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    Crítica | Lo tuyo y tú

    Lo tuyo y tú

    Conchita, Minjung y los demás

    crítica ★★★★★ de Lo tuyo y tú (당신 자신과 당신의 것 / Dangsin Jasingwa Dangsinui Geot; Hong Sang-soo, Corea del Sur, 2016).

    En Ese oscuro objeto de deseo, Ángela Molina y Carole Bouquet imprimían un toque de desconcierto al interpretar ambas a la misma protagonista, Conchita, llegando al punto de intercambiarse dentro de una misma secuencia. Una forma de apuntar, dentro de un único personaje, a dos facetas latentes: la comedida y la descarada. El juego que proponía Buñuel iba del interior al exterior. Cómo una mujer puede albergar en su fuero íntimo dos personalidades contrapuestas que emergen según las circunstancias. El desconcierto surgía ante la sugerencia, efectiva por su vaguedad, de que el concepto de persona admite el desdoblamiento. Sumado a que el proceder de las dos Conchitas era ejecutado con tal convencimiento que la una parecía ignorar por completo la existencia de la otra. Como si realmente fueran dos personajes diferentes que la mano de un demiurgo extrajera y reintrodujera a placer en el relato, divirtiéndose con el estupor del protagonista masculino interpretado por Fernando Rey. Un estupor que, al ser filtrado el argumento por el recuerdo de este último, no hacía más que ser extrapolado al espectador: ni él ninguno de los oyentes de su recuerdo de Conchita era capaz de darle un sentido a su insalvable contradicción. En última instancia, la duda permanecía: ¿estamos ante la retorcida manipulación de una mujer sobre un hombre? ¿O ante la incapacidad de ese hombre para interpretar a esa mujer?

    Lo tuyo y tú, décimo octavo largo de Hong Sang-soo, dialoga fácilmente con la cinta de Buñuel, reconocido por el mismo cineasta como una de sus grandes influencias. Ahora bien, lo relevante, más que en sus semejanzas, se encuentra en ciertas diferencias. Podríamos decir que el director surcoreano propone el juego en sentido contrario. Aquí tenemos una protagonista femenina que, a diferencia de Conchita, tiene un único cuerpo (el de la actriz Lee You-young) pero varias identidades. O al menos, varias identidades autoexpresadas. Ya no hablamos, por tanto, de fuero interno sino de percepción: del exterior al interior. En su primera identidad adquirida, la protagonista se llama Minjung y es la novia de Youngsoo, pintor, con quien rompe tras una discusión. Dicha ruptura precipita el devenir dramático: mientras un Youngsoo arrepentido busca a Minjung, el personaje de ésta se desdobla. De modo que en su segunda identidad adquirida se trata de su hermana gemela, que inicia una relación con un hombre que la conoce tras haberla confundido con su hermana. Y en la tercera, hablamos de una mujer sin nombre que inicia una relación con otro hombre que cree haberla conocido hace años. En una hilarante escena, el segundo hombre se la encuentra bebiendo en un bar con el tercero. Ella actúa como si no lo conociera, y la negación se intrinca: una mujer niega ser la mujer a la que un hombre conoció confundiéndola con otra mujer. ¿Complicado? Sigamos. La ruptura de Minjung con Youngsoo, además, la provoca un rumor propagado por sus amigos, que aseguran haberla visto bebiendo con otro hombre. ¿Es posible que a quien hayan visto sea a una de las «dobles» de Minjung? ¿O todo consiste en un ardid perpetrado por ella? Depende de en qué escojamos creer. Si atendemos a sus palabras, hablamos de diferentes personajes. Si nos fiamos de las apariencias, estamos ante una única mujer que juega a confundir al resto de caracteres. O bien una mujer que, bajo los efectos del alcohol (su gran afición a la bebida se nos da a conocer al principio y es una fuente de conflicto con Youngsoo), sufre una suerte de amnesia que le impulsa a reelaborar continuamente su identidad. Sang-soo, como es habitual en su cine, plantea la ambigüedad sin resolverla.

    Lo tuyo y tú

    «Lo tuyo y tú no trata tanto de acercarnos a las vivencias de unos personajes perdidos, sino de enfrentarnos a nuestro propio extravío como seres sociales. Constituyendo una nueva demostración de la maestría de Sang-soo para construir narrativas espejadas, resonantes, que se llenan de sentido abstracto al hacer tambalearse su sentido lógico».


    Lo relevante de la comparación con Buñuel es que el surcoreano no despliega algunos obstáculos que Ese oscuro objeto de deseo disponía entre espectador y mujer protagonista (la narración de Fernando Rey y la confusión con las dos actrices), sino que opta por una exposición transparente de sus acciones. No hay, por tanto, ningún elemento mediador que nos transmita el desdoblamiento de estas «tres mujeres en una», sino que esa interpretación deriva del choque entre su autoexpresión identitaria y la identidad que le atribuyen el resto de personajes. En un par de planos que nos sentimos tentados a leer en clave de figura retórica, se muestra un maniquí de una tienda que es desmontado y desvestido de sus ropajes. Igual que nuestra(s) protagonista(s) que, al despojarse de los complementos identitarios que la arropan, queda dispuesta a ser vestida de nuevo por la mirada de los distintos personajes masculinos que proyectan sobre ella sus necesidades propias. «¿Estás seguro de que me parezco a alguien que conoces? ¿No será que quieres que me parezca a alguien?», le espeta la mujer sin nombre al tercer hombre. Existe incluso una escena de ensoñación en la que Youngsoo imagina una reconciliación ideal con Minjung. Desde una óptica convencional, esta ensoñación no nos diría nada sobre ella. Pero, dado que hablamos de un personaje que se deja construir por la percepción subjetiva de los demás, ¿qué diferencia hay entre la Minjung soñada y la Minjung vivida? Tomemos ahora otro elemento sugestivo que Sang-soo introduce: los vendajes y el parche en el ojo con los que Youngsoo aparece tras la ruptura, y que parecen transmitir el estado de incompletitud en el que ésta le ha dejado. Se nos deja caer la idea del otro como alguien necesario para completarse uno mismo, a priori un precepto romántico, que queda sin embargo sembrada de ambigüedad al ser asociada con el panorama de incapacidad de conocimiento auténtico de los demás que dibuja Sang-soo: sus personajes enamorados no se completan «con el otro», sino «en el otro». Pero, ¿en qué lugar deja eso al auténtico «otro»?

    El surcoreano expresa con más vehemencia que nunca este panorama del amor como necesidad a la vez que como inevitable forma de egoísmo al proyectar necesidades propias sobre la pareja. Lo hace, a diferencia de Buñuel, sin necesidad de crear elementos explícitos de extrañeza. Al contrario, como ya adelantábamos, es la apelación directa a nuestra forma de percibir una situación expuesta con claridad la que desata la confusión. Youngsoo, tras la ruptura, evidencia un idealismo romántico exacerbado cuando expresa a sus amigos su deseo de querer a Minjung sólo por lo que es, de ignorar lo que digan de ella tanto los demás como él mismo. Pero la película parte precisamente de una situación en la que él ha contravenido este noble propósito reconfigurado su imagen de ella por culpa de un simple rumor. El abismo insalvable entre la intención y el comportamiento, que es el mismo abismo que hay entre la palabra y el acto, entre la sencillez con la que podría contarse el argumento de Lo tuyo y tú y lo que se enmaraña al ser desarrollado. Cuando en un momento dado Youngsoo retoma esas promesas sobre Minjung, nuestra desconfianza se activa. Al suceder esta activación, lo que podría parecer un esperanzador giro final sobre las segundas oportunidades y los nuevos comienzos desvela, en realidad, la eficacia con la que funciona el mecanismo de derrumbe de las relaciones humanas del director. Relaciones que son una eterna condena al caos de proyecciones subjetivas sobre realidades ajenas, cuya circularidad se basa en el olvido y el autoengaño como mecanismo de supervivencia. Al final, con esa apelación directa a nuestra percepción desde el exterior, Lo tuyo y tú no trata tanto de acercarnos a las vivencias de unos personajes perdidos, sino de enfrentarnos a nuestro propio extravío como seres sociales. Constituyendo una nueva demostración de la maestría de Sang-soo para construir narrativas espejadas, resonantes, que se llenan de sentido abstracto al hacer tambalearse su sentido lógico. | ★★★★★ |


    Miguel Muñoz Garnica
    © Revista EAM / 64º Festival de San Sebastián


    Ficha técnica
    Corea del Sur, 2016. 당신 자신과 당신의 것 / Dangsin Jasingwa Dangsinui Geot. Director: Hong Sang-soo. Guión: Hong Sang-soo. Productora: Jeonwonsa Film. Presentación oficial: Festival de San Sebastián 2016. Premios: Concha de Plata al Mejor Director (San Sebastián 2016). Productor: Hong Sang-soo. Fotografía: Park Hong-yeol. Música: Dalpalan. Montaje: Hahm Sung-won. Reparto: Kim Joo-hyuck, Lee You-young, Kwon Hae-hyo, Yu Jun-sang, Kim Eui-sung, Baik Hyun-Jhin, Kim E-jung. Duración: 86 minutos. PÓSTER OFICIAL.

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