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    Crítica | Incierta gloria

    Incierta gloria

    Gloria efímera

    crítica ★★★ de Incierta gloria (Incerta glòria, Agustí Villaronga, España, 2017).

    En Los dos hidalgos de Verona, escribía William Shakespeare en boca de Proteo que la gloria era tan incierta como un día de abril, que tan pronto muestra la belleza del sol como poco a poco lo va cubriendo de nubes. Joan Sales escogía esta observación para titular la que está considerada no solo como una de las obras cumbres de la literatura catalana, sino como una novela imprescindible para entender las cicatrices de la Guerra Civil. Ambientada en la retaguardia republicana del frente de Aragón, la prosa de Incerta glòria exuda el amargo e inevitable destino de cuatro personajes que trafican con sus ideales, que se han traicionado a sí mismos y que tan solo esperan mientras buscan maneras de sobrevivir a un futuro desolador. Por su carácter epistolar y su cambio de punto de vista en cada una de sus partes, Incerta glòria es un texto que a priori entraña cierta complicación a la hora de llevarlo a la gran pantalla. Sin embargo, Agustí Villaronga y Coral Cruz se esfuerzan en dotar de narrativa cinematográfica a la esencia del relato del escritor de Barcelona. En su tarea, logran numerosos aciertos. El más importante de ellos es extender y dotar de más cuerpo y rotundidad dramática al personaje de la Carlana. Ella se convierte en la espina dorsal de la película, esa especie de mujer araña que teje su tela para proteger a su prole. Y con ella, la historia de traición, deseo y supervivencia de cuatro personajes que se relacionan entre ellos en continuo estado de guerra: Lluís, un joven oficial republicano, es destinado a un pueblo aragonés donde parece que el mundo se ha detenido. Allí conoce a una enigmática viuda, la Carlana, a quien ayudará con un turbio encargo fruto de su atracción. Para complicar la situación, Juli, un oficial degradado y viejo amigo de Lluís desencantado con la contienda y la vida en general, no tarda en descubrir el engaño mientras mantiene el contacto con Trini, la mujer del oficial que llegará de visita a la retaguardia en plena Navidad.

    Los tintes amorosos de este cuarteto tenían un papel más bien secundario bajo la pluma de Sales. Lo que perfilaba era un buen puñado de personajes a quienes la guerra, más que un conflicto exterior en el que luchar con fusil en mano, se les aparecía como un desconcierto interior, como una daga que abría en dos su consciencia y les transformaba. Juli, Trini, Lluís y el seminarista Cruells (desaparecido en la versión de Villaronga) sufrían una tremenda mutación que se traducía en amargura, en un nudo en el estómago que no cesaba (uno de los motores de esta inestabilidad, la fe, queda demasiado diluido y tiene un papel testimonial en la adaptación). Cierto es que ese poso de vacío y sequedad emocional se traduce en una producción muy cuidada y un gusto por la imagen en tonos ocres que potencia ese carácter de decadencia general. Sin embargo, esa rotundidad en lo visual no se acaba de traducir en una trama que vaya más allá de lo superficial y que consiga transmitir ese continuo dolor de tripas al que se somete cada situación en la obra original. A la Incerta gloria de Villaronga le falta la fuerza y el desencanto de Sales para sobreponerse a cierto aire de folletín que va cogiendo conforme avanza el metraje. Encontramos algunas constantes del cine del mallorquín que intentan apuntar en esta dirección (el magnetismo de los cuerpos desnudos, el baile en cueros alrededor de la hoguera), pero son imágenes cuya fuerza reside más en su potencia aislada que como reverberación de un conflicto interior más hondo que cualquier trinchera. En cierto modo, se echa de menos al narrador psicológico de Tras el cristal y El mar y un poco de más al contador de historias de Pa negre o El rey de La Habana. Al fin y al cabo, la película pretende hablarnos de guerras humanas: los soldados del frente, más que para aprender a matar, están allí para aprender a sobrevivir al día después de que se terminen las balas, si por desgracia consiguen llegar con vida.

    Incierta gloria

    «Encontramos algunas constantes del cine del mallorquín que intentan apuntar en esta dirección, pero son imágenes cuya fuerza reside más en su potencia aislada que como reverberación de un conflicto interior más hondo que cualquier trinchera. En cierto modo, se echa de menos al narrador psicológico de Tras el cristal y El mar y un poco de más al contador de historias de Pa negre o El rey de La Habana».


    Incerta glòria es, ante todo, una cinta con inmensas pretensiones, y eso se agradece. El cuidado y el oficio que hay puesto detrás de su factura técnica está por encima de la media de producciones españolas. Villaronga construye un espacio donde la guerra es el telón de fondo de las tensiones y pasiones sobre las que pone el foco; nunca deja que el nivel humano acabe devorado por el artefacto cinematográfico de representación de una época. A ello ayudan las maravillosas interpretaciones de un grupo de secundarios de lujo (de Terele Pávez a Juan Diego, de Luisa Gavas a Fernando Esteso) y el excelente trabajo de, en especial, dos de sus protagonistas: magnética Núria Prims, en el papel de la Carlana, e intenso Oriol Pla, como Juli Soleràs. Es justo en los momentos en los que su alma destruida y carcomida transforma sus rostros y sus gestos y modula cada una de sus palabras cuando el conjunto cobra el sentido pleno. Ese efímero momento en el que, con los ojos cerrados, saborean el dulce gusto de la gloria, que se derrumba en el preciso instante en que, al separar los párpados, la vista tan solo les alcanza para contemplar los despojos de una sociedad que les ha quemado por dentro. La incierta gloria de quienes están de vuelta de todo. | ★★★ |


    Víctor Blanes Picó
    © Revista EAM / Barcelona


    Ficha técnica
    España, 2017. Título original: Incerta glòria. Dirección: Agustí Villaronga. Guión: Agustí Villaronga, Coral Cruz, basada en la novel Incerta glòria de Joan Sales. Duración: 116 minutos. Fotografía: Josep M. Civit. Música: Marcús JGR. Producción ejecutiva: Isona Passola. Dirección de producción: Aleix Castellón. Dirección artística: Ana Alvargonzález. Vestuario: Mercè Paloma. Montaje: Raúl Román. Efectos especiales: Bernat Aragonès. Intérpretes: Marcel Borràs, Núria prims, Oriol Pla, Bruna Cusí, Luisa Gavasa, Terele Pávez, Fernando Esteso, Juan Diego.


    El jardín

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