|| Críticas | ★★★★☆
He-Man
y los Masters del universo
y los Masters del universo
Travis Knight
Aquella niñez en Eternia
José Martín León
ficha técnica:
Estados Unidos, 2026. Título original: Masters of the Universe. Dirección: Travis Knight. Guion: Chris Butler, Aaron Nee, Adam Nee, David Callaham. Historia: Aaron Nee, Adam Nee, Alex Litvak, Michael Finch (Personajes: Roger Sweet). Producción: DeVon Franklin, Steve Tisch, Todd Black, Jason Blumenthal, Robbie Brenner. Productoras: Escape Artists, Laika Entertainment, Mattel. Distribuidora: Amazon MGM Studios. Fotografía: Fabian Wagner. Música: Daniel Pemberton. Montaje: Paul Rubell. Reparto: Nicholas Galitzine, Jared Leto, Camila Mendes, Idris Elba, Alison Bree, Morena Baccarin, James Purefoy, Charlotte Riley, Kristen Wiig, Sam C. Wilson, Jóhannes Haukur Jóhannesson, Jon Xue Zhang, Christiaan Bettridge, James Wilkinson, Christian Vunipola.
Estados Unidos, 2026. Título original: Masters of the Universe. Dirección: Travis Knight. Guion: Chris Butler, Aaron Nee, Adam Nee, David Callaham. Historia: Aaron Nee, Adam Nee, Alex Litvak, Michael Finch (Personajes: Roger Sweet). Producción: DeVon Franklin, Steve Tisch, Todd Black, Jason Blumenthal, Robbie Brenner. Productoras: Escape Artists, Laika Entertainment, Mattel. Distribuidora: Amazon MGM Studios. Fotografía: Fabian Wagner. Música: Daniel Pemberton. Montaje: Paul Rubell. Reparto: Nicholas Galitzine, Jared Leto, Camila Mendes, Idris Elba, Alison Bree, Morena Baccarin, James Purefoy, Charlotte Riley, Kristen Wiig, Sam C. Wilson, Jóhannes Haukur Jóhannesson, Jon Xue Zhang, Christiaan Bettridge, James Wilkinson, Christian Vunipola.
El camino ha sido largo y tortuoso. El proyecto de un nuevo live-action fue pasando, durante las dos últimas décadas, de estudio en estudio (desde Fox a Warner Bros. pasando por Sony, que barajó diferentes directores y multitud de guiones sin terminar de arrancar jamás), hasta que fue rescatado, en 2022, por un Netflix, que también terminaría abandonándolo, cuando el presupuesto se empezó a disparar desorbitadamente, aunque sí produciría una serie animada, creada por Kevin Smith, bajo el título de Masters del Universo: Revelación (2021), que pasó sin pena ni gloria por la plataforma. Han tenido que ser los estudios Amazon MGM quienes reuniesen el valor y la confianza suficientes (y un generoso presupuesto de 200 millones de dólares, todo hay que decirlo) para dar luz verde a la película definitiva de He-Man y los Masters del universo, sobre unos borradores de guion de los hermanos Aaron y Adam Nee y David Callaham, reescritos por Chris Butler. Para dirigir el asunto, se ha contratado a Travis Knight, director de una de las mejores cintas de animación de los últimos años, Kubo y las dos cuerdas mágicas (2016), para la compañía Laika, y, también, de aquel estupendo reboot de la franquicia Transformers que fue Bumblebee (2018), la cual estuvo bañada de una calidez y un alma ausentes en el resto de películas sobre aquellos robots gigantes. Dos antecedentes que indican, por sí solos, que Knight está capacitado para llevar un blockbuster como el que nos ocupa a buen puerto, pero que no son tan fuertes como el hecho de que el propio cineasta ha reconocido haber sido un fanático de los personajes desde los 8 años. Y eso era precisamente lo que el proyecto necesitaba para que saliera bien: gente implicada que amara el universo creado por Mattel, capaz de transmitir ese cariño y ese respeto hacia el mismo, para devolvernos a todos aquellos que fuimos niños en los 80 a nuestra más tierna infancia, aunque sea solo por 140 minutos, que es lo que dura la película que acaba de aterrizar, por fin, en los cines de todo el mundo. Y vaya si lo han conseguido... Antes de entrar en materia, defendiendo una superproducción cuya existencia, en los tiempos que corren, me parece casi un milagro, he de decir que no me estoy dejando cegar por la nostalgia y que He-Man y los Masters del universo es realmente buena porque todos y cada uno de los elementos que la conforman están en su lugar correcto, logrando un equilibrio que parecía imposible, viendo todos los percances que ha sufrido el proyecto durante tantísimos años. Lo primero que sorprende, ya desde los primeros compases de la cinta, es el hecho de que, a pesar de estar diseñada como una historia de orígenes, esta entra rápidamente en materia, presentando sin dilación a buena parte de la fauna de personajes que los que tenemos más de 40 años ya conocemos de antemano.
No es necesario haber sido fan de la serie animada para poder disfrutar de una obra que cuenta con todas las papeletas para conectar, del mismo modo, con las nuevas generaciones de espectadores (si le dan la oportunidad). El prólogo de He-Man y los Masters del universo es una auténtica maravilla, mostrando cómo el villano Skeletor, junto a sus esbirros, invade Eternia, aprisionando al Rey Andor –encarnado, ni más ni menos, que por James Purefoy, en otro personaje enmarcado en la espada y brujería, después de aquella infravalorada (y disfrutable) Solomon Kane (M.J. Bassett, 2009)– y haciéndose con el Castillo Grayskull, aunque la Hechicera (Morena Baccarin) consigue alejar la codiciada Espada del Poder de sus peligrosas manos, enviándola junto al Príncipe Adam a la Tierra. El presupuesto brilla en pantalla, mostrándonos una Eternia como siempre habíamos soñado, esplendorosa, llena de colorismo y magia, con animales parlantes conviviendo entre valientes guerreros, como ese Duncan que borda Idris Elba y que ya en este primer acto tiene una fantástica pelea contra Trap-Jaw (Sam C. Wilson). La historia da un salto de 15 años para mostrarnos a un Adam integrado entre los mortales de nuestro planeta (tanto, que trabaja para Recursos Humanos), pero que no ha olvidado el propósito para el que está destinado: encontrar la espada que perdió durante su viaje y regresar a Eternia para liberarla del sometimiento de Skeletor. Nicholas Galitzine interpreta a este Adam torpe, inseguro y totalmente alejado del heroísmo que se le presupone a He-Man, demostrando una formidable vis cómica, pero también da el pego cuando tiene que despojarse de su ropa para embutirse en el taparrabos del musculoso príncipe guerrero, combinando fuerza y valores morales de manera perfecta. Sin duda, un gran acierto de casting. Quienes temíamos que, como en la Masters del universo de 1987, la acción en la Tierra restase demasiado metraje a la aventura en Eternia, respiramos tranquilos cuando descubrimos que, no solo Adam permanece el tiempo justo y necesario aquí, sino que propicia algunas de las escenas más divertidas (ese momento "cruising" en la tienda de figuras frikis; las apariciones del compañero de piso de Adam) de la función, así como uno de más espectaculares, la irrupción de Beast Man, al son de 4 Non Blondes, rindiendo homenaje al icónico meme de internet.
«No queda más que rendirse a los placeres de un blockbuster rebosante de buen rollo, emocionante cuando tiene que serlo, pero siempre divertidísimo, que no deja de regalarnos perlas».
Es de aplaudir el fabuloso trabajo de caracterización para dar vida a los famosos personajes de los dibujos animados, ya que todos lucen totalmente fieles, y, sobre todo, en el caso de los villanos, no llegan a caer en la parodia que impida que resulten peligrosos o temibles. Lo digo porque Masters del universo es una película en la que el humor juega un papel muy importante. En la línea de algunos éxitos de Marvel como Guardianes de la Galaxia o, sobre todo, Thor: Ragnarok (Taika Waititi, 2017) –universo, el de Asgard, con el que Eternia comparte esa mezcolanza de ciencia ficción espacial y aventuras de capa y espada, que tendría otro ilustre (y maldito) exponente en Krull (Peter Yates, 1983)–, el filme de Knight está sobrepoblado de chistes (algunos, con doble sentido sexual, muy divertidos) y gags visuales que, en malas manos, habría terminado restando épica a un producto concebido como espectáculo de acción. No es el caso, ya que la cinta, que cuenta con un ritmo frenético que no conoce los tiempos muertos, es generosa, también, en persecuciones y peleas muy bien filmadas y coreografiadas e imágenes de gran belleza visual, gracias a un CGI que, aun en sus momentos más excesivos, funcionan como homenaje a la horterada y el delirio camp de Flash Gordon (Mike Hodges, 1982) –hay un colorista viaje espacial de Adam y Teela (perfecta, Camila Mendes) que nos retrotrae a aquella deliciosa escena amorosa en la nave entre el Flash de Sam J. Jones y aquella Princesa Aura a la que ponía belleza Ornella Muti–. No se detienen ahí las semejanzas con Flash Gordon, ya que, al igual que en aquella, hay lugar para Queen en la banda sonora de He-Man y los Masters del universo, con ese temazo que es Princes of the Universe. Estamos ante una película que funciona a las mil maravillas como montaña rusa de diversión, donde cada fotograma demuestra una personalidad muy marcada (la que confiere su director) que la aleja del adocenamiento al que sucumbe la mayoría de franquicias de cine fantástico actual.
El modo de combinar aventura y humor, la banda sonora de Daniel Pemberton (desde ya, perfectamente reconocible, de las que dejan huella, como el tema Eternia, acompañado de la guitarra del mítico Brian May, de Queen), las actuaciones al filo de la autoparodia, pero sin caer nunca en ella... Todo tiene un aire nostálgico y muy ochentero que los fans aplaudiremos a rabiar. Hay multitud de guiños, tanto a la serie animada como a la película del 87 (un cameo que vale oro), bromas y autorreferencias que funcionan como un festival de fan service que es un plus para los de nuestra generación, pero que el público más neófito también podrá disfrutar. Y no hay que dejar sin mencionar a ese robaescenas que es Jared Leto, tan desacreditado últimamente por muchas malas elecciones interpretativas, pero que aquí se adueña de la pantalla con cada aparición como el gran Skeletor. Frank Langella había dejado el listón alto en la anterior cinta, siendo uno de los aspectos más salvables de la misma, pero Leto lleva al personaje a otro nivel, resultando amenazador e hilarante (esas pulsiones gays) al mismo tiempo. Junto a él, Alison Bree realiza un notable trabajo como la pérfida Evil-Lyn, aportando unas dosis de fina ironía que le van muy bien a un rol que ya interpretara Meg Foster, la actriz de mirada más inquietantemente transparente de la Historia del Cine. Ellos y sus lacayos son unos villanos de altura, algo en lo que también suelen fracasar, a menudo, este tipo de películas. Por todo esto, no queda más que rendirse a los placeres de un blockbuster rebosante de buen rollo, emocionante cuando tiene que serlo (esa conversación final entre Adam y su padre, con la que se identificarán tantos adultos que una vez fuimos niños débiles, los bichos raros de la clase), pero siempre divertidísimo, que no deja de regalarnos perlas, incluso durante los créditos finales, con tres escenas añadidas, a cuál mejor que la anterior. No voy a pararme a lamentar la escasa recepción que ha tenido en la taquilla de su primer fin de semana. Puede que le pase como a la estupenda Dungeons & Dragons: Honor entre ladrones (John Francis Daley, Jonathan Goldstein, 2023) y nos quedemos sin su merecida secuela, pero Amazon y Knight pueden estar orgullosos de haber entregado el Masters del universo que los fans merecíamos y llevábamos cuatro décadas esperando. Volver a ser niños no tiene precio. ♦










