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    Crítica | La idea de un lago

    La idea de un lago

    Retrato de una ausencia

    crítica ★★★★ de La idea de un lago (Milagros Mumenthaler, Argentina, 2016).

    En pleno auge de uno de los estrenos más esperados de la última parte del 2016 como es La llegada (Arrival), el acercamiento de Denis Villeneuve a la comunicación (o la falta de ella) y a la memoria a través de la ciencia ficción, no resulta desacertado hablar de La idea de un lago, de la argentina Milagros Mumenthaler, como una versión minimalista y personal de las cuestiones que desarrolla de forma más grandilocuente el realizador canadiense. Desde un punto de vista psicológico, toda idea conlleva intrínsecamente una representación subjetiva; se trata de un concepto cuyo procedimiento de configuración implica la construcción mental que del mismo realiza una persona. El segundo largometraje de Mumenthaler investiga precisamente cómo plasmar estas percepciones en imágenes, a través de las sensaciones que le aportó la lectura de la novela Pozo de aire, de Guadalupe Gaona. En la película, el papel de la autora será ocupado por Inés, una fotógrafa embarazada que está recopilando su historia en un libro, en el que ocupa un lugar destacado su padre, desaparecido durante el Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983). De esta forma, la directora alude no solo a los recuerdos individuales de la protagonista, sino a la necesidad humana de rescatar la Memoria Histórica de todo un país.

    Una idea puede ser también la voluntad de realizar algo: en el caso de Inés, la de publicar su libro y crear una familia. Con ello, ante su inminente maternidad, comienza a plantearse todo su pasado, abriendo heridas que la separarán de su familia, y, sobre todo, de su pareja. El filme analiza la incapacidad de los vástagos de los desaparecidos en las dictaduras de establecer vínculos fuertes tras haber perdido a los padres, convertidos en sombras y espectros que dificultan la posibilidad de vislumbrar un futuro. Una de las últimas testigos (hija también de desaparecidos, en este caso en Chile) del imprescindible documental de Patricio Guzmán Nostalgia de la luz (2010), afirma que cuando se vive la ausencia y la pérdida “de manera íntima (que son momentos también necesarios), el dolor se hace muy apremiante”. El optimismo y el afán de superación no tienen cabida en un relato con aires de fábula cuando se sitúa en un tiempo pasado, en la época de las vacaciones en la casa familiar al sur de Argentina. Al igual que la vida, lo que Mumenthaler nos ofrece no es algo tan “sencillo” como una sucesión de flashbacks que saltan entre escenas de la actualidad, sino fragmentos de recuerdos y capas de ensoñaciones que hay que recomponer, aunque el dibujo completo nunca será visible, y le corresponderá al espectador estructurarlo en última instancia.

    La idea de un lago

    «Con La idea de un lago nos encontramos por tanto ante una obra más emocional que objetiva, la traslación al medio cinematográfico de un estado sensorial muy personal, que sin embargo se transforma en un relato extrapolable a cualquiera que la vea, más aún para toda esa generación en la que se ha creado una marca imborrable, un hueco imposible de llenar».


    Ya desde su ópera prima, Abrir puertas y ventanas (2011), Mumenthaler nos había hablado de la soledad de los personajes femeninos ante la falta de un referente directo, extrayendo combinaciones de amargura y humanidad en las que la cámara actúa al mismo tiempo como espía oculto, y como elemento físico que se hace presente en las miradas que, en la cinta que nos ocupa, le dedican casi con descaro las actrices que dan vida a Inés, Carla Crespo (adulta) y Malena Moirón (niña). La crisis existencial del personaje protagonista, al que Crespo aporta su propia experiencia autobiográfica, se acrecentará con la incapacidad de su madre de sobreponerse al duelo (algo que en cierta medida truncó también la relación de ambas para siempre), rechazando la posibilidad que le ofrece el Equipo de Antropología de recuperar el cuerpo de su esposo. Para Inés, empero, esta oportunidad puede suponer la reconciliación con una parte de ella misma, y encontrar consuelo más allá de las fotografías, elementos congeladores de instantes, en ellas imperecederos, compartidos con esa figura paterna tan necesaria, pero a la que con el tiempo había aprendido (supuestamente) a dejar de esperar. Relacionado con su embarazo, el proceso de una vida que da lugar a otra como un afluente acelerará además la fase de conclusión y publicación del libro como última oportunidad de rescatar una época perdida. Mumenthaler recrea tiempos presentes y pretéritos a través de texturas o de sonidos, e incluso de las canciones. En este sentido, es fundamental la presencia en sus trabajos de Federico García Lorca, quien daba título a su anterior largometraje con una frase de La casa de Bernarda Alba, y que aquí se materializa en una nana que Inés se imagina que le cantaba su padre. La realizadora también expone en primer plano otra constante de su cine: la inmensidad de la naturaleza, tan cambiante como estática (tema protagónico de su cortometraje Menuet -2012-), lo cual la convierte la única con capacidad de albergar y retener aquello que se escapa a nuestra frágil existencia. Con La idea de un lago nos encontramos por tanto ante una obra más emocional que objetiva, la traslación al medio cinematográfico de un estado sensorial muy personal, que sin embargo se transforma en un relato extrapolable a cualquiera que la vea, más aún para toda esa generación en la que se ha creado una marca imborrable, un hueco imposible de llenar. | ★★★★ |


    Sofía Pérez Delgado
    © Revista EAM / Madrid


    Ficha técnica
    Argentina, Suiza, 2016. Título original: «La idea de un lago». Director: Milagros Mumenthaler. Guion: Milagros Mumenthaler (Libro: Guadalupe Gaona). Duración: 82 minutos. Fotografía: Gabriel Sandru. Productora: Alina Film / Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) / Radio Télévision Suisse (RTS) / Ruda Cine. Edición: Gion-Reto Killias. Diseño de vestuario: Manon Carnino. Diseño de producción: Sebastián Orgambide. Intérpretes: Carla Crespo, Malena Moirón, Rosario Bléfari, Juan Barberini, Juan Greppi. Presentación oficial: Festival de Locarno 2016. PÓSTER OFICIAL.

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