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    Crítica | Déjame salir

    Get Out

    Bajo la máscara de la tolerancia

    crítica ★★★★ de Déjame salir (Get Out, Jordan Peele, Estados Unidos, 2017).

    ¡Qué gratificante es cuando aparece una película de terror diferente y enseña que aún quedan muchos caminos nuevos por los que transitar! Estamos tan (mal) acostumbrados a remakes, secuelas sin fin de grandes éxitos o variaciones de lo mil veces visto que cuando nos topamos en la cartelera con un producto de la talla de Déjame salir (2017) no podemos hacer otra cosa más que quitarnos el sombrero y aplaudir con entusiasmo ante su ingeniosa premisa. Ópera prima de Jordan Peele, cómico afroamericano muy popular en USA, sobre todo por la serie de sketches Key & Peele (2012), de Comedy Central, la cinta supone una bocanada de aire fresco en el género gracias a su hábil combinación de thriller psicológico, algo de ciencia ficción y unas abundantes dosis de humor que, en ningún momento, se antoja metido con calzador ni resta un ápice de impacto a la historia escrita por el propio Peele. Un guion endiabladamente agudo en el que subyace una potente carga de crítica social y política al modo de vida americano de la era posterior a Obama, con una sociedad hipócrita que se vanagloria de ser tolerante y progresista pero en la que aún quedan vestigios de racismo disfrazados bajo una cara amable demasiado impostada. Así las cosas, el debutante realizador recicla para su película un punto de partida que nos remite, con claridad, a uno de los grandes clásicos del cine americano que contribuyeron a ofrecer una mirada normalizadora de las relaciones interraciales, Adivina quién viene esta noche (Stanley Kramer, 1967). Una comedia dramática mítica en la que los inconmensurables Spencer Tracy y Katharine Hepburn interpretaron a un matrimonio acomodado que recibía la inesperada visita de su hija y el novio de esta, un médico negro con los rasgos de galán de Sidney Poitier, y que mostró como las ideas liberales de sus protagonistas comenzaban a tambalearse al descubrir el color de la piel de su futuro yerno, pese a que al final la sangre no llegaba al río y triunfaban el sentido común y la concordia.

    Déjame salir se abre con una potente escena que es toda una declaración de intenciones. En ella, un joven afroamericano camina, en medio de la noche, por la calle Edgewood Way, una zona residencial en la que se siente fuera de lugar e, incluso, en situación de peligro (irónica vuelta de tornas al eterno miedo de los blancos a adentrarse en esos barrios negros neoyorkinos con altas tasas de delincuencia). De repente, un coche blanco de alta gama se detiene a su lado, con la canción añeja Run Rabbit Run, de Flanagan & Allen sonando a toda pastilla, y, de su interior sale un encapuchado que le ataca y le arrastra inconsciente hasta el maletero, donde le encierra. Tras este impactante prólogo, se procede a presentarnos al protagonista de la historia, Chris (Daniel Kaluuya), un fotógrafo que se enfrenta a los nervios típicos que acompañan a ese momento crucial en el que su novia Rose (Allison Williams), después de cinco meses de relación, al fin va a presentarle ante sus padres. Su máxima preocupación radica en cómo reaccionarán sus suegros –un afamado neurocirujano y una psiquiatra de éxito–, al saber que el chico que le ha robado el corazón a su niña mimada es negro, pero esta se comienza a disipar desde el instante en que llegan a la mansión familiar para pasar un apacible fin de semana y es recibido con los brazos abiertos. Un exceso de amabilidad y “buen rollo” que, no obstante, empieza a escamar a Chris (y con él al espectador), enfrentado, a la defensiva, a unas sonrisas que parecen fingidas y a comentarios aparentemente inofensivos en los que no sería difícil detectar algún tipo de doble sentido. Como si de un mono de feria se tratase, y aprovechando una celebración anual de la comunidad, Chris es presentado al resto de cívicos vecinos, que le avasallan con constantes adulaciones que hacen especial hincapié en su raza –los estupendos diálogos plasman con acierto los sutiles ramalazos racistas camuflados tras las alusiones a la formidable condición deportiva de Tiger Woods o Jesse Owens o las típicas bromas sexuales alrededor del "tamaño" del miembro viril–, al mismo tiempo que descubre que los habitantes negros del lugar se comportan de modo extraño, como si de autómatas se tratasen.

    Get Out

    «Jordan Peele ha triunfado donde fracasó James DeMonaco en su trilogía de The Purge, consiguiendo un atrevido y original vehículo de horror que nunca abandona en pos del espectáculo su condición de sátira cruel de una realidad social que, por desgracia, sigue latente, ni el tenebroso retrato de la políticamente incorrecta utopía que quiere reflejar».


    Siguiendo la estela de otras pesadillas paranoicas, que escondían trastiendas oscuras detrás de apariencias afables, como Las esposas de Stepford (Bryan Forbes, 1975) –con esa misteriosa sumisión de las mujeres del pueblo hacia sus esposos–, El show de Truman (Peter Weir, 1998) –Jim Carrey enfrentado a la incómoda sensación de que nadie a su alrededor es lo que parece– o Arlington Road (Mark Pellington, 1999), que mostraba cómo detrás de una familia aparentemente idílica podía estar la mayor de las amenazas, el filme de Peele consigue construir un más que consistente suspense que avanza in crescendo a lo largo de su metraje sin necesidad de recurrir a grandes sobresaltos ni a escenas de violencia gratuita (el uso de la sangre es, en esta ocasión, casi inexistente). Tratándose de un debut como director, sorprende de forma muy positiva cómo se han sabido aprovechar al máximo pequeños detalles de guion que contribuyen a perfilar muy bien la psicología del protagonista –el momento del ciervo atropellado, tan alegórico– y el uso de algo tan simple como una cucharilla en una taza de té para crear incomodidad y desasosiego. Así, el magistral pasaje de la hipnosis que enfrenta a Daniel Kaluuya (toda una revelación) con la gran Catherine Keener merece pasar a los anales de las más inquietantes que el género ha dado este año. También son especialmente turbadoras las contribuciones de los personajes negros secundarios, con mención especial a la criada de la familia (una espeluznante Betty Gabriel), del mismo modo que LilRel Howery, en el rol del mejor amigo de Chris reconvertido en detective improvisado, funciona como agradable contrapunto cómico que ayuda a que la película respire en medio de tanta tensión, propiciando algunas escenas tan desopilantes como la de la comisaría. Jordan Peele ha triunfado donde fracasó James DeMonaco en su trilogía de The Purge, consiguiendo un atrevido y original vehículo de horror que nunca abandona en pos del espectáculo su condición de sátira cruel de una realidad social que, por desgracia, sigue latente, ni el tenebroso retrato de la políticamente incorrecta utopía que quiere reflejar. Una inmejorable carta de presentación, tan terrorífica como divertida, para un director novel que promete darnos muchas alegrías en el futuro. | ★★★★ |


    José Martín León
    © Revista EAM / Madrid


    Ficha técnica
    Estados Unidos. 2017. Título original: Get Out. Director: Jordan Peele. Guion: Jordan Peele. Productores: Jason Blum, Edward H. Hamm Jr., Sean Mckittrick, Jordan Peele. Productoras: Blumhouse Productions / QC Entertainment. Fotografía: Toby Oliver. Música: Michael Abels. Montaje: Gregory Plotkin. Dirección artística: Chris Craine. Reparto: Daniel Kaluuya, Allison Williams, Catherine Keener, Bradley Whitford, Caleb Landry Jones, Marcus Hendserson, Betty Gabriel, LilRel Howery, Lakeith Stanfield, Stephen Root.

    El fulgor efímero

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