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    Crítica | Siempre amigas (Always Shine)

    Rivalidades disfrazadas

    crítica ★ de Siempre amigas (Always Shine, Sophia Takal, Estados Unidos, 2016).

    Actriz, directora, guionista y productora de cine independiente, Sophia Takal cosechó buenas críticas (y algunos premios) con su ópera prima Green (2011), una de esas pequeñas películas que no consiguen trascender de los circuitos de festivales por la nula distribución que encuentran. En su segundo trabajo como realizadora, Takal ha optado por un producto con más posibilidades para tener un mayor recorrido comercial, tanto por temática, como por la presencia en el reparto de una intérprete tan pujante como Mackenzie Davis que, además, consiguió el premio a la mejor actriz en el Festival de Tribeca por este papel. En Siempre amigas (2016), la cineasta ha contado con el apoyo de su esposo Lawrence Michael Levine en el guion para plasmar algunas ideas y críticas contra la machista industria cinematográfica de Hollywood, un mundo dominado por hombres que, sin duda, conoce de primera mano, ya que es en el que le ha tocado moverse para ejercer su profesión. Estos dardos envenenados hacia los productores y directores de casting que ofrecen más oportunidades laborales a aquellas actrices que están más abiertas a desnudarse ante las cámaras, lo exija el guion o no, son, a priori, lo más interesante de una película que rápidamente se inscribe dentro de los parámetros más trillados del thriller psicológico de manual, ese del que se nutren las sobremesas televisivas de todas las cadenas y que tienen como protagonistas a personajes perturbados que envidian las vidas perfectas de otros y, por eso, se dedican a hacerles la existencia imposible. Una pena, ya que el tema de las trepadoras, ese que alcanzó su cota más alta con la obra maestra Eva al desnudo (Joseph L. Mankiewicz, 1950), tiene infinitas dimensiones para ser tratado con más riesgo y locura, algo que corrobora la pesadillesca y poco reconocida Starry Eyes (Kevin Kolsch, Dennis Widmyer, 2014).

    La escena de apertura de Siempre amigas define, a grandes rasgos, las personalidades de los dos personajes femeninos protagónicos, presentándolos en sendas audiciones para obtener un papel. Así, a través de unos primeros planos en los que las actrices se dirigen directamente al espectador, conocemos a una Anna testaruda, de carácter contestatario y que no se muestra flexible a las exigencias del director; todo lo contrario que Beth, tal vez más profesional y disciplinada, que no manifiesta ninguna objeción ante el aviso de que para desempeñar ese papel deberá despojarse de la ropa en numerosas ocasiones. De forma inconsciente, relacionaremos sus respectivas posiciones en el campo de la interpretación con su predisposición a dejar de lado sus prejuicios para desnudarse y mostrarse más o menos sumisas ante sus jefes, ya que, mientras que Beth es una mujer a la que reconocen por la calle para pedirle autógrafos, que ha participado en un buen número de películas, series y anuncios (aunque, como ella misma reconoce, casi todos son de una calidad dudosa) en los que se le ha pagado bien y no le faltan proyectos a corto plazo, Anna lo ha tenido más complicado para vivir de la actuación, deambulando sin éxito de casting en casting y viéndose obligada a trabajar como camarera para llegar a fin de mes. Ambas amigas ejemplifican las dos caras del sueño americano, la del éxito y la del fracaso, algo que, como es normal, despierta los celos, las envidias y tensiones entre ambas durante una escapada que realizan al Big Sur. El guion de Levine es un tanto ambiguo a la hora de otorgar a una de sus dos protagonistas el rol menos turbio, ya que ambas presentan numerosas aristas que las hace moverse en unas tonalidades grises donde ni la buena es tan clara ni a la envidiosa le faltan motivos para odiar a su “amiga”.

    «A falta de secundarios atractivos que completen la fauna del relato (en especial, los personajes masculinos están muy mal dibujados y peor interpretados, siendo meros rellenos), ellas son lo único rescatable de una cinta muy pobre, tanto por una realización plana y nada imaginativa como por una historia previsible de principio a fin, a la que le hubieran venido bien algunos giros de guion que sorprendieran a la audiencia».


    El filme de Takal trata de camuflar su poco original premisa –desde el minuto uno se adivina que la función derivará hacia ese subgénero de amigas que envidian las personalidades ajenas, tipo Mujer blanca soltera busca... (Barbet Schroeder, 1992)– bajo un montaje confuso, cargado de trucos facilones tales como imágenes perturbadoras metidas con calzador, visiones oníricas innecesarias, ya que recalcan obviedades, y alternancia de puntos de vista de las dos protagonistas. A nivel interpretativo, es cierto que Mackenzie Davis se lleva el gato al agua con su intensa encarnación de Anna, la más acomplejada y desequilibrada de las dos amigas, dotándola de una acertada mezcla de peligrosidad y vulnerabilidad. Una antiheroína que sueña con hacerse un hueco en Hollywood sin necesidad de vender su alma al diablo. En este sentido resulta muy revelador el momento en que le pregunta a su amiga si no siente que se prostituye cada vez que se desnuda en un trabajo. Por su parte, Caitlin FitzGerald le da una correcta réplica en su rol de Beth, aparentemente comprensiva y haciendo esfuerzos por no hacer sentir inferior a su compañera de viaje, pero, en el fondo, obsesionada con llevarse todos los papeles. A falta de secundarios atractivos que completen la fauna del relato (en especial, los personajes masculinos están muy mal dibujados y peor interpretados, siendo meros rellenos), ellas son lo único rescatable de una cinta muy pobre, tanto por una realización plana y nada imaginativa como por una historia previsible de principio a fin, a la que le hubieran venido bien algunos giros de guion que sorprendieran a la audiencia. Siempre amigas es un psychothriller sin tensión, rutinario y aburrido, que en el último tercio de sus escuetos 85 minutos de metraje (para lo que cuenta, se antojan incluso demasiados) llega a caer en la comedia involuntaria por los intentos desesperados de sus responsables por cumplir con las exigencias del género. | ★ |


    José Martín León
    © Revista EAM / Madrid


    Ficha técnica
    Estados Unidos. 2016. Título original: Always Shine. Directora: Sophia Takal. Guion: Lawrence Michael Levine. Productores: Lawrence Michael Levine, Sophia Takal, Pierce Varous. Productoras: Little Teeth Pictures / Balaboosta Pictures / Nice Dissolve. Fotografía: Mark Schwartbard. Música: Michael Montes. Montaje: Zach Clark. Diseño de producción: Lanie Faith Marie Overton. Reparto: Mackenzie Davis, Caitlin FitzGerald, Lawrence Michael Levine, Khan Baykal, Alexander Koch, Michael Lowry, Colleen Camp, Jane Adams.

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