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    Entrevista: Juho Kuosmanen, director de El día más feliz en la vida de Olli Mäki

    Juho Kuosmanen

    «Más que tratar sobre el fracaso, El día más feliz en la vida de Olli Mäki explora cómo lidiar con él. Lo que verdaderamente me interesaba era el éxito: definir qué significa».


    Aprovechando el estreno de El día más feliz en la vida de Olli Mäki, hablamos con su director, el finlandés Juho Kuosmanen, receptor tanto del premio principal de la sección “Un Certain Regard” del pasado Festival de Cannes como del FIPRESCI de los últimos Premios de Cine Europeo, dos reconocimientos particularmente impresionantes considerando que nos encontramos ante su ópera prima.

    El día más feliz en la vida de Olli Mäki está basada en hechos reales, ¿qué te interesó de esta historia para convertirla en tu primer largometraje?

    Aparte de ser un boxeador excepcional, Olli Mäki era muy interesante como persona y como personaje. Además, como director novel que soy, me sentí identificado con los sentimientos que él atravesó al afrontar el importante combate que retrata el filme. Tanto él como yo nos enfrentábamos a los mismos retos, con lo que, a la vez que contaba la historia de Olli Mäki, de alguna manera estaba contando la mía: desarrollando las emociones de un debutante.

    El guion es obra de Mikko Myllylahti, pero tú jugaste un papel importante en su desarrollo. ¿Cómo fue el proceso de escritura al tratarse de una historia real donde son precisamente los momentos íntimos (o sea, aquellos fuera del alcance de los libros) los que tienen mayor relevancia?

    Mi relación con Olli Mäki y Raija ha sido muy buena, con lo que he podido entrevistarlos con calma para saberlo todo sobre sus vidas. Empecé a escribir el guion yo mismo, pero pronto me di cuenta de que necesitaba ayuda con la estructura. Sabía lo que quería hacer pero no cómo hacerlo, por lo que recurrí a Mikko Myllylahti. La verdad es que no cambiamos casi nada de la historia real de base: casi todo lo que ves es exactamente lo que ocurrió.

    Nos encontramos ante una historia sobre boxeo que termina convertida en una historia de amor; pero, ¿fue la película una historia de amor desde el principio?

    Desarrollé la película con Olli Mäki en mente, sin pensar en nada más. Pero, si ahora tuviera que decir qué tipo de película es, diría que es una historia de amor, sí. El amor es el tema principal; no sólo el amor entre Olli y Raija, sino el amor en general, con todas sus variantes.

    Entonces, ¿cuáles fueron tus referencias cinematográficas: las películas de boxeo o las películas románticas?

    La verdad es que ninguna de las dos; no concretamente, al menos. He contado con influencias diversas. Encuentro similitudes entre mi película y las nuevas olas de cine europeo de los años 60. Es cierto que vi muchas películas de boxeo, pero ninguna de ellas tenía relación con la idea que circulaba por mi cabeza; si tuviera que señalar una, supongo que me quedaría con Nadie puede vencerme (Robert Wise, 1949). Innegablemente, la película con la que más conecto es La soledad del corredor de fondo (Tony Richardson, 1962), ya que se trata de un drama deportivo donde el éxito está abordado de una forma muy diferente a la habitual.

    La fotografía en blanco y negro de El día más feliz en la vida de Olli Mäki trae a la mente Toro salvaje (Martin Scorsese, 1980), la película sobre boxeo más famosa y aclamada de todos los tiempos. Sin embargo, nos hallamos ante dos cintas muy diferentes. En Hollywood, Olli Mäki no sería un héroe, sino un perdedor. Pero parece que en el cine europeo hay una tendencia a dotar a supuestos perdedores de triunfos más importantes que los trofeos… ¿Cómo se desarrolla un personaje así?

    Más que tratar sobre el fracaso, El día más feliz en la vida de Olli Mäki explora cómo lidiar con él, pero lo que verdaderamente me interesaba era el éxito: definir qué significa. Solemos relacionar los éxitos con los logros, pero en este caso el mero hecho de definir este día como el más feliz de la vida de Olli Mäki aporta un punto de vista fresco y diferente: él fracasa en el boxeo pero triunfa en la vida. Irónicamente, la película ha sido bastante exitosa y mucha gente me felicita por eso; “¿la has visto?”, les pregunto… y me dicen que no. Vamos, que interesa más el éxito de la película que la película en sí.

    Relacionado con el tema del éxito está el de la masculinidad. En esta película no buscas presentar a Olli Mäki como un ejemplo de masculinidad al uso, sino todo lo contrario...

    Completamente: ni es masculino ni lo intenta. Me interesa mucho ese tema, así como la cuestión de qué clase de persona puede ser un héroe. Se critica mucha la descripción que el cine hace de los personajes femeninos, pero la misma traba se halla en los masculinos. Es un problema de representación. Y el público ha aprendido a convertir esa representación en la realidad y a rechazar aquello que no encaja con ella. En el estreno de El día más feliz en la vida de Olli Mäki lo primero que me preguntaron fue: “¿qué clase de hombre es Olli? ¿Es un hombre siquiera?”.

    ¿Cómo han recibido esta película quienes conocían la historia real? ¿Son Olli Mäki y los hechos abordados por el filme conocidos en Finlandia?

    Él, sí; pero los eventos retratados en la película, no. Olli Mäki es bastante conocido por la generación de mis padres, a la que de hecho sorprendió bastante que yo quisiera centrar mi película en este momento en concreto. “Olli Mäki tuvo combates mucho mejores”, me decían. Pero yo creo que los momentos más interesantes de su vida son los que rodean a este combate. Y de hecho fue él mismo quien dijo que este fue el día más feliz de su vida.

    Para el retrato de Olli y Raija contaste con sus propias declaraciones, pero ¿cómo desarrollaste la figura del manager?

    El manager de Olli murió en 2003, con lo que no pude conocerlo. Por suerte, sí pudimos consultar varios libros y clips sobre él. La verdad es que cuando investigas acerca de hechos acontecidos hace 60 años la “verdad” varía mucho porque cada uno tiene su punto de vista, habiendo muchas teorías sobre cada pequeño detalle. Hay personas que dicen que el manager era egoísta e idiota y otras, que lo habría dado todo por Olli, con lo que tuvimos que preguntarnos qué case de hombre fue. Y creo que lo conseguimos, ya que quienes lo conocieron afirman que lo reconocen al ver la película.

    ¿Hay algo de El día más feliz en la vida de Olli Mäki que los conocedores de la historia real hayan tachado de irreal?

    La verdad es que no. Al menos no ha llegado a mis oídos.

    Aunque esta historia tiene lugar en 1962, los sentimientos explorados se antojan muy modernos. La fotografía en blanco y negro nos recuerda el pasado pero a la vez no deja claro en qué periodo nos encontramos. ¿Cómo se desarrolló el diseño de producción? ¿Estaba la fidelidad histórica entre vuestras prioridades?

    Intentamos combinar nuestro tiempo y 1962. Buscamos aportar elementos actuales para fomentar la identificación del espectador con los personajes, porque creo que el modo en que esta película lidia con la sociedad es aplicable al tiempo que vivimos. Pero fue divertido trabajar con aquella época porque todavía no era una época en que lidiar con la imagen que proyectamos fuera algo muy común, lo que hacía que todo el mundo actuara de forma más torpe al respecto. Hoy en día todos estamos acostumbrados a cuidar nuestra imagen porque los medios de comunicación están muy presentes, con lo que sabemos que nuestra realidad y aquella que proyectamos no tienen por qué ser la misma. Pero en los 60 la gente era mucho más ingenua.

    ¿Y cómo ves El día más feliz en la vida de Olli Mäki en el contexto del cine finlandés contemporáneo?

    A nivel de interpretación y movimientos de cámara, creo que la película bebe más del cine europeo que del finlandés en concreto… Y supongo que eso es bueno… A fin de cuentas, ¿cuántas películas finlandesas has visto últimamente? Creo que el cine finlandés está demasiado estructurado; yo quería que mi película tuviera más vida. Y, considerando que acontece en 1962, había que tener especial cuidado con eso, ya que a veces las películas de época, que te exigen construirlo todo (desde los decorados hasta la ropa, no necesariamente cómoda, que visten los actores), pueden perder la vitalidad en producción. A menudo se pierden las emociones, que constituyen lo único que me interesaba a mí de esta historia.

    Tierra de Dios

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