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    Crítica | Omega

    Fotografía por Alberto Manzano

    El viaje del héroe

    crítica ★★★★ de Omega (José Sánchez-Montes, España, 2016).

    Friedrich Hölderlin afirmó que si la belleza es verdad «hay que habitar poéticamente la tierra», y Andréi Tarkovski, que «lo bello queda oculto a los ojos de aquellos que no buscan la verdad». Belleza y Verdad. Dos cualidades que ¿no representan, en última instancia, la misma realidad? ¿No es acaso la Belleza la manifestación última de la Verdad? Comienza Omega, la película, con la voz en off de Enrique Morente –qué mejor manera de presentar a un cantaor— reflexionando sobre la Verdad en el proceso creativo, y asegurando que solo se despliega la Belleza de dicha Verdad si en ella se pone el corazón, es decir, si se trabaja desde la autenticidad. «Cuando te equivocas», afirma, «es cuando crees que es oportuno hacer eso porque va a ser interesante». Sin lugar a dudas, están contenidas en esta introducción, las dos vías —divergentes— que conforman la naturaleza de esta obra: la vía de lo atestiguado —el disco—y la de aquello que lo atestigua —el propio filme—. Si la creación discográfica constituye un salto al vacío, la cinematográfica se nos presenta bajo el relato clásico del viaje del héroe. La primera supone una búsqueda inmensamente arriesgada y exigente, de la suma de los universos poderosos y heterogéneos que conforman su materia prima: los universos de Lorca, Cohen, Morente y Lagartija Nick, atraídos entre sí como los imanes de una sinergia jungiana que se dirige hacia lo inexplorado; en la segunda, José Sánchez-Montes y Gervasio Iglesias, los directores, firman un documental clásico basado en entrevistas e imágenes de archivo en el que todo es pura corrección académica. De esta aparente contradicción entre el riesgo del disco y el academicismo de la cinta surge, sin embargo, una película indispensable, especialmente desde el punto de vista de su cuidado valor testimonial. Todo en ella está impregnado de un respeto máximo hacia lo retratado. Posee una estimable pretensión, la de aprehender y conservar con pulcritud arqueológica los entresijos de un viaje artístico que, desde hace ya algunos años, está considerado como una obra maestra de la música contemporánea. Le honra, además, su afán por querer pasar desapercibida ante la explosión descomunal del patrimonio cultural que atesora en su metraje.

    A través de los recuerdos de muchas de las personas que contribuyeron y posibilitaron la materialización del disco, y de un montaje dinámico y preciso, Omega nos muestra en relato cronológico, el germen del proyecto y su complicado proceso de desarrollo a lo largo de dos años. Decía Hesíodo en Los trabajos y los días que la mezquindad puede alcanzarse fácilmente, pero que los dioses pusieron el sudor como condición de la virtud. Sobra decir que hay mucha virtud en el trabajo de Enrique Morente y Lagartija Nick, y es de agradecer la honestidad del filme, que muestra y alumbra aspectos de la creación que suelen obviarse, tan desconocidos, infravalorados y aparentemente faltos de brillo como el cansancio, la inseguridad o el miedo, así como el dolor que éste genera; aspectos, todos ellos, absolutamente inherentes y hasta necesarios. Nada sólido se edifica exclusivamente con el talento por muy grande y profundo que éste sea, pues es sólo, junto con el oficio y el esfuerzo, uno de los tres pilares de la realización artística. El desconocido esfuerzo del artista, cuya aura parece alimentada únicamente por la inspiración. Nada más lejos de la realidad. Es un oficio que conlleva entrega, soledad, sacrificio y toda la disciplina posible. «Hay proyectos que piden vida y aliento», afirmaba Morente. Él lo sabía bien.

    No faltan en la película, además, el humor y la emoción. Omega no es una obra elitista, distante ni intelectualizada, sino que exhala el carácter cercano, sencillo y afable de sus protagonistas. Una de las características más reseñables de la familia Morente es su humildad, cualidad esta excepcional en una sociedad posmoderna, la nuestra, que da más crédito a la apariencia que a la realidad. Esta aptitud encomiable es heredada de un hombre que, probablemente sin saberlo, encarnaba plenamente la figura del maestro, y en su concepción orteguiana, la del héroe. Un hombre decidido a no contentarse con la realidad, que se negaba a repetir como un autómata los gestos que la costumbre y la tradición le forzaban a hacer. Obstinado en un ideal que es una ficción para quien no existe más querer que el de la necesidad natural, la cual se conforma con solo lo que es. Ese querer ser él mismo por encima de la fuerza terrible de la inercia, es la heroicidad. Una capacidad sublime y tremendamente necesaria en un entramado social como el nuestro, instalado generalmente en la pasividad más absoluta, y en el que hemos pasado de ser sujetos de comunicación a objetos de información, tal y como alertaba Michel Foucault. Dicha naturaleza heroica, la compartía el cantaor con los otros dos vértices de este inmenso triángulo, García Lorca y Leonard Cohen. Todo un código deontológico y vital que Lagartija Nick, especialmente a través de Antonio Arias, se afanó en recoger como un testigo sagrado: «Si se aprende con alguien se aprende con los maestros, y si tienes algún maestro, como era Enrique, que te quiera enseñar, tienes que abandonarlo todo». Logran los directores expresar tan fiel y cercanamente esta entrega que la emoción embarga al final, aun cuando han pasado veinte años del periplo y ya es materia pública todo lo que supuso. Como dice Aurora Carbonell acerca del disco: «“Omega” es el grito que Lorca hubiese dado», y las vibraciones de ese grito resuenan y resonarán en la historia mientras la cultura siga formando parte de la memoria colectiva. De ello se ocupa, en gran medida, este documental. Íntimamente relacionado con esto, prevalece otro matiz muy rotundo y muy vivo en el proceso de realización de la música, que el filme ha sabido entender y registrar con su mirada atenta y cautelosa, y es el sentimiento del “nosotros” latiendo con fuerza a través de cada “yo” individual, que fue plenamente consciente, muy por encima de cualquier posibilidad de ego, de que se expandía generoso por el bien mayor que era la obra, sabiendo que alcanzaría en esa ofrenda, la elevación a una dimensión universal. | ★★★★ |


    Rubén García Martín
    © Revista EAM / Granada


    Ficha técnica
    España, 2016. Director: José Sánchez-Montes, Gervasio Iglesias. Guión: José Sánchez-Montes. Productores: Ghislain Barrois, Gervasio Iglesias. Productoras: Sacromonte Films, Telecinco Cinema, Universal. Fotografía: Juanma Carmona. Música: Enrique Morente & Lagartija Nick. Montaje: Pablo Rojo. Reparto: Enrique Morente, Aurora Carbonell, Antonio Arias, Jesús Arias, Estrella Morente, Soleá Morente, José Enrique Morente, Eric Jiménez, Juan Codorniu, Paco Luque, David Fernández, Leonard Cohen, Alberto Manzano, Tomatito, Lee Ranaldo, Laura García Lorca, Pat Metheny, Diego Manrique.


    Tierra de Dios

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