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    Crítica | Loving

    Loving

    The White Negro

    crítica ★★★★ de Loving (Jeff Nichols, Estados Unidos, 2016).

    El 5 de abril de 1614, John Rolfe, un aventurero y comerciante inglés, contrajo matrimonio con la joven Rebecca, hija del gran jefe Powhatan, que reinaba sobre 30 pueblos en el territorio que hoy ocupa el estado de Virginia. Un rey que, por la estrecha relación comercial que tenía con el explorador, accedió, no sólo a casar a su hija, sino también a que ésta renunciara voluntariamente a su nombre original con el propósito de anglicanizarlo y evitar problemas de integración. Por supuesto nos referimos a Pocahnontas, cuyo enlace supuso la primera boda interracial registrada, mucho antes de que el mestizaje comenzara a ser un problema social ineludible. Virginia pudo ser, por tanto, la cuna de una américa heterógama. Por desgracia, otro tipo de prejuicios se impusieron a la lógica romántica y, a consecuencia de las suspicacias levantadas en las clases altas por el manifiesto rechazo a que un plebeyo como Rolfe tuviera el atrevimiento de casarse con una mujer perteneciente a la nobleza, tras el fallecimiento de Rebecca, el hermano de Powhatan asaltó la plantación de Rolfe acabando así con su vida. Desde entonces, cualquier intento de casamiento entre personas de diferente raza ha sido considerado como algo excepcional, y visto con especial recelo en este mismo estado, al que nos traslada Jeff Nichols en su película Loving, para retomar un debate arcaico situado, no obstante, en el violento discurso de la modernidad más intransigente.

    El propio apellido del protagonista, epónimo del filme, ya tiene una función narrativa inicial de carácter ironizante, pues representa de forma metafórica la opresión sufrida por dos amantes que han sido privados de la razón fundamental de su existencia: el amor. Mildred Delores Jeter es una ciudadana estadounidense de ascendencia africana que, con 18 años, queda embarazada de Richard Loving, también ciudadano americano aunque de antepasados europeos. La trama transcurre en 1958, cuando los matrimonios interraciales estaban prohibidos en Virginia. Por este motivo, la pareja se traslada a Washington con propósitos nupciales, a fin de legitimar su relación y evitar que su hijo se convirtiera en un estigmatizado bastardo. Es la sencillez de la pareja lo que consigue atraparnos por completo y arrastrarnos al entramado de frustración y decepción construido por Nichols. Dos personas con la única ambición de pasar desapercibidas y poder educar a su hijo bajo las directrices culturales que consideren apropiadas. Y aquí es donde surge la gran premisa de la película, porque al margen del anecdótico título y el indiscutible aporte sentimental de la historia de Mildred y Richard, ésta gira en torno a los derechos civiles. El cineasta retoma su inquietud por el complicado sistema de vida del ciudadano marginal, si bien, en este caso se aleja de los parámetros de la ilegalidad para adentrarse en la rectitud bucólica, con ciudadanos honrados que pagan sus impuestos y tratan de ganarse el sustento con el sudor de su frente. Obreros y campesinos que han optado facultativamente por permanecer al margen del progreso, representado por medio de la frenética sociedad urbanita, en beneficio de un estilo de vida mucho más cercano y personal, fundamentado en la preocupación por los valores familiares y las recompensas obtenidas a base de trabajo duro. El problema vendrá cuando los personajes traten de regresar a su hogar, ya convertidos en los Loving, y se den cuenta de que, aunque que hayan ganado la batalla contra la burocracia institucional, todavía tienen que plantar cara a un enemigo irreductible, cuya fuerza se alimenta del odio irracional que ha condenado a tantos hombres y mujeres inocentes. Arrestados, más por despecho que por justicia, serán condenados y obligados a elegir entre permanecer en Washington durante los próximos 25 años, donde la ley les ampara, o quedarse con su familia y su ansiada vida rural y enfrentarse a una pena de cárcel.

    Loving

    «El cineasta retoma su inquietud por el complicado sistema de vida del ciudadano marginal, si bien, en este caso se aleja de los parámetros de la ilegalidad para adentrarse en la rectitud bucólica, con ciudadanos honrados que pagan sus impuestos y tratan de ganarse el sustento con el sudor de su frente».


    Nichols presenta la ciudad moderna como la creciente amenaza del marginado, incapaz de adaptarse a un cambio tan radical dentro de un entorno de frialdad y hostilidad inaguantable, sobre todo para Mildred, cuya faceta de madre preocupada la lleva a ansiar, todavía más si cabe, la inalcanzable (casi utópica) libertad y el amparo familiar. Esta intranquilidad no será tan notable en el hombre, puesto que su rol de líder le obliga a centrarse en la manutención de su mujer e hijo, y destinar sus desasosiegos anímicos al fracaso en su empresa de hacer feliz a su esposa por culpa de una ley contra la que están dispuestos a luchar. Vemos que el realizador construye desde el comienzo a sus personajes como fieles representantes de los papeles fundamentales y las posiciones atávicas del sistema patriarcal estadounidense. Pese a que ambos evidencian un carácter notablemente afectuoso y cordial, se establece una clara posición de dominio jerárquico, del hombre frente a la mujer, asumido de forma casi inconsciente y maquinal por los miembros de la familia, un claro ejemplo de los reaccionarios valores de convivencia norteamericanos. Por supuesto, si la finalidad del director era mostrar la índole introvertida y reservada de la pareja, su necesidad de intimidad y la aparición de la gran urbe como elemento desestabilizador de su existencia, era de esperar que, eventualmente en el marco de esa lucha legal contra el segregacionismo de Virginia, los Loving se vieran envueltos en un circo mediático disfrazado de humanismo demagógico. A pesar de que los medios de comunicación incrementan sus opciones de ganar el caso Loving vs Virginia gracias a la presión popular, los introduce sin miramientos en todo aquello de lo que siempre habían huido, al tiempo que los obliga a traicionar sus principios por el bien de su futuro. Esta técnica alberga una sagaz crítica a la falta de empatía del sensacionalismo, que esconde bajo esa falaz preocupación por el prójimo, un palmario carácter lucrativo.

    Loving

    «Ambos intérpretes, Joel Edgerton y Ruth Negga, proporcionan una actuación llena de fuerza y sentimiento que encaja de manera sublime en la trama de la cinta y se adapta sin brusquedad al estilo del propio director, quien se empeña en hacer aparecer en escena, de forma perspicaz, piezas que se interpongan entre los actores y el espectador».


    La sutil reminiscencia al drama legal en la que incurre el guion, nunca lo suficientemente evidente como para que la etiqueta judicial robe protagonismo a la social, permite que se decrete un paralelismo comparador muy acertado en el dicotómico escenario posible para el matrimonio, consistente en elegir entre pena de prisión —cárcel material—, o la emigración forzada —cárcel ideológica—. Ambos intérpretes, Joel Edgerton y Ruth Negga, proporcionan una actuación llena de fuerza y sentimiento que encaja de manera sublime en la trama de la cinta y se adapta sin brusquedad al estilo del propio director, quien se empeña en hacer aparecer en escena, de forma perspicaz, piezas que se interpongan entre los actores y el espectador, pero siempre serán elementos secundarios y sin peso empático que nos lleven a apreciar que la verdadera trascendencia del relato reside en sus protagonistas, en los pequeños detalles de la cohabitación, los breves instantes de felicidad que hacen tolerable la injusticia, las miradas de satisfacción, de apoyo incondicional y de comprensión. Una historia que pone de manifiesto la envidia patológica del ser humano, reticente por naturaleza a que alguien pueda ser dichoso y rompa así con su primitiva base comparativa fundamentada en el consuelo de los males personales a costa del padecimiento ajeno. No importa que esa felicidad haya sido obtenida con trabajo constante, a costa de levantarse una y otra vez para volver a construir sobre los propios errores y los inconvenientes del camino; algo que nos deja un irremediable poso pesimista que señala a una sociedad moderna apática y terriblemente egocentrista. Jeff Nichols cimienta su obra sobre la única base sólida y estable que prevalece ante una avalancha de desafueros: el amor de los Loving, un pleonasmo pasional de trazo aliterado que incide en nuestro juicio hasta el convencimiento absoluto de la necesidad humana de apelar a su libre albedrío. | ★★★★ |


    Alberto Sáez Villarino
    © Revista EAM / 69º Festival de Cannes


    Ficha técnica
    Estados Unidos, 2016. Título original: Loving. Director: Jeff Nichols. Guion: Jeff Nichols. Duración: 123 minutos. Fotografía: Adam Stone. Música: David Wingo. Productora: Big Beach Films / Raindog Films. Edición: Julie Monroe. Diseño de vestuario: Erin Benach. Diseño de producción: Chad Keith. Intérpretes: Joel Edgerton, Ruth Negga, Michael Shannon, Marton Csokas, Nick Kroll, Jon Bass, Bill Camp, David Jensen, Alano Miller, Sharon Blackwood, Chris Greene. Presentación oficial: Festival de Cannes 2016. PÓSTER OFICIAL.

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