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    Festival de Cannes 2018 | Día 7. Críticas: Long day's journey into night, At War (En guerre), El motoarrebatador, Euforia

    Rest in power

    Crónica de la séptima jornada de la 71ª edición del Festival de Cannes.

    8 días. Ya son 8 las jornadas que llevamos aquí de sala en sala, de sección en sección, de película en película. Recorriendo el bullicioso paseo de la Croisette de arriba a abajo, del Miramar al Palais. A algunos esta semana se le sabrá hecho corta. Muchos ya hemos perdido la noción del tiempo y, entre el sueño y el cansancio acumulado, uno acaba subiendo las escaleras del teatro casi por inercia, por una fuerza extraña que nos empuja hacia el haz de luz que nos regala cine. Y ahora que ya hemos recibido muchos de esos regalos, podemos ir perfilando algunas ideas (puede que todavía precipitadas) de esta edición. Veníamos de un año polémico, donde la Sección Oficial dejó un gusto un tanto amargo por la abultada representación de películas que se encuadran dentro del llamado «cine de la crueldad» mientras que en Un Certain Regard muchos encontraron cobijo con títulos como Western, de Valeska Grisebach, Closeness, de Kantemir Bagalov, Wind River, de Taylor Sheridan o La cordillera de Santiago Mitre. Este año las tornas han cambiado. La sección grande del festival ha vuelto a recobrar la relevancia que merece y ya hemos visto algunas obras más que notables (Rohrwacher, Panahi o Pawlikowski), otras películas que han dejado un muy buen sabor de boca (Serebrennikov, Kore-eda o Zhang-ke) y luego está Godard, que la crítica ya se encarga de que juegue en otra liga. Cualquiera de ellas podría estar en el palmarés, aunque no nos adelantemos que todavía nos faltan por ver 7 películas en competición. Sin embargo, en Un Certain Regrd, solo dos películas han destacado por ahora: por un lado, el intimista relato de una joven en pleno proceso de cambio de sexo en Girl, de Lukas Dhont, con una interpretación magistral de Victor Polster; por otro lado, la nueva genialidad de Bi Gan, Long day’s journey into night, que reseñamos en esta crónica. El resto, un puñado de películas correctas que no dejan huella. En la Debussy, la sala donde se realiza las première de esta sección, todavía esperamos alguna que otra sorpresa.

    Prólogo: Víctor Blanes.
    Críticas de En guerre, Shoplifters y El motoarrebatador: Alberto Sáez Villarino.
    Críticas de Long day's journey into night y Euforia: Víctor Blanes Picó.

    LONG DAY'S JOURNEY INTO NIGHT

    地球最後的夜晚, Bi Gan, China | UN CERTAIN REGARD.

    En la ópera prima de Bi Gan, Kaili Blues, el pasado, el presente y el futuro se mezclaban en una suerte de sinfonía donde los personajes recorrían un espacio que parecía perdido en algún punto de la memoria. El tiempo se estiraba y se encogía para culminar en un plano secuencia que suspendía aún más la propuesta. Si bien se trataba de un muy notable debut, la cinta adolecía de ciertas limitaciones propias de un presupuesto limitado. Tras el éxito de Kaili Blues en el Festival de Locarno, Bi Gan regresa con Long day’s journey into night, donde gracias a una producción más generosa puede demostrar su enorme talento y, sobre todo, su valentía para afrontar retos formales increíbles: la segunda parte de la película es, de nuevo, un plano secuencia de 45 minutos, pero esta vez rodado en 3D.

    Antes de que empiecen los títulos de crédito, un escueto mensaje lanza un desconcertante aviso: «la película no es íntegramente en 3D, pero invitamos a los espectadores a colocarse las gafas cuando también lo haga el personaje principal.» Es una curiosa manera de establecer el primer contacto con el espectador, de empezar la interpelación directa a los sentidos que supone la cinta de Gan. El punto de partida es el regreso de Luo Hongwu a Kaili, su ciudad natal, tras la muerte de su padre. Allí empezará la búsqueda de una mujer de la que estuvo enamorado, Wan Quiwen, y de quien no ha vuelto a saber nada. En realidad, este inicio es tan solo el elemento argumental que pone en marcha el viaje. Por ello, no es casual que encuentre una fotografía antigua de su amada escondida tras un reloj de pared porque, a partir de aquí, y al igual que ocurría en su debut, parece que entremos en el reverso de la lógica temporal. El pasado y el presente pasan a ser un espacio fluido por donde transitar. Las referencias a ellos son continuas: la última vez que vio a Quiwen fue durante un solsticio, los relojes continúan apareciendo durante toda la cinta en forma de regalos… pero lo realmente importante es cómo consigue representar esa idea de continuum y dilución temporal. Con la increíblemente sugerente fotografía de Huang Jue y esos lentos movimientos de cámara, que siempre se ayudan del espacio para lograr conseguir encuadres de una belleza pausada y arrebatadora (pocos directores a día de hoy logran una imagen tan excitante como él), Gan empieza a construir su relato sobre los dos elementos que crean imágenes de un tiempo pasado: el cine y la memoria. Como dice Hongwu, la principal diferencia entre ambos es que el cine es una sucesión de escenas que son mentira mientras que la memoria se compone de una mezcla entre recuerdos reales e inventados. Durante toda la primera parte parecemos asistir a esa representación de la memoria: nunca sabemos qué parte del pasado es verdad y cuál una representación de lo que querríamos que fuese. Y así, siguiendo su búsqueda, Luo Hongwu accede a un cine y se coloca las gafas 3D. Entonces aparece el título de la película y empieza el espectáculo: un plano secuencia donde, recordemos, todo es mentira. Es un sueño, sobre un recuerdo, sobre un pensamiento, sobre otro sueño, sobre la representación de una imagen, sobre otro recuerdo, otro sueño… y así en una espiral que no termina nunca, pero que construye una película insólita, un ser cinematográfico perfecto en el que el espectador se debe meter de lleno esperando pocas respuestas en el argumento y buscando su espacio en cada imagen propuesta, en cada idea lanzada desde su embriagado onirismo. Con Long day’s journey into night, además de consagrarse definitivamente como el director chino más prometedor, Bi Gan consigue algo que solo está al alcance de grandes como Hou Hsiao-Hsien o Apichatpong Weerasethakul: que el cine entre por la retina y sobrepase los límites narrativos para apelar directamente a los sentidos. 95|100

    China, 2018. Título original: 地球最後的夜晚.Dirección: Bi Gan. Guion: Bi Gan. Productoras: Huace Pictures / Zhejiang Huace Film, TV / Dangmai Films. Presentación oficial: Un Certain Regard. Música: Giong Lim, Point Hsu. Fotografía: David Chizallet, Hung-i Yao. Reparto: Tang Wei, Sylvia Chang, Meng Li, Huang Jue, Chen Yongzhong, Lee Hong-Chi, Luo Feiyang. Duración: 130 minutos.

    EN GUERRE (AT WAR)

    Stepháne Brizé, Francia | COMPETICIÓN.

    Los problemas financieros de una empresa automovilística llevaron a sus directivos a llegar a un acuerdo con los empleados. Con el fin de que todos pudieran mantener sus puestos de trabajo, la empresa les ofreció la posibilidad de reducir su salario a cambio de mantener sus cargos durante, al menos, cinco años, período tras el que se celebraría una nueva reunión para valorar la situación de la empresa y decidir se podían prolongar el acuerdo. Sin embargo, dos años después de que se produjera ese pacto, la compañía hace público un comunicado en el que se avisa de que un tribunal ha aceptado su petición de cerrar la sucursal de Perrin, dejando en la calle a sus 1.100 empleados. Este es el punto de partida de la última película de Stéphane Brizé, En guerre, cuyo argumento se irá desarrollando a partir de la reacción de los líderes sindicales con el propósito de mantener lo que, por derecho, les pertenecía. Enseguida conoceremos a Eric Laurent, el portavoz y cabecilla laboral que ha dejado muy clara su postura ante la injusta situación a la que los han sometido: o se cumple lo pactado, o los obreros van a la huelga y paralizan la producción y la mercancía. Desde ese momento, el filme será una constante sucesión de diálogos cargados de reproches, ataques y disculpas absurdas que creará un clima de gran incomodidad.

    La estrategia principal de esta película consiste en trasladar al espectador el clima de inquietud e intranquilidad vivido por todos los trabajadores que veían su futuro pender de un hilo a consecuencia de una mala gestión y una constante tomadura de pelo. Sin embargo, y como suele pasar en este tipo de ocasiones, los representantes del proletariado no terminan de ponerse de acuerdo, minando así cualquier oportunidad que pudieran tener para presentarse como colectivo fuerte y unido ante la junta de directivos y lograr arrinconar con argumentos sus vagas excusas. El grupo de asalariados quedará entonces escindido entre aquellos que persiguen conservar su empleo, y los que, buscando el lado positivo de una guerra perdida, tratan de lograr la mejor compensación posible a su despido. En este punto las tensiones se incrementan y se mezclan, ya no hay dos bandos, sino tres, dos que luchan juntos y cuyas rencillas internas los debilitan poco a poco, y otro que lucha desde las alturas, arrogante e inmisericorde, que se aprovecha de la frialdad capitalista para pasar por encima de todos sus empleados. Pese a que el mensaje es muy directo, acertado y consigue fácilmente la empatía del espectador, el agresivo diálogo permanente, la falta de entendimiento, las constantes subidas de tono y la violencia de cada conversación que conforman la deliberada estrategia principal del director, terminan por agotar a un público al que le cuesta cada vez más aguantar tanta réplica en esta irritante cinta sobre la lucha y la desesperación por vivir de forma digna. Algo que termina por explotar en un desenlace violento y muy bien formulado que nos permite respirar y escapar de la irritante contienda sin fin. 60|100

    Francia, 2018. Título original: En guerre. Director: Stéphane Brizé. Guion: Stéphane Brizé. Duración: 105 minutos. Edición: Anne Klotz. Fotografía: Eric Dumont. Música: Bertrand Blessing. Productora: NORD-OUEST FILMS. Intérpretes: Vincent Lindon Mélanie Rover Jacques Borderie, Olivier Lemaire, Bruno Bourthol, Sébastien Vamelle, Valérie Lamond. Jean Grosset, Guillaume Draux, Martin Hauser. Presentación oficial: Cannes Film Festival, 2018.

    EUFORIA

    Valeria Golina, Italia | UN CERTAIN REGARD.

    Tras debutar en la dirección con Miel, que tuvo un notable recorrido por festivales europeos, la actriz Valeria Golino se vuelve a poner detrás de las cámaras con Euforia. Quizás el título haga referencia a esa manera de vivir despreocupada, viviendo siempre en busca del lado positivo de las cosas, evitando los dramas: intentando enmascarar la realidad detrás de cada acontecimiento, ya sea bueno o malo. Es la forma de vida de Matteo, un joven directivo exitoso que vive en un ático en Roma, de fiesta en fiesta. Un estado eufórico en parte gracias a la cocaína que consume a cualquier hora del día, en cualquier situación. Su estilo choca de frente con la de su hermano Ettore, un maestro que decidió quedarse en su pueblo natal y continuar con la anodina normalidad del ciudadano medio. Pese a sus diferencias, el diagnóstico de una enfermedad terminal a Ettore les obligará a llevarse bien. Golino cimienta su película sobre dos conflictos principales. Por un lado, el enfrentamiento de caracteres de ambos hermanos. Este parece ser el primer punto dramático de la cinta, pero pronto evoluciona hacia el conflicto personal de Matteo. Esa manera de entender la vida siempre desde la necesidad de que todo vaya bien le empuja a encargarse de todo lo relacionado con su familia, tergiversando la realidad para que nada se altere a su alrededor, para que la felicidad continúe reinando en su lujosa terraza romana con vistas. De este modo, el conflicto fraternal inicial no podrá solucionarse hasta que Matteo no aprenda a enfrentarse a los problemas desde la honestidad sin intentar posponerlos sine die y cuando entienda que, pese a todo el dinero que tiene, este no siempre alcanza para aplazar el inevitable final. Sin caer en el drama y siempre con una narración ligera y con toques de humor, la película de Golino funciona mejor en el dibujo y desarrollo de los personajes que en el desarrollo narrativo, a veces un tanto desequilibrado por demasiados conflictos secundarios. A esto ayuda el buen trabajo de los dos curtidos actores principales, Ricardo Scamarccio y Valerio Mastandrea, que aportan verdad y ternura a dos personajes que deben encontrarse y entenderse antes de que sea demasiado tarde. 50|100

    Italia, 2018. Título original: Euforia. Dirección: Valeria Golino. Guion: Francesca Marciano, Valeria Golino, Valia Santella. Productoras: HT Film / Indigo Film / RAI. Presentación oficial: Un Certain Regard. Música: Nicola Tescari. Fotografía: Gergely Pohárnok. Reparto: Riccardo Scamarcio, Valerio Mastandrea, Isabella Ferrari, Valentina Cervi, Jasmine Trinca. Duración: 120 minutos.

    EL MOTOARREBATADOR

    Agustín Toscano, Argentina | QUINCENA DE REALIZADORES.

    Hace cinco años, los realizadores Agustín Toscano y Ezequiel Radusky se pasearon con éxito por la benjamina de las secciones paralelas del festival de Cannes con su película Los dueños, con la que conquistaron la Semana de la crítica en 2013. Toscano regresa ahora a una sección de mayor alcurnia, la quincena de realizadores, con su último trabajo: El motoarrebatador, una tragicomedia social ambientada en un período convulso de Argentina, en el que las huelgas policiales afectaron a la tranquilidad de la ciudad de Tucumán, entre cuyas consecuencias destacaron diversos disturbios y saqueos en comercios locales. Miguel es un pobre ratero que ha visto la oportunidad de sacar beneficio aprovechando la disminución de la vigilancia policial. En uno de los atracos perpetrados, en el que participaba como conductor de una motocicleta, una mujer mayor resulta gravemente herida. El joven comenzará a sentir entonces una profunda culpa que lo llevará a buscar a la víctima para comprobar si ha conseguido recuperarse.

    La película, cuyo título hace referencia al nombre que usa la prensa tucumana para referirse a este tipo de delincuentes motorizados que atacan a personas distraídas para arrebatarles lo que lleven en las manos, seguirá desde ese momento una dinámica lineal que nos muestra la incongruente y, por momentos, esperpéntica relación entre el asaltante y la anciana víctima, quien ha sufrido un episodio de amnesia a causa del impacto y cree que Miguel es un inquilino de su casa. El vínculo simbiótico establecido por la extraña pareja se irá afianzando a costa del servilismo culpable de Miguel, quien no tiene ningún problema en complacer todas las peticiones de su casera, mientras él mismo se beneficia de poder tener un techo en el que dormir sin preocupaciones. Poco a poco iremos comprobando cómo evolucionan los personajes, desde la memoria de Elena hasta la desvinculación de Miguel del círculo criminal. El director acierta a incluir momentos esporádicos de humor para desdramatizar la dura situación social en este filme cuya principal baza se encuentra en la sinceridad de sus personajes y la cercana mirada de su realizador. 55|100

    Argentina, 2018. Título original: El motoarrebatador. Director: Agustín Toscano. Guion: Agustín Toscano. Duración: 85 minutos. Edición: Pablo Barbieri Carrera. Fotografía: Arauco Hernández Holz. Música: Maxi Prietto. Productora: Rizoma Films / Murillo Cine / Oriental Films / Gloria Films. Intérpretes: Sergio Prina, Liliana Juarez, Leon Zelarayan, Daniel Elías, Camila Plaate, Pilar Benitez Vivart, Mirella Pascual. Presentación oficial: Cannes Film Festival, 2018.

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