántica y argumental que pueden haber tenido otros de sus trabajos, pero que, pese a ello, consigue atraparnos gracias a un conciso aunque efectivo planteamiento de los tiempos y la acción. Una acción que avanzará en todo momento sustentada en ese eje principal que compone el pequeño Ahmed, un preadolescente con una clara misión yihadista en mente cuyo entorno (no radical) trata de evitar por medio del diálogo y la comprensión. Resulta paradójico que los principales elementos opositores a la radicalización de Ahmed sean representados por mujeres, paradójico no en el sentido de su verosimilitud, sino por ser el grupo más infravalorado por el islamista. Los Dardenne no pierden la oportunidad de señalar la absoluta falta de respeto hacia la mujer por parte de una cultura obsoleta y atrasada que blasona de unos códigos de respeto a sus iguales (masculinos), a la higiene, a su religión y a sus costumbres, pero denigra a la mujer hasta el punto de considerarla un ser inferior por naturaleza. Por supuesto, el desenlace pondrá a prueba esta creencia y hará enfrentarse al protagonista a una dura realidad | 64/100 | Alberto Sáez Villarino.

    Francia, 2019. Título original: Le jeune Ahmed. Director: Jean-Pierre Dardenne, Luc Dardenne. Guion: Jean-Pierre Dardenne, Luc Dardenne. Fotografía: Benoît Dervaux. Música: Varios artistas. Duración: 84 minutos. Productora: Centre du Cinéma et de l'Audiovisuel de la Fédération Wallonie-Bruxelles / Les Films Du Fleuve. Diseño de vestuario: Maïra Ramedhan Levi. Intérpretes: Idir Ben Addi, Olivier Bonnaud, Myriem Akheddiou, Victoria Bluck, Claire Bodson, Othmane Moumen. Presentación oficial: Festival de Cannes 2019.

    CHICUAROTES

    Gael García Bernal, México | FUERA DE COMPETICIÓN.

    Gael García Bernal llega a Cannes para presentar su primer trabajo como director, y lo hace con una película que refleja fielmente la procedencia de este encantador cineasta que no trata de ocultar sus raíces profesionales en ningún momento. Con la fotogenia habitual de Ciudad de México, Bernal aprovecha con eficiencia las pintorescas calles de su ciudad al tiempo que presenta un retrato agridulce de la juventud mexicana moderna, en los primeros dos tercios de metraje para terminar de forma mucho más dramática y desconcertante. Como mencionábamos, es evidente la escuela de la que procede el realizador, pues en su trabajo, pese a la evidente falta de constancia y el exceso de efusividad de sus directrices, son apreciables las formas y la dinámica de un cine social y cercano del que él ha sido tantas veces protagonista.

    El Cagalera y el Moloteco son dos erráticos buscavidas que sobreviven buscando la caridad de los desconocidos y, cuando rogar la caridad por favor no es suficiente, la vuelven a pedir de manera más contundente. Como suele ocurrir con este tipo de cine “callejero”, la trama comienza con un acontecimiento, en apariencia, sin mucha trascendencia para que, a continuación, poco a poco, ese hecho anecdótico vaya escalando hacia una situación incontrolable marcada por una absoluta falta de toda cordura y contención. Como decíamos al comienzo, la película muestra en su arranque un ritmo muy dinámico y lleno de humor, dirigido a la cultura y el argot de los jóvenes mexicanos que ven pasar la vida trampeando de fracaso en fracaso. Todo funciona como lo que debería ser un filme de estas características, indagando en aspectos más dramáticos, pero sin dejar que la severidad de la situación se apodere del tono relajado. Sin embargo, ya entrando en el desenlace, el argumento toma un giro radical y todo se vuelve devastación con un tono bastante negro que no trata de ocultar lo despreciable de una situación desesperante. Pese a que Bernal se muestra muy valiente al proponer una ruptura con el personaje principal de semejante contundencia, sí es verdad que el espectador no estaba preparado para algo así y, cuando se venga a dar cuenta, todavía manteniendo una sonrisa de ternura en los labios, se dará de bruces contra un muro de realidad desolador que le arrebatará sin ningún miramiento cualquier asidero empático que tuviera hasta ese momento. Debut interesante y valiente del mexicano, a quien quizá todavía le falte encontrar una voz más personal que, no nos cabe duda, acabará por alcanzar | 50/100 | Alberto Sáez Villarino.

    México, 2019. Título original: Chicuarotes. Director: Gael García Bernal. Guion: Augusto Mendoza. Fotografía: Juan Pablo Ramirez Ibañez. Música: Leonardo Heiblum. Duración: 87 minutos. Productora: Canana Films. Montaje: Sebastián Sepúlveda. Diseño de producción: Luisa Guala. Diseño de vestuario: Amanda Cárcamo. Intérpretes: Benny Emmanuel, Gabriel Carbajal, Leidi Gutiérrez, Dolores Heredia, Enoc Leaño, Daniel Giménez Cacho, Ricardo Abarca, Pedro Joaquín, Esmeralda Ortiz. Presentación oficial: Festival de Cannes 2019.

    ADAM

    Maryam Touzani, Marruecos | UN CERTAIN REGARD.

    El debut de la directora marroquí Maryam Touzani se asienta sobre el proceso de descubrimiento personal de dos mujeres a través de la relación que establecen una con la otra. Samia deambula por las calles de la ciudad buscando trabajo. Está embarazada y nadie quiere ayudarla. Su intención es dar a luz y dar en adopción al recién nacido para poder volver a su aldea. Abla vive con su hija y regenta una panadería. Su templante serio, como una coraza protectora, esconde la pérdida de su marido. Abla será la única que ayudará a Samia, dado el empeña de su hija, y entre ellas empezará a crecer un vínculo que les permitirá ver sus desdichadas vidas de otra manera. Al compartir sus experiencias, serán capaces de entenderse mutuamente y a sí mismas. Uno de los aciertos de Touzani es no cargar las tintas sobre el drama que sufren sus protagonistas. Con una embarazada dispuesta a rechazar su hijo nada más nacer y una mujer viuda que ha perdido las ganas y la razón de vivir, era muy sencillo forzar la máquina y estirar el drama y sufrimiento. Pero todo lo contrario, la contención de la joven directora permite que las vivencias de Samia y Abla lleguen sin aspavientos ni excesivos subrayados. Así, la película consigue ir modulando su tono conforme la situación va cambiando: lo que se atisba como un drama seco va adoptando un tono más ligero, con toques de humor y cierta vitalidad, para regresar a la intimidad del drama hacia su final. En su primera experiencia tras la cámara, Touzani deja entrever a una directora que busca la emoción al detenerse en el rostro y gesto de sus protagonistas, como una especie de espejo de sus pensamientos. A ello ayuda la excelente fotografía de Virginie Surdej, que aporta una cremosidad pictórica y dulce a las pieles y a los espacios. Construida con esa cálida y hogareña luz marroquí que se cuela al interior de la casa, Adam es una ópera prima solvente que habla de sororidad, de la necesidad de apoyarse entre las mujeres en una sociedad que no mira hacia ellas | 68/100 | Víctor Blanes Picó.

    Marruecos, Francia, Bélgica, 2019. Título original: Adam. Dirección: Maryam Touzani. Guion: Maryam Touzani y Nabil Ayouch. Productoras: Ali n' Productions / Les films du nouveau monde / Artemis Films. Presentación: Un Certain Regard. Fotografía: Virginie Surdej. Reparto: Lubna Azabal, Nisrine Erradi, Douae Belkhaouda, Aziz Hattab, Hasnaa Tamtaoui. Duración: 100 minutos.

    A VIDA INVISIVEL DE EURÍDICE GUSMAO

    Karim Aïnouz, Brasil | UN CERTAIN REGARD.

    Si el debut de Maryam Touzeni con Adam nos mostraba el paulatino acercamiento de dos mujeres para ayudarse mutuamente en sus complicadas situaciones vitales, el director brasileño Karim Aïnouz elige el forzado camino inverso para retratar la invisibilidad de la mujer en su país. En A vida invisível de Eurídice Gusmão adapta la novela homónima de Martha Batalha que narra la historia de dos hermanas, Eurídice y Guida, forzadas a vivir separadas por culpa de su padre. Necesitándose durante toda su vida y siempre intentando buscarse, vivirán, sin saberlo, en la misma ciudad, pero sus caminos (aunque estén cerca) nunca acabarán de cruzarse. En la propuesta de Aïnouz conviven, al menos, dos películas: el melodrama telenovelesco y el lirismo de un cine más orgánico. Ambas se conjugan en la propuesta visual que desarrolla junto con la directora de fotografía Hélène Louvart (responsable de la imagen de Lázaro felice, de Alice Rohrwacher o Petra, de Jaime Rosales). Una imagen que bascula entre la luminosidad y el colorido de Río y el grano y la impureza para dotar de una energía al relato que sirva como eco visual del arrollador carácter de sus dos protagonistas.

    La invisibilidad a la que hace referencia el título va más allá de Eurídice. Se extiende a su hermana, a su madre y a todas las mujeres que aparecen en el relato. Ellas están condenadas a ocupar un rol sumiso y secundario a la sombra de los hombres o del poder. Eurídice verá como su marido (y también su padre) le corta todas las esperanzas, acaba con todas sus voluntades para terminar luchando contra la resignación. A Guida le sucederá lo mismo: embarazada, abandona a su marido y es repudiada por su padre, por lo que deberá luchar para poder salir adelante. La historia en paralelo de estas dos mujeres sirve como retrato de una sociedad, la brasileña, que no dista de cualquier sociedad moderna en la que el machismo y el patriarcado marcan el compás de sus habitantes. Quizás en su dilatado recorrido (la película se alarga hasta las dos horas y veinte), A vida invisível de Eurídice Gusmão adolezca de ciertos altibajos narrativos propios de esas películas-río que se esfuerzan en desmenuzar cada apartado de la vida de sus protagonistas. Así, la cinta gana en aquellos momentos en los que el conflicto se presenta desde la abstracción visual, pero se desinfla cuando recurre a su representación transparente, que en algunos momentos la acerca al folletín. Consciente de ello, Aïnouz opta por una forma fragmentaria, ayudada por las cartas no respondidas de Guida, que consigue hacer avanzar la película incluso en aquellos momentos en que vuela más bajo | 65/100 | Víctor Blanes Picó.

    Brasil, Alemania. 2019. Título original: A vida invisível de Eurídice Gusmão. Dirección: Karim Aïnouz. Guion: Karim Aïnouz, Murilo Hauser, Inés Bortagaray. Fotografía: Hélène Louvert. Edición: Heike Parplies. Reparto: Carol Duarte, Julia Stockler, Fernanda Montenegro, Barbar Santos, Gregório Duvivier, António Fonseca, Flavia Gusmao, Maria Manoella.

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